Se sentían aquí también dos
motivaciones opuestas: el miedo a la muerte y el impulso de aceptarla.
Lo único que resonaba en la mansión
eran los pasos de los tres. No se percibía la presencia de ningún sirviente, lo
que dejaba claro que se trataba de una reunión secreta.
Parece que no era la primera vez que
invitan a Shinkiba-san, así que el único que observaba los alrededores era yo.
Shizuma-san se detuvo frente a cierto shōji
(puerta corrediza). Tras decir “Padre…” con una voz débil, abrió el
shōji.
En el tokonoma (espacio
sagrado de la casa japonesa, a modo de armario empotrado abierto, en el que se
colocan objetos de adorno) yacía un anciano.
Junto a él habían colocado un cuenco
con agua, como para cumplir la función de humedecer sus labios resecos.
Fue el propio Daiba Sahee quien pidió
que lo vistieran con ropas blancas, y se dice que ya han pasado dos semanas
desde que permanece en esta posición.
Shizuma-san se sentó junto a la
cabecera del anciano. Frente a él nos sentamos nosotros, primero yo y luego
Shinkiba-san.
Nunca podría decirlo en voz alta, pero
pensé que… estaba muerto.
No se sentía ningún aliento que subiera
desde la nariz o la garganta; solo se percibía el aroma del incienso, sin
rastro alguno de olor corporal.
Sin embargo, en el instante en que me
asomé para mirarlo, los ojos del anciano se abrieron de par en par.
Tal vez le resultaba difícil fijar la
mirada, pues sus pupilas temblaban ligeramente…
No, me equivoco.
Sus ojos se detuvieron en los míos,
luego en mi nariz y en mi boca; al parecer, estaba comprobándolos. Como si me
estuviera evaluando.
Shizuma: - Padre, es la persona que
vendrá como sustituto.
Shizuma: - Mírelo bien. ¿No es idéntico
a mí?
Ōsaki: - ¡!
Al oír eso volví en mí. Ciertamente,
Shizuma-san y yo nos parecíamos.
Aunque yo no poseo la pulcritud que él
tiene, tal como Shinkiba-san nos comparó hace un momento, no sería extraño que
nos vieran incluso como gemelos…
Sin apartar su mirada de mí, el anciano
cerró los ojos en silencio.
Y entonces, de pronto, sentí como si se
hubiera cortado el hilo que nos mantenía conectados…
Por un instante, no sabía si era una
ilusión o simplemente una suposición mía, a través de ese hilo invisible de
miradas, sentí que algo había penetrado en mí.
En aquel instante, el anciano pareció
concentrar todos sus sentidos en un único punto de su mirada y, incluso
arriesgando la vida, como si quisiera transmitirme “algo” desesperadamente. Ese
“algo” probablemente sea …
Shizuma-san tomó el brazo del anciano y
palpó su pulso. No encontró pulso alguno, y con cuidado volvió a acomodarlo en
el futón.
Su expresión de tristeza se acentuó,
pero no mostró signos de perder la compostura. La muerte de su padre debía de
haber sido algo que ya se esperaba desde hacía tiempo.
El traje formal se convirtió en
vestimenta de luto; el incienso, en varillas funerarias; el agua sagrada, en el
agua de los últimos momentos. Todo cambió su significado y pasó a ser parte de
los enseres funerarios.
No podía dejar de sentir que el hecho
de que el anciano hubiera estado vivo hasta hacía apenas un momento era como
una ilusión.
Shinkiba: - Por hoy, lo dejaremos aquí…
Shinkiba-san expresó sus condolencias.
A partir de ahora vendrán aquí el médico y el abogado, y Shizuma-san estará muy
ocupado.
Pensaba que los detalles de la
solicitud podrían tratarse después… pero…
Shizuma: - No, por favor permíteme
explicarle la situación.
Shizuma-san enderezó la postura y, de
repente, me miró con ojos suplicantes.
Shizuma: - Ōsaki-san ….
Ōsaki: - ….
Un repentino escalofrío hizo que se me
erizaran los brazos.
Shizuma: - Hace un par de meses, llegó
una invitación para un servicio conmemorativo dirigida a mi padre. Pero, como
pueden ver…
Shizuma: - Debería asistir en su lugar
como representante, pero por alguna razón, mi padre no me lo permitió…
Aunque Daiba Sahee había fallecido, él
temía a los budas y su voz temblaba.
Shizuma: - Cuando hablo de la
solicitud, Ōsaki-san, me refiero a esto: quiero que usted se haga pasar por mí,
“Daiba Shizuma”, y asista al servicio conmemorativo en mi lugar.
Shizuma: - El lugar es en la isla Ōejima.
Shizuma: - Sé que sin duda le causaré
molestias, pero, por favor, por favor… ¿podría aceptar encargarse de esto?
Sorprendido por el tono suplicante de
su voz, miré a Shinkiba-san.
Porque creía que, como en el
procedimiento habitual de los encargos, el trabajo ya había sido aceptado.
Shinkiba: - Ōsaki-kun, es tu decisión.
Ōsaki: - ……
Si hubiera que resumir esta solicitud
en una sola frase, sería asistir como sustituto, haciéndose pasar por otra
persona…
Traído por primera vez solo para la
fase de decidir si aceptar o no el encargo, lo primero que sentí fue el peso de
la responsabilidad.
Ante un cliente que suplica aferrándose
a ti, incluso la persona más fría sentiría dolor en el corazón al responder con
palabras secas.
Pero, dejando de lado los sentimientos
personales, no había ninguna razón para rechazar este encargo. Miré de nuevo a
Shizuma-san a los ojos y asentí profundamente.
Ōsaki: - Acepto.
Shizuma: - Ōsaki-san …
Ōsaki: - Más adelante me gustaría tener
una entrevista. Puede que haga algunas preguntas un poco más profundas; aun
así, ¿le parece bien?
Shizuma: - Por supuesto.
Shizuma: - La verdad es que, desde el
momento en que lo vi por primera vez, pensé que sin duda asentiría.
Shizuma: - Por eso creo que mi padre
pudo descansar en paz.
Bajé la mirada. No, más bien la aparté.
¿Podría llamarse paz a aquella
expresión de Daiba Sahee, con los ojos abiertos en su último instante?
¿No era aquella mirada, esos ojos, como
si estuvieran lanzándonos una “maldición”?
“No se te permite rechazarlo”, “No se
permite huir”; estoy convencido de que lo que se exprimió de aquella mirada
fue, claramente, una maldición de ese tipo.
Entonces, Shizuma-san apoyó ambas manos
en el suelo e inclinó la cabeza en una profunda reverencia.
Shizuma: - Muchas gracias, Ōsaki-san.
Ōsaki: - ……
Shizuma: - Gracias, gracias.
Era una escena que me hizo titubear. El
dueño de una gran empresa dedicada al sector inmobiliario estaba mostrando su
gratitud a alguien insignificante como yo.
Doblando el cuerpo una y otra vez,
golpeaba repetidamente la frente contra el tatami.
Antiguamente, se dice que cuando la
construcción de santuarios o templos se veía dificultada, existía la costumbre
de erigir un hitobashira (literalmente significa “pilar humano” y se refiere a un sacrificio
humano para cimentar o estabilizar una construcción, como puentes o castillos,
una práctica legendaria japonesa)
Votos, rituales y festividades: la
historia de ofrecer vidas humanas como sacrificio en actos de purificación está
profundamente arraigada en Japón.
Al ver la actitud tan exagerada de
Shizuma-san, volví a recordar cosas así…
Trabajo en la Agencia de Detectives
Shinkiba, una pequeña empresa de investigación ubicada en la ciudad de
Fujisawa, prefectura de Kanagawa.
El contenido del trabajo consiste
principalmente en investigaciones de conducta, verificación de antecedentes y
seguimientos, entre otras tareas.
No tiene nada de extravagante como en
las novelas; la realidad es simplemente un trabajo sobrio y monótono.
Shinkiba-san es mi superior. Su trabajo
consiste en aceptar los encargos y asignarlos a los investigadores. Esta vez,
no acabo de entender por qué era necesaria mi decisión…
El sol, ya inclinado, seguía brillando
con tenacidad sobre los tejados.
Al subir al coche, sofocante por el
calor, Shinkiba-san dejó escapar un suspiro. Era un suspiro cargado de un peso
muy lejos de cualquier sensación de alivio.
Shinkiba: - Tu abuela era originaria de
la isla Ōejima, ¿verdad?
Shinkiba: - El primer encargo de
Shizuma-san fue la búsqueda de una persona. Decía que estaba buscando a un
hombre de complexión similar y con sangre de Ōejima en sus venas…
Ōsaki: - Y no fue necesario buscarlo,
resulte ser yo.
Shinkiba: - Por desgracia… o por así
decirlo.
A menudo soy yo quien se encarga de
buscar personas, pero era la primera vez que yo mismo era el objetivo de esa
búsqueda.
Sin embargo, ¿por qué alguien de Tokio
se tomaría la molestia de recurrir a un detective de Kanagawa? Hay puntos que
llaman la atención, pero ya podré preguntarlos con calma en la entrevista.
Me tragué esas dudas, pero Shinkiba-san
seguía guardando silencio.
Shinkiba: - Pensaba que ya era hora de
confiarte también a ti la selección y aceptación de los encargos. Pero…
Shinkiba: - No fue con esa intención
que los hice encontrarse esta vez.
Ōsaki: - ……
Shinkiba: - Tengo un mal
presentimiento. Pero puede que solo sea una idea mía. Por eso quería confiar en
tu intuición.
Shinkiba: - ¿Qué impresión te causan
esas personas? Dímelo con franqueza, por favor.
Me quede en silencio.
Shinkiba: - Aun no es demasiado tarde.
Puedes negarte ….
Dar marcha atrás en algo ya aceptado
afectaría a la credibilidad de la agencia.
Pero aun así, Shinkiba-san parecía
dispuesto a decir “no importa”, incluso si eso significaba cargar con el
deshonor. No eran palabras propias de un presidente.
Ōsaki: - ¿No está siendo demasiado
sobreprotector?
Shinkiba: - Mm … pero aun así …
Shinkiba-san relajó el gesto en una
sonrisa torcida. Siempre es así: tanto con los suyos como con los demás…
Ōsaki: - El otro día, ¿recuerdas que
dijiste que había detectives mejores que los nuestros y, aun así, recomendaste
ese gran encargo a otra agencia?
Ōsaki: - La verdad es que me quedé
atónito.
Shinkiba: - Es que parecía estar en
muchos apuros, así que pensé que lo mejor sería alguien como Kawagoe-san, que
puede enviar investigadores con rapidez…
Ōsaki: - Es demasiado blando.
Shinkiba: - Nm …
Ōsaki: - Además, esta vez fue una
decisión que tomé yo. No hay necesidad de que usted cargue con esa presión,
Shinkiba-san.
Por muy sospechoso que sea el encargo,
por muy sospechosa que sea la persona. Pase lo que pase, estoy seguro de que no
me arrepentiré.
Shinkiba: - Vaya, que respuesta tan
ejemplar…
Lo dijo con un tono a medio camino
entre la admiración y el hastío. Fue una risa amarga, pero al menos logré
arrancarle una sonrisa, así que lo doy por bueno.
Mientras esperábamos el semáforo, me
ofrecieron un cigarrillo. Acepté ese gesto de consideración y exhalé una
bocanada de humo blanco.
Shinkiba: - Hoy, en Kamakura,
atropellaron a una persona. Justo era el tren en el que yo iba
Shinkiba: - Por eso hoy sentía ganas de
salvar a alguien, aunque fuera a una sola persona, en lugar de otro.
Ōsaki: - ……
Sin darme cuenta, cayó la noche. Sé muy
bien cuán aterradora puede ser una noche que se enfrenta cargando con la
ansiedad.
Si con aquel único asentimiento mío el
peso sobre los hombros de Shizuma-san se aligeró y él pudo sentirse salvado,
entonces con eso era suficiente.
Shinkiba: - En un principio pensaba
rechazarlo por teléfono. Asistir como sustituto es más bien un trabajo de
recadero.
Shinkiba: - Pero cuando me suplicaron y
fui a la entrevista, Shizuma-san se parecía muchísimo a ti…
Shinkiba: - No pude sentir que fuera un
asunto ajeno.
Ōsaki: - Definitivamente eres una
persona muy blanda.
Shinkiba: - Me duelen los oídos.
Sin embargo, incluso si eso llegara a
traer sufrimiento, si al final se consigue ayudar a alguien, creo que no existe
una decisión equivocada.
Ōsaki: - Puede relajarse y dejármelo
todo a mí.
Shinkiba: - Que problema …
De nuevo, esperando el cambio de color
del semáforo, él también se llevó el cigarrillo a los labios y aspiró con una
expresión de impaciencia.
No hay falsedad en este deseo de hoy de
querer ayudar a alguien. Shinkiba-san parece pensar que se trata de un sentido
de la justicia o de preocupación, pero en realidad es justo lo contrario.
Solo quería clavar una cuña, aunque
fuera pasando por encima de buda.
Poco a poco, fuera de la ventanilla
todo se fue oscureciendo y el paisaje se volvió apagado. Cerré los ojos y volví
a pensar sobre el encargo de hace un momento.
Hacerse pasar por Daiba Shizuma, el
hijo de Daiba Saihee, y asistir en su lugar a la ceremonia.
El escenario del tercer aniversario
luctuoso es Ōejima, una isla situada más allá de Hachijō-jima, en el
archipiélago de Izu. Durante la guerra fue designada como zona militar y su
población aumentó de forma temporal.
Sin embargo, tras la derrota, el
ejército se retiró, y ahora es una isla desierta e inhabitada.
Son muy pocos los que conocen esa isla.
Pero desde hace mucho tiempo, la existencia de esa isla siempre ha estado cerca
de mi corazón…
Los recuerdos de la isla que mi abuela
me contaba en el pasado. Quizá por eso, aunque nunca he ido, hay veces que
incluso la sueño.
En cada sueño, la isla se expandía y se
encogía, cambiando libremente de forma dentro de mi imaginación.
Con el tiempo, se convirtió en el lugar
donde mi abuela habitaba en mi corazón, y pasó a ser una presencia importante
para mí.
Sentía que Ōejima me había estado
llamando todo este tiempo. Pensaba que algún día tendría que ir.
Hoy, esa voz que me llama se escuchó
con especial fuerza.
…………………………………………………………………………………………..
Me dejaron en la estación de Hiratsuka
y emprendí el camino de regreso.
En la pensión, el olor de la cena me
dio la bienvenida. A pesar de haber regresado tras tomar una gran decisión,
sorprendentemente mis pasos no eran distintos a los de siempre.
Al llegar a la habitación, lo primero
que hice fue quitarme los guantes. Esta noche ya no creo que nada vuelva a
llamarme.
Me cambié a ropa de estar en casa,
extendí el futón y me tumbé sin siquiera cenar.
No tengo más que un traje de luto
viejo, dos mudas de ropa cotidiana y, aparte de una cómoda y un escritorio,
nada más.
Mi abuela falleció hace diez años. No
tengo hermanos. Ni amigos.
Al parecer, la gente llama a días como
estos “soledad” y los detesta.
……………………………………………………………………………………………….
2 semanas después.
Dos semanas después del primer
encuentro en la residencia de Daiba, recibí una llamada en la que se indicaba
que el lugar de la reunión sería el salón de un hotel.
Normalmente, el lugar de la reunión se
decide teniendo en cuenta las preferencias de la otra parte y el contenido del
encargo.
Si se teme que alguien escuche, se
elige la propia empresa; si es algo informal, una cafetería cercana.
Que me llamaran al centro de la ciudad
y, encima, me hicieran esperar en el salón del Hotel Teikoku era algo que me
pasaba por primera vez. También pensé que actuaban con mucha soltura, como si
estuvieran acostumbrados a hacerlo.
El salón era un espacio abierto hasta
el techo, que dejaba entrar la luz desde cada planta y hacía que el vestíbulo
de la primera planta se viera especialmente elegante.
Este Hotel Teikoku, diseñado por Frank
Lloyd Wright, fue construido en 1923.
Quienes se alojan allí son
principalmente personalidades extranjeras importantes, y desde la recepción se
oye un inglés fluido.
Combinado con el color terracota de las
paredes, daba la impresión de haber llegado a un aeropuerto en un país
extranjero.
Shizuma-san apareció con retraso en la
entrada. Cuando me levanté del asiento y le indiqué el lugar, se le dibujó de
inmediato una sonrisa en el rostro y se acercó con pasos cortos y rápidos.
Shizuma: - Disculpe, me atrapó la
lluvia repentina.
Diciendo eso, se sacudió el rocío del
hombro. Su expresión, que había estado apagada al atardecer, se transformó en
una sonrisa radiante.
Han pasado dos semanas desde entonces,
y supongo que la despedida con su padre, Sahee, se llevó a cabo sin problemas.
Ōsaki: - Permítame presentarme de
nuevo, soy Ōsaki. Aquí tiene mi tarjeta de presentación.
Shizuma: - Muchas gracias por su
amabilidad. La recibiré.
Nos cedimos el paso mutuamente y nos
sentamos. Justo cuando estuvimos acomodados, llegaron dos cafés que ya habíamos
pedido con anticipación.
Shizuma también inclinó la cabeza
humildemente ante el camarero, luego se hidrató y, por un momento, habló del
clima.
Shizuma: - Nos cayó la lluvia. En
serio, las previsiones del tiempo en verano no se pueden confiar para nada.
Shizuma: - ¿Usted se encuentra bien?
Ōsaki: - Sí. Llegué temprano, por lo
que pude evitar mojarme.
Shizuma: - Vaya, en ese caso, lamento
haberle hecho esperar.
Ōsaki: - No hay problema.
No sabía cómo moverme por Tokio y
terminé llegando con apresuradamente.
Cuando la respiración de Shizuma-san se
calmó, saqué mi cuaderno y abrí una página nueva sobre la mesa.
Parecía que él también, al verlo,
renovó su ánimo.
Shizuma: - ¡Ah! Casi nos extendemos
otra vez en charlas triviales. Entonces, vayamos al tema principal…
Se aclaró la garganta para preparar su
voz, y luego, bajándola un poco, comenzó a hablar con seriedad.
Shizuma: - La carta de invitación le
llegó a mi padre el mes pasado, el 1 de julio. Desde entonces empezó a
enfermar, y al final quedó postrado en la cama…
Shizuma: - Y así, en su delirio, no
dejaba de repetir que quería asistir a este servicio memorial.
Shizuma: - Insistía en que debíamos
designar un “representante” sí o sí…
‘Tú no debes ir’ ‘Envía a un doble’.
comentó Shizuma-san en voz baja, recordándolo poco a poco.
Shizuma: - Un doble, ¿eh? No estamos en
la era Edo, jajaja…
Ōsaki: - ……
Shizuma: - ¿Verdad?
Ōsaki: - ……
Shizuma: - Ajajaja.
Ōsaki: - ……
Shizuma: - …….
Shizuma: - Le pregunté si no valdría
con un representante normal, pero se mostró inflexible.
Shizuma: - Llegó a decir que no cedería
la herencia a menos que se nombrara a un doble idéntico.
‘No permitiré que faltes al servicio
memorial’
Shizuma: - También contraté a un
detective en la ciudad, pero con las estrictas condiciones que exigía mi padre,
no logramos encontrar a nadie…
Shizuma: - Aunque le presentáramos a
alguien que se le pareciera bastante, él nunca aceptaba.
Shizuma: - Desesperado, recurrí a un
detective en Kanagawa, y por fortuna, fue así como di con usted.
Shizuma me entregó un estuche de plata.
Shizuma: - Es mi tarjeta de
presentación. Durante el servicio memorial podría haber ocasión de intercambiar
tarjetas, así que por si acaso.
Ōsaki: - La tomaré prestada.
La tarjeta de presentación de Daiba
Shizuma, presidente de Daiba Construction Co., estaba hecha de un papel de
primera calidad, algo que quien la recibiera no podría tratar con descuido.
Aunque los títulos detallados se
omiten, como presidente suena sin arrogancia. El significado de que me cediera
su tarjeta…
Shizuma: - Le pido que asista
“haciéndose pasar por mí”.
Ōsaki: - Acepto. Sin embargo …
TRADUCCIÓN: SAKURADA DI


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