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miércoles, 28 de octubre de 2026

Lucky Dog 1 + Bad Egg (Daivan) #28

 

Daivan #28 – 50%

Gian: ¿Así que cortó sin ningún miramiento ese recuerdo y encima te lo entregó a ti así como así? …Las mujeres sí que dan miedo, después de todo.

Walther: Eh… Saldré también. Iré a hablar con el del periódico. Tenemos que poner en marcha la imprenta de fachada para el encubrimiento…

Walther: También hay que hacer compras… Ah. Disculpe, anciano…

Max: Bueno, entonces… yo me voy un momentito a tomar un poco de aire. De paso daré una vuelta por los negocios y echaré un vistazo a cómo están las cosas.

Gian: Ah, sí. Ten cuidado, Max. Averigua discretamente hasta qué punto están hablando de nosotros… y qué tan fuertes son los rumores.

Max: ¡Claro, déjamelo a mí! Jeje… No me he infiltrado en Daivan tantas veces para nada. No voy a cometer la estupidez de que me agarren con las manos en la masa.

Walther: Ehm … anciano… Lo siento, digo … Max-san …

Max: ¡¿Gah?! ¡¡Pero si me preguntaba de quién hablabas… y eras tú, maldito!! ¿¡A quién llamas viejo, desgraciado!?

Walther: Eh… tengo un favor que pedirle. Para la compra de suministros necesitamos un vehículo, una camioneta. ¿Podría encargarse de conducir y de la carga?

Max: Oh, sí … espera, ¿otra vez voy a serle de chofer? ¡Oye! Yo soy el más veterano de todos aquí…

Gian: Te lo encargo, Max. Ocúpate de cuidar de esos chicos.

Max: Ugh… ¡No hay de otra, maldita sea! ¡Siempre me están cargando con todos los problemas! …¿Quién sabe qué habría pasado si yo no estuviera aquí?

……………………………………………………………………………………………..

Ciudad de Daivan. En aquel día entre semana, el tráfico y la multitud que recorría las calles fluían como de costumbre, en aquella mañana.

 En el centro de la ciudad, que parecía igual que siempre, entre la multitud de la calle principal de Daivan, la calle de los bancos, avanzaba la figura de un hombre… allí estaba.

Bueno ….

Por aquí nada cambia. No importa si otros yakuzas quieren imponer su autoridad en la ciudad, o si el CR:5 se ha escondido en un rincón del baño…

Los ricos que hacen sus negocios en esta ciudad no cambian. Como era de esperarse, no hay muchos yakuzas que se atrevan a meterse aquí… …Esto tampoco ha cambiado desde antes.

Mientras caminaba, pensaba en esas cosas…

Entonces encontré lo que buscaba y detuve mis pasos. Muy típico de la calle de los bancos: una cabina telefónica de cristal, brillante y reluciente.

Según Walther, la red de CR:5, de Bernardo, también debería extenderse hasta esta cabina telefónica. Pero ahora…

Si aún estás vivo… ¡apresúrate y encuéntrame, Bernardo!

Dentro de la cabina telefónica, tan limpia y fría, escupí en voz baja… y cerré los ojos suavemente.

Recuerdos antiguos… aunque, en realidad, de hace solo unos años. Aquí en Daivan, cuando era un novato en lo del viejo Cavalli, me hicieron pasar por situaciones difíciles…

Después de eso… no sé qué le gustó, pero Bernardo me convirtió en su subordinado directo… y bajo su mando, hice todo tipo de negocios en esta ciudad.

También fui a muchos lugares con Bernardo. La empresa que él dirigía… la empresa del clan cuya contabilidad él me había encargado…

Recorríamos esas empresas y hacíamos el trabajo. Reportábamos al jefe y al viejo Cavalli. Comíamos juntos, bebíamos y reíamos.

En esos tiempos…

¡Vaffanculo! Mierda …

Yo… afortunadamente, confiando en mi memoria que aún no se ha vuelto lenta, recordé los números de teléfono de las empresas que visitábamos en esa época…

Reproduje los números con la punta de los dedos y marqué. Mi memoria no había olvidado ni un solo dígito. Después de unos cuantos tonos…

Gian: Ah… ¿Hola? ¿La empresa Pioneer Ferrocarril y Transporte? Ah, sí… eh, yo… bueno, es que…

Gian: Me dijo el señor Ortolani que me encargara de este trabajo. Quería ponerme en contacto rápidamente con algo. Si está el encargado, el señor Papageno, ¿podría pasarme con él…?

La llamada que había conectado… en cuanto mencioné el nombre que estaba registrado en mi memoria como una señal, se cortó de golpe, sin ninguna explicación.

¡Ahí va, todo negro! (Es una expresión casual y un poco burlona, como si lanzara algo o comentara que salió completamente mal o “oscuro”)

Yo… saqué el lápiz rojo que llevaba detrás de la oreja y escribí en un pedazo de mi bloc de notas: ‘Pioner Kindo Transportes’…

Apunté el número de teléfono y el bloque de la dirección de la empresa. Después, al lado, tracé una X torcida. Esta empresa…

Probé la contraseña de los tiempos en que Bernardo estaba en la organización, una clave que solo reconocen los miembros… y apenas la dije, me colgaron. O sea que ahora, los que manejan esa empresa…

Los que estaban en la empresa que Bernardo controlaba… Ahora, es muy probable que hayan sacado al antiguo jefe y ahora sean ellos quienes mandan. Si no, no habrían colgado tan rápido.

De ser así … esta empresa será nuestro anzuelo.

Gian: Hola… ¿hablo con la inmobiliaria Bill & Bob? ¿Está disponible el encargado del banco con el que siempre tratamos?

Gian: Ah, soy el señor Bourbon. El encargado es… si no me equivoco, el señor Papageno…

…………………………………………………………………………………………

Aaaah … finalmente he terminado.

Cuando por fin terminé con la avalancha de llamadas, relajé los hombros, tensos de tanto levantar y bajar los brazos…

Mientras pensaba en el plan, justo cuando levanté el pie derecho para dirigirme al siguiente lugar…

Sentí una presencia detrás de mí… ciertamente, alguien está deliberadamente detrás de mí…

No sé si es cosa mía… o si simplemente me lo estoy inventando …

Pero… ya he experimentado esto antes, esta sensación, esta presencia. El que está detrás de mí… este chico es …

 

OPCIONES:

1. Bernardo.

2. Asesino.

Elegir la primera opción.

 

Así es.

Desde que regresé a Daivan, esa misma sensación… como si algo surgiera de los rincones del paisaje y merodeara dentro de mis costillas o en los rincones de mi mente.

Sí… esta presencia… es la de él… la misma que siento cuando estoy a su lado…

Gian: ¿Bernardo …?

No sabía muy bien qué era, pero de repente sentí en el pecho algo como una chispa de expectativa. Como si el tiempo se moviera en cámara lenta, me giré hacia atrás…

¡¿?!

Sin embargo … no había nadie ahí.

Veo a los ricos de esta ciudad moviéndose con sus negocios y la fila de autos atrapados en el tráfico. Exactamente la misma vista de antes de lanzarme a hacer todas esas llamadas.

La presencia que había sentido hace un momento… se había esfumado.

¡Cazzo!

¿Qué diablos esperaba yo…!? ¡Que Bernardo simplemente apareciera así, de golpe, en un lugar como este…!?

¡Maldita sea!

Fue porque recordé algo del pasado… por eso mismo. Debido eso… solo pensé en algo tan ridículo como que él pudiera estar aquí.

De nuevo, refunfuñando en voz baja, me adentré entre la bulliciosa multitud.

………………………………………………………………………………………………..

Hombre de traje negro 2: Es hora de la comida, señor Ortolani.

Bernardo: …….

En aquel cuarto, un alto cargo de CR5 tenía a Bernardo Ortolani bajo su custodia. Él, que por lo general era tan relajado y despreocupado, esta vez…

Bernardo: Te lo pido una vez más, ¿podrías traerme un teléfono? Quiero saber lo que está sucediendo afuera …

Hombre de traje negro 2: Eso no está permitido.

Bernardo: Ya veo …. Te pregunté algo estúpido.

La vida bajo arresto en este hotel ya se había prolongado durante un mes…Sin contacto con el exterior y totalmente aislado de cualquier información, Bernardo permanecía encerrado… maltratado hasta quedar en los huesos.

Bernardo: No hace falta que tengan cuidado con un saco de huesos como yo.
Ni siquiera necesitan apuntarme con un arma… ya no voy a resistirme. Ni podría.

La risa amarga de Bernardo no obtuvo respuesta: ni los hombres de negro ni los guardias dijeron una palabra. Bernardo miró la mesa con unos ojos donde no quedaba ni rastro de hambre.

Bernardo: Después de tanto tiempo encerrado aquí, ya olvidé lo que es el apetito de verdad.
No voy a comer. Llévenselo.

Hombre de traje negro 2: Volveremos más tarde a retirar la vajilla.

Durante un mes, la misma conversación sin sentido se repitió día tras día.
Bernardo exhaló un largo suspiro, impotente… pero …

Bernardo: Cierto … ¿qué pasó con eso que pedí?

Con una sonrisa que parecía hecha a la fuerza, Bernardo dijo aquello… El hombre de negro se limitó a encogerse de hombros y luego…

Hombre de traje negro 2: ¿Te refieres a eso? Ya está listo. Ustedes dos, encárguense de ello.

El hombre de negro sacó de la parte inferior del carrito una bolsa de papel, manchada de aceite y de algo más. Sujetándola apenas con los dedos, la abrió sobre el carrito.

Los guardias miraban dentro de la bolsa como si esperaran ver algo sucio. De la bolsa rasgada…

Bernardo: Ahh, estoy muy agradecido por esto. En verdad, gracias.

De la bolsa aparecieron hot dogs cubiertos de kétchup y mostaza, junto a montones de papas fritas, todo envuelto en periódicos manchados de aceite, igual que en los puestos callejeros.

Los guardias se encogieron de hombros y dejaron claro que estaba bien. El hombre de negro, evitando ensuciarse, llevó la bandeja de comida chatarra hasta la mesa.

Bernardo: Lamento hacerles tanto trabajo. Después de esta vida que llevo… con solo mirar la comida del hotel, ya no puedo comer nada.

Bernardo: Me dan unas ganas irresistibles de comer estas comidas de cinco centavos de los puestos callejeros. Qué irónico, considerando que el room service cuesta como dos dólares.

Hombre de traje negro 2: No queremos que te desmayes por falta de nutrientes…
así que no olvides: una sola comida al día.

Bernardo: Eso se lo agradezco. No tengo idea de quién fue el que aprobó el presupuesto o dio la orden para que yo viviera aquí, pero…

Bernardo: Diles que les agradezco. Gracias a ellos, este nerd de mala cuna parece que no morirá de hambre.

Con voz cansada y una sonrisa agotada, Bernardo dio las gracias. Sin embargo, sus ojos no podían despegarse del espacio detrás de los guardias… de la puerta abierta y el pasillo, que miraba con un deseo casi desesperado.

Bernardo: ¿No han escuchado algo, chicos? ¿Hasta cuando me dejaran encerrados aquí? ¿Qué de los otros capitanes …? ¿En dónde están?

Hombre de traje negro 2: No sabemos nada, y no tenemos permitido contestar nada.

Bernardo: Se los ruego … de seguir así me volveré loco. Luchino, Giulio e Iván … ¿están bien? ¿Qué están haciendo?

Hombre de traje negro 2: Yo… no sé nada de los demás capitanes y directivos. Eso es cosa de otro encargado.

Bernardo: Ya veo … disculpa las molestias. 

Bernardo: Cierto, si tú también eres de esta ciudad y estás de nuestro lado, seguramente has escuchado este nombre alguna vez: Lucky Dog - Giancarlo, ¿verdad? 

Bernardo: Gian … ¿qué ha pasado con él? Hey, ¿has escuchado algo de él? ¿No lo sabes? Por favor, pregúntale a tu superior.

Hombre de traje negro 2: Coma rápido, por favor. Luego recogeremos la vajilla.

Bernardo: ¡Vaffanculo!  Ngh … ah, lo siento mucho. Parece que no tenía caso preguntarte.

Los guardias y el hombre de negro no respondieron nada más. Empujaron el carrito y se marcharon, cerrando la puerta que no podíamos abrir desde nuestro lado…

El cerrojo de acero se escuchó cerrarse al otro lado. Aquel sonido cruel y deshumanizado se desvaneció…

Bernardo: ……

Con la mano apoyada en la puerta cerrada, Bernardo permaneció inmóvil, derrotado… hasta que un sonido alcanzó sus oídos.

Más allá de la puerta, el sonido de las ruedas del carrito recorriendo el pasillo se fue apagando… hasta desaparecer por completo. Bernardo esperó… contando treinta segundos en silencio.

Bernardo: Bien ….

De su rostro y su cuerpo se desprendió algo… como si se quitara una máscara y un disfraz barato. Bernardo volvió a ser él mismo y corrió hacia la mesa.

Sobre la mesa, además del room service del hotel, había unos paquetes de hot dogs que parecían haberse colado en la cena, como traídos por un vendedor ambulante.

Sobre la mesa, entre los montones de hot dogs y papas… no, mejor dicho… los ojos de Bernardo brillaban con una pasión que iba más allá del simple apetito.

Miró la bolsa de papel rota usada para revisar su contenido, y los envoltorios de los hot dogs y las papas, todos manchados de kétchup y envueltos en periódicos empapados de aceite.

Con cuidado, Bernardo separó los envoltorios de la comida chatarra, los colocó sobre la bandeja y limpió el exceso de kétchup con una servilleta.

Aunque no tuviera apetito, debía devorar los hot dogs y las papas. Así, mañana tendrían que traerle lo mismo otra vez.

Bernardo: ¡Perfecto! Este debe ser el periódico de ayer…

Aunque le habían confiscado el reloj y el calendario, Bernardo, que llevaba la cuenta de cada día en su mente, sabía perfectamente qué día y mes era hoy.

Sus ojos, desbordantes de hambre y con un brillo intenso, se posaron sobre los envoltorios que había extendido.

El envoltorio del hot dog… resultó ser un fiasco. El periódico solo tenía los típicos artículos porno de la prensa sensacionalista, llenos de contenido vulgar.

Bernardo: ¡Cazzo!  Aquí … ¡ah!

El envoltorio de papas fritas… estaba empapado de aceite, casi transparente, y la tinta impresa se estaba deshaciendo… Era un periódico sensacionalista barato en formato tabloide.

Se trataba exactamente de la portada y la segunda página del periódico local Daivan Sunrise, ese que siempre queda sin vender en cualquier puesto.

Bernardo: No está mal… aunque habría sido mejor si fuera el Times.

Con la punta de los dedos, Bernardo reconstruyó el rompecabezas de aquel papel sucio, parpadeando con esa mirada afilada. Este “regalo”…

Era la prueba de que el plan de Bernardo había dado resultado. Desde hacía cerca de una semana, se negaba a comer con la excusa de un colapso mental… en realidad, estaba en huelga de hambre.


Tras tres días de ayuno, los hombres de negro finalmente cedieron y le preguntaron qué podía comer. Su respuesta fue…

Un hot dog, como los de cualquier puesto en la esquina. Sin ninguna otra fuente de información, Bernardo apostó todo al papel que envolvía ese menú barato de cinco centavos.

Bernardo: Gian … parece que todavía me queda un poco de la buena suerte que me compartiste.

Bernardo siguió encajando las piezas de aquel papel mugriento mientras murmuraba en voz baja. La suerte estuvo de su lado…

El hombre de negro que siempre le llevaba la comida y la ropa… no era un desconocido para él.

Ese hombre de negro había sido, en otro tiempo, un soldado de CR:5. Ahora servía a la familia Gardelri, parte de la cúpula de la organización. Bernardo, claro, fingió no darse cuenta… y el otro también se hizo el desentendido, pero…

Gracias a que informó a sus superiores sobre la huelga de hambre y provocó una reacción, Bernardo obtuvo más de una ventaja.

Lo primero… fue descubrir la identidad del grupo que había capturado y mantenía retenidos a los altos cargos que lograron escapar.

Al inicio, incluso sospechó del propio jefe, Alessandro. Pero la existencia de aquel hombre de negro… prácticamente confirmó que el cerebro detrás de todo era la cúpula.

Además… aquel hombre de negro parecía entender perfectamente el motivo detrás del pedido de Bernardo… pero aun así se lo permitió.

Bernardo: ¿Por qué los de la cúpula nos mantienen con vida? Tiene que haber una razón… algo que seguramente ocurre en Daivan…

Debajo del murmullo de Bernardo, el rompecabezas de periódicos sucios comenzaba a tomar forma… Bien. Los labios de Bernardo se movieron ligeramente.

Bernardo: Además, ese hombre de negro… está dudando. Aun sabiendo el peligro, decidió ponerse en la palma de mi mano…

Eso significa que… ese tipo tiene un motivo para ganarse el favor de Bernardo y los demás, aun estando aquí encerrados…

En otras palabras… eso también era una señal de que Bernardo y los demás aún no eran hombres muertos… de que, por alguna razón, los estaban manteniendo con vida aquí.

 Bernardo: No hay tiempo para pudrirse aquí… ¿verdad, Gian? Esta vez… aunque sea yo solo, voy a luchar hasta el final…

Pero en cuanto a Giancarlo… ni por los periódicos en los que habían traído los hot dogs varias veces, ni por los movimientos de esos tipos de negro… había logrado averiguar absolutamente nada.

Reprimiéndose a sí mismo para no caer en los peores pensamientos, Bernardo apartó esas ideas y centró su atención en la suerte que, por ahora, parecía acompañar aquel plan que estaba funcionando.

Bernardo: Bien, así es. Ya está …

Sobre la mesa había un tabloide de chismes. Por suerte, aquel periódico que habían usado como bolsa para la portada… había vuelto a tomar su forma cuadrada original.

Bernardo: Fuck. Junté las páginas de anuncios y cómics boca arriba… Pero me equivoqué, ¿eh? Jajaja.

Bernardo soltó una sonrisa de autodesprecio… y, aun así, siguió con la mirada las páginas de anuncios y los cómics satíricos con cuidado. Los anuncios… claramente se habían reducido en número.

Bernardo:  Empresas que nunca había oído antes están poniendo anuncios. ¿Qué está pasando…? Y los cómics… esto es terrible.

Honestamente, aquellas caricaturas satíricas eran tan malas que no se podía calificarlas de otra manera…

Los hombres con barrigas enormes, vestidos como si fueran mafiosos y armados con ametralladoras, intentaban representar a la mafia… mientras con la otra mano se daban la mano entre ellos.

La guerra terminó… a partir de ahora, es la era de la fraternidad.

Bernardo: a entiendo. Así que la mafia y los gánsteres se llevan bien… y se están aprovechando de Daivan, ¿eh?

Aunque no mencionaban nombres… nunca habría imaginado que la mafia de Daivan terminaría siendo material para un cómic. Hace un tiempo, eso habría sido imposible.

En Daivan, ¿cuánto del control de nivel CR:5 se ha perdido…? ¿Y hasta qué punto han logrado infiltrarse fuerzas externas?

Bernardo sacudió esos pensamientos que le daban ganas de vomitar y volteó el rompecabezas de periódico. Del otro lado… estaba la noticia principal con un gran titular.

Bernardo: Bien …

Bernardo: Espera … ¿qué?

“Daivan se ha convertido en un campo de batalla” “El castigo del mal, impuesto por la mafia y los gánsteres sin ley”

TRADUCCIÓN: SAKURADA DI

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