Daivan #28 – 50%
Gian: ¿Así que cortó sin ningún
miramiento ese recuerdo y encima te lo entregó a ti así como así? …Las mujeres
sí que dan miedo, después de todo.
Walther: Eh… Saldré también. Iré a
hablar con el del periódico. Tenemos que poner en marcha la imprenta de fachada
para el encubrimiento…
Walther: También hay que hacer compras…
Ah. Disculpe, anciano…
Max: Bueno, entonces… yo me voy un
momentito a tomar un poco de aire. De paso daré una vuelta por los negocios y
echaré un vistazo a cómo están las cosas.
Gian: Ah, sí. Ten cuidado, Max.
Averigua discretamente hasta qué punto están hablando de nosotros… y qué tan
fuertes son los rumores.
Max: ¡Claro, déjamelo a mí! Jeje… No me
he infiltrado en Daivan tantas veces para nada. No voy a cometer la estupidez
de que me agarren con las manos en la masa.
Walther: Ehm … anciano… Lo siento, digo
… Max-san …
Max: ¡¿Gah?! ¡¡Pero si me preguntaba de
quién hablabas… y eras tú, maldito!! ¿¡A quién llamas viejo, desgraciado!?
Walther: Eh… tengo un favor que
pedirle. Para la compra de suministros necesitamos un vehículo, una camioneta.
¿Podría encargarse de conducir y de la carga?
Max: Oh, sí … espera, ¿otra vez voy a
serle de chofer? ¡Oye! Yo soy el más veterano de todos aquí…
Gian: Te lo encargo, Max. Ocúpate de
cuidar de esos chicos.
Max: Ugh… ¡No hay de otra, maldita sea!
¡Siempre me están cargando con todos los problemas! …¿Quién sabe qué habría
pasado si yo no estuviera aquí?
……………………………………………………………………………………………..
Ciudad de Daivan. En aquel día entre
semana, el tráfico y la multitud que recorría las calles fluían como de
costumbre, en aquella mañana.
En el centro de la ciudad, que parecía igual
que siempre, entre la multitud de la calle principal de Daivan, la calle de los
bancos, avanzaba la figura de un hombre… allí estaba.
Bueno ….
Por aquí nada cambia. No importa si
otros yakuzas quieren imponer su autoridad en la ciudad, o si el CR:5 se ha
escondido en un rincón del baño…
Los ricos que hacen sus negocios en
esta ciudad no cambian. Como era de esperarse, no hay muchos yakuzas que se
atrevan a meterse aquí… …Esto tampoco ha cambiado desde antes.
Mientras caminaba, pensaba en esas
cosas…
Entonces encontré lo que buscaba y
detuve mis pasos. Muy típico de la calle de los bancos: una cabina telefónica
de cristal, brillante y reluciente.
Según Walther, la red de CR:5, de
Bernardo, también debería extenderse hasta esta cabina telefónica. Pero ahora…
Si aún estás vivo… ¡apresúrate y
encuéntrame, Bernardo!
Dentro de la cabina telefónica, tan
limpia y fría, escupí en voz baja… y cerré los ojos suavemente.
Recuerdos antiguos… aunque, en
realidad, de hace solo unos años. Aquí en Daivan, cuando era un novato en lo
del viejo Cavalli, me hicieron pasar por situaciones difíciles…
Después de eso… no sé qué le gustó,
pero Bernardo me convirtió en su subordinado directo… y bajo su mando, hice
todo tipo de negocios en esta ciudad.
También fui a muchos lugares con
Bernardo. La empresa que él dirigía… la empresa del clan cuya contabilidad él
me había encargado…
Recorríamos esas empresas y hacíamos el
trabajo. Reportábamos al jefe y al viejo Cavalli. Comíamos juntos, bebíamos y
reíamos.
En esos tiempos…
¡Vaffanculo! Mierda …

