Daivan #27 – 50%
Bajo la amenaza muda del arma, Luchino
fue forzado a dar un paso atrás y alzó apenas las manos en señal de rendición.
Aun así, su mirada y su tono destilaban un desprecio que no se molestaba en
disimular.
Luchino: De verdad, no me hagas
repetirlo tantas veces. No necesito alcohol. Llévatelo de vuelta, bambino.
(Palabra italiana que significa “niño”, “chico”, muchacho” etc.)
Hombre vestido de negro 1: No puedo
acatar esas clases de órdenes.
Luchino: ¿Órdenes? Vaya, qué error el
mío. ¿Y quién te mandó, eh? ¿Tu gente? ¿La familia?
Hombre vestido de negro 1: No puedo
responder.
Luchino: Vamos, si solo soy un pobre
cerdo al que tienen enjaulado y engordando. Decir el nombre de tu superior no
te va a matar.
El hombre vestido de negro guardó
silencio. Comprobó de un vistazo la comida sobre la mesa, el whisky, los vasos
y el hielo, y retrocedió hasta quedar junto a la puerta.
Y ahí, otra vez …
El tumulto del piso de abajo,
convertido ya en un retumbar apagado que sacudía las ventanas, hizo que en el
rostro de Luchino se dibujara una ira feroz, similar a la de un león furioso.
Luchino: ¡Cazzo…! Oigan,
ustedes. ¿Qué diablos está ocurriendo abajo? ¿Acaso existe alguna noche sin
disturbios?
Hombre vestido de negro 1: No puedo
responderle nada.
Luchino: ¡Pues tráeme a tu superior
ahora mismo! ¡Seguro que es una jugarreta de la familia! ¡Así como vamos…
Daivan va … joder!
Luchino: ¡Tch! ¡Déjame pasar…! ¡Iré yo
mismo a calmar ese alboroto! …¡Como si pudiera quedarme de brazos cruzados,
maldita sea … stronzo!
Pero… bastó con que el zapato de Luchino
avanzara medio paso, solo eso, para que ….
Detrás del hombre de negro, en las
manos de los yakuzas, sonara el seco clic de las pistolas al armarse… y los
cañones se alinearán, apuntando de lleno al fornido pecho de Luchino.
Luchino: ¡Tch …! Malditos.
Hombre vestido de negro 1: Con el
debido respeto, Mister Gregoretti. Si no sigue las órdenes, o si se
descontrola…
Hombre vestido de negro 1: Hemos
recibido la orden de abatirlo en el acto. Esta es la última advertencia,
Mister.
Luchino: ¡Tch ….!
Que lo llamaran “mister”, en lugar de
Don o signore, (“señor” en italiano) hizo que en la frente de
Luchino afloraran la ira en forma de sudor y venas gruesas palpitantes.
Nota: (en la mafia italiana, existe la forma correcta y
respetuosa de llamar a un superior, les dejo el orden de acuerdo a lo
mencionado:
· * Don es un tratamiento de máximo respeto y
autoridad, típico de la mafia italiana. Llamar a alguien Don implica
reconocerlo como un jefe, alguien con poder real.
· * Signore sigue siendo respetuoso y formal;
reconoce dignidad y posición.
· * Mister es frío, distante y casi
administrativo. No reconoce autoridad ni rango; trata a la persona como a un
civil más o incluso como a alguien ya despojado de poder.
Por eso la reacción física de Luchino:
sudor, venas hinchadas, rabia contenida. No es solo enojo; es el golpe directo
a su identidad y autoridad.)
La mano de Luchino cayó sobre la mesa
del servicio de habitaciones como un martillazo.
Luchino: ¡Entonces …!
Luchino: ¿Por qué no van ustedes a
arreglar el caos de esa ciudad, eh? ¡Si es que con esos corazones tan mezquinos
todavía les queda algo de valor!
Pero los alaridos de Luchino no
provocaron reacción alguna: el hombre de negro y los guardias empujaron el
carrito y salieron por la puerta.
Luchino: ¡Oigan, esperen, malditos
mocosos…! ¡Ya es suficiente, déjenme contactar con el exterior! ¿Dónde están
los demás? ¡¿Dónde diablos están Bernardo y su gente?!
Hombre vestido de negro 1: Volveremos
mañana por la mañana con la comida.
Luchino: ¡Guh! E-Espera … ¿Ellos ….?
Luchino: Bernado, Iván … Giulio …
¿están bien …? ¡Y además! ¡Ese chico …! ¡Ese chico rubio!
Luchino: ¡Giancarlo …! ¿Está a salvo?
¡Él es Lucky Dog, seguro que has oído algo de él…! Te lo ruego, ¿no sabes nada?
Hombre vestido de negro 1: Ciérrala.
Luchino: ¡Espera …! ¡Mierda!
Cuando Luchino intentó aferrarse a los
hombres y seguirlos, los cañones cargados lo apuntaron en silencio y lo
obligaron a retroceder dentro de la habitación. Justo antes de que la puerta, a
la que le habían quitado el tirador del lado interior, se cerrara por completo,
…
Luchino: ¡Hey, bambino!
Hombre vestido de negro 1: ¿Todavía se
le ofrece algo?
Luchino: Si es que les queda, aunque
sea un poco de orgullo, tan pequeño como esos míseros corazones que tienen…
Luchino: ¡Usa esa pistola y revienta de
una vez esas cabezas vacías! ¡Un hombre de la Cosa Nostra que ignora el caos de
la ciudad no merece vivir, cazzo!
Esa lluvia de insultos parecía estar
dirigida, en parte, hacia sí mismo. Frente a ese Luchino…
La puerta se cerró con firmeza, y
resonó el frío sonido metálico del cerrojo al bloquearse.
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Por la mañana… al mismo tiempo que se
oía el ruido de algo siendo arrastrado, un sonido metálico —como el de tubos de
hierro al conectarse— hizo que abriera un poco los ojos.


