Al observar mi equipo de boceto,
comprendió que no se trataba de algo destinado al consumo.
Funeno: - En el patio trasero hay un
pozo. Espero que no se encuentre seco…
Funeno-san señaló el camino por el que
había llegado. Al parecer, es posible acceder al ‘jardín’ a través de la puerta
trasera.
Funeno: - Afuera hay unas getas,
(sandalias tradicionales) por favor utilícelas.
Ōsaki: - Muchas gracias.
Regresé por el pasillo oscuro.
El arrastrar de pies de Funeno-san,
alejándose, sonaba extrañamente tembloroso.
¿Está asustado…? Y, además, ¿solo de
mí…?
El patio trasero estaba dispuesto como
un mirador.
Debajo de mi línea de visión había, al
parecer, el techo de otra casa, y parecía que se podía bajar por unas
escaleras.
El sendero que conducía hacia allí se
hallaba cubierto de vegetación, evidenciando una clara falta de mantenimiento.
Por detrás se veía una montaña. Detrás
de la cima, asomaban nubes blancas como cúmulos. No parecía finales de
septiembre, sino colores del verano.
Junto a la puerta se encuentra un pozo
equipado con una bomba de mano.
Al agarrar la manija, se escuchó el
sonido del agua desde dentro. Parecía que el pozo todavía funcionaba.
Al intentar presionar, mi mano se fue
volviendo poco a poco más pesada, y sentí cómo el agua subía.
Después de bombear un rato, un chorro
grueso de agua salió disparado por la boquilla del pozo.
El cubo de piedra agrietado se volvió
de un gris intenso al mojarse. En contraste con la bomba oxidada, el agua que
salía era tan clara como agua pura.
Cuando se acumuló un poco, lo recogí en
una botella.
El agua del pozo probablemente había
estado fluyendo lentamente, sin exponerse al sol durante mucho tiempo. Su
frescura y frío se sentían incluso a través de los guantes.
Han pasado varios años desde que la
gente se fue, y la isla quedó desierta, pero para la naturaleza, ese tiempo no
parece tan largo.
Desconocido: - Disculpe… usted de ahí…
De repente, alguien me llamó. El hombre
estaba de pie junto a los arbustos de camelia que crecían bajo el alero,
dejando colillas esparcidas a su alrededor…
Una mirada astuta. Sus labios se
curvaban alegremente. De ellos brotaban palabras insólitas…
Desconocido: - Es preferible no
consumir lo que esta isla ofrece.
Desconocido: - Circula el rumor de que
el ejército antiguo producía veneno en lo profundo de la montaña. Podría
haberse filtrado en el suelo y mezclado con las aguas subterráneas.
Ōsaki: - Muchas gracias por la
advertencia.
Lo desestimé con aparente indiferencia.
Desconocido: - ¿Se trata de un
recipiente para lavar pinceles? En ese caso, no hay temor de que cause malestar
estomacal. Sin embargo…
Desconocido: - Se dice que incluso
Monet quedó ciego por el arsénico presente en las pinturas. Por favor, tenga
cuidado incluso con pequeñas cantidades de toxina.
Con la punta del zapato apagó el
cigarrillo y luego se aproximó hacia mí.
Desconocido: - Me llamo Shinbashi. ¿Le
suena mi nombre?
Ōsaki: - No ….
Shinbashi: - Entonces no hay problema.
Por la naturaleza de mi trabajo trato con muchas personas y no puedo memorizar
cada rostro y nombre individualmente.
Ōsaki: - Yo soy Daiba.
Shinbashi: - Entonces, mucho gusto,
Daiba-san. Encantado de conocerle.
Llevó la mano al pecho y realizó una
reverencia de bienvenida. Este tipo de gestos resultan embarazosos para quien
los recibe.
Shinbashi: - Estaba aburrido, la
verdad. Qué bueno que haya alguien de mi edad.
Ōsaki: - Disculpe … ¿qué edad tiene?
Shinbashi: - Este año cumpliré 23 años.
Ōsaki: - Me veo joven, pero yo ya tengo
27 años.
Veintidós o veintitrés… esa es mi edad
real. Había acertado, pero logré disimularlo.
Shinbashi: - ¡Le ruego me disculpe!
Dado que compartimos hospedaje, le agradecería que nos lleváramos bien en
adelante.
Shinbashi: - Por cierto… llevando un
cuaderno de bocetos, ¿podría decirme a dónde se dirige?
Ōsaki: - Estaba pensando en ir al
muelle.
Shinbashi: - ¿Le importaría si lo
observo desde atrás mientras dibuja?
Ōsaki: - Adelante si es que no le
importa aburrirse.
Shinbashi: - Jejeje.
Sin abrir la boca, dejó escapar una
risa tenue, contenida en la garganta. ¿Acaso le divirtió tanto que retomara la
palabra ‘aburrido’ que él mismo había dicho…? ¿O le habrá sonado a ironía?
Siguió sacudiendo los hombros con una
risa sospechosa.
Si Shinbashi-san hubiera sido más alto,
como alguien a quien mirar hacia arriba, probablemente me habría intimidado con
ese aspecto tan peculiar.
Mientras lo viera desde arriba, solo
parecía un tipo raro.
Ese pelo todo alborotado, como si
tuviera orejas de gato, seguro que era suave…
…………………………………………………………………………………………………………
Al colocarme los zapatos en la entrada
principal, noté que Shinbashi-san permanecía con los suyos puestos.
Ōsaki: - Se dice que este lugar es un
hospedaje de estilo japonés.
Le hice una advertencia de manera
sutil, pero él no parecía captar el mensaje.
Shinbashi: - Estoy al tanto. No
encuentro ninguna molestia en ello en absoluto.
Ōsaki: - ……
Mientras yo acomodaba mis cosas, me
ponía los zapatos y cargaba mis materiales de nuevo, él ya estaba fuera de la
entrada con sus zapatos puestos, todo ligero y despreocupado.
Lejos de poder reprenderlo, fui yo
quien terminó disculpándose con un ‘Le hice esperar, disculpe…’.
Dejamos el lugar y seguimos el camino
de vuelta hacia el puerto.
Shinbashi: - Ya comprendo… se dedica
habitualmente a la construcción. Por eso es comprensible que tenga particular
cuidado con las costumbres y normas del hogar.
Ōsaki: - No es que tenga particular
cuidado.
Estaba a punto de decir ‘Es de sentido
común’, pero vacilé al hablar.
Ōsaki: - Shinbashi-san, ¿cuándo llego a
esta isla?
Shinbashi: - Ayer por la tarde. Pero
usted acaba de llegar hoy, ¿cierto? ¿Cómo es que llegó aquí?
Ōsaki: - Tras dirigirme a Hachijō-jima
a bordo del Kuroshiromaru, me hicieron navegar en otra embarcación
acompañado por Komise-san.
Shinbashi: - ¿Se trata de una persona
con un dialecto pronunciado?
Ōsaki: - Así es.
Shinbashi: - Fue muy atento. Al verme
perdido en el puerto, se dirigió a mí para ofrecer su ayuda.
Shinbashi: - Bueno… no logré comprender
exactamente lo que estaba diciendo.
Ōsaki: - Aun así, creo que eligió
palabras fáciles de entender.
Shinbashi-san se rió con un pequeño
resoplido.
Shinbashi: - Sin embargo, el Kuroshiromaru,
¿verdad? Debió resultarle bastante arduo, imagino.
Shinbashi: - Consideré absurdo el
tiempo que tomaba viajar en barco, por lo que opté por utilizar un avión hasta
Hachijō-jima.
Ōsaki: - ¿Fue cómodo?
Shinbashi: - Sí. Es caro, pero desde
Hada hasta Hachijō-jima se tarda solo una hora en avión. ¿Y usted en barco?
Ōsaki: - Tardo 12 horas.
Shinbashi: - Pff, jejeje, pobrecito.
Tiene una forma de reír realmente
peculiar.
Me venía a la cabeza, un poco de forma
irrespetuosa, que si hubiera un animal que hablara, tal vez se vería así.
………………………………………………………………………………………
Regresé al puerto una vez más.
Caminé por el largo muelle que se
adentraba en el mar y me senté en el tope del bolardo al final.
Al mirar hacia atrás, podía ver todo el
barrio de Tanabamachi.
El bosque seguía hasta el lado
izquierdo de la isla, y la ‘torre blanca del faro’ apenas se veía.
De esta manera establecí el encuadre.
Decidí representar la isla en su totalidad, con el faro incluido.
Shinbashi-san se encontraba de pie,
ligeramente detrás y en diagonal, contemplando el dibujo. A nuestro alrededor
resonaban de forma alternada el suave murmullo del oleaje y el nítido sonido
del lápiz sobre el papel.
Shinbashi: - ¿Es divertido dibujar?
Ōsaki: - No tengo emociones
particulares al respecto. Lo hago con la intención de mantener la mente en
calma.
Shinbashi: - Entonces, ¿soy un estorbo
por hablarle así?
Ōsaki: - No, para nada. Le agradezco
que me haga compañía y converse conmigo.
Ōsaki: - No deseo que pensamientos
innecesarios me asalten durante los momentos de inactividad, por eso
simplemente estoy haciendo un boceto.
Shinbashi: - Se parece casi a una
práctica del budismo esotérico.
De algún modo, él se mostró
excesivamente expresivo, rebosante de admiración.
Shinbashi: - Mientras los budistas
crean mándalas con el propósito de alcanzar la iluminación, usted dibuja para
distraer la mente y mantenerla en calma.
Ōsaki: - Creo que el propósito es el
mismo.
Shinbashi: - Esta isla es demasiado
silenciosa… así que es una suerte que tenga algún medio para distraerse.
Ōsaki: - Shinbashi-san, ¿en qué trabaja
usted?
Shinbashi: - Soy escritor, escribo algunos guiones para teatro.
Para alguien como yo, este silencio es perfecto para que surja la inspiración…
Shinbashi: - Al principio pensaba de
esa manera. Sin embargo, cuando me encuentro estancado, sin algún tipo de
estímulo no consigo disipar los bloqueos mentales.
Shinbashi: - Es por ello que he
decidido hacerle compañía y salir a distraerme un poco.
Recordé que el nombre de Shinbashi-san
figuraba en la primera entrada del libro de registro de la posada.
Y de pronto, vino a mi memoria también
el recuerdo de los dos hombres que había encontrado en la pendiente.
Seguramente se encontraban en la otra
posada, llamada ‘Yaegaki’.
Ōsaki: - ¿Ya ha conocido a la gente de
Yaegaki?
Shinbashi: - Parece que llegaron antes
que yo. Los vi de lejos, pero aún no los he saludado. Ir expresamente a hacerlo
se me hace un poco incómodo.
De improviso, al dirigirle una mirada
de soslayo, nuestras miradas se encontraron.
No estaba contemplando mi boceto, sino
que parecía haber estado observando mi perfil.
Luego, como si dejara flotar la mirada
hasta mis manos, dejó escapar un ‘ah…’ deliberadamente afectado. Prácticamente
había concluido el boceto preliminar.
Shinbashi: - Es muy bueno.
Ōsaki: - Es algo simple. Con solo
enlazar formas triangulares y cuadradas, se puede reconocer como un poblado.
Shinbashi: - No sea tan modesto.
Incluso el cubismo se fundamenta en principios teóricos.
Ōsaki: - Estudié arquitectura en la
universidad. Creo que tengo facilidad para sintetizar y representar los puntos
esenciales de una estructura.
De este modo, añadí mis propias
impresiones al historial de Daiba Shizuma.
—Hm… —musitó Shinbashi-san, con un dejo de admiración.
Shinbashi: - Daiba Construcciones… lo
conozco bien.
Sentí un leve estremecimiento en el
pecho.
En aquel instante… al sustituir el
lápiz por el pincel de acuarela, parecía que la máscara que llevaba comenzaba a
caer.
Ōsaki estaba a punto de mostrar su
verdadero yo.
Sin embargo, por su comentario, todo se
tensó de inmediato…
Shinbashi: - Lo recordé.
Shinbashi: - Hace dos años, envié una
solicitud de préstamo para uno de los edificios que usted posee.
Shinbashi: - Se trata del salón de
baile en Nihonbashi. Aunque actualmente parece haber reabierto, en aquel tiempo
estaba sujeto a restricciones por parte de las autoridades sobre negocios de
entretenimiento. En esencia, deseaba hacer uso del local desocupado como
escenario.
Ōsaki: - Disculpe. No tenía
conocimiento de ello. En aquel momento no estaba implicado en esas labores…
Shinbashi: - Es natural que no lo
supiera. El proyecto se vino abajo cuando la protagonista falleció.
‘Falleció’… en aquel instante, su
inusual lenguaje respetuoso me resultó adecuado a la situación.
Shinbashi: - Se tenía previsto que
Ōe-san fuera parte del elenco.
Fingí no prestar atención. Tracé agua
sobre el papel y añadí el color celeste al cielo
Shinbashi: - Ella sentía un gran
aprecio por mis guiones. Fue a través de esa conexión que me presenté en esta
ceremonia conmemorativa.
Con otro pincel seco, absorbí el color,
lo retiré y tracé nubes blancas.
Del mismo modo que ese movimiento del
pincel, formulé mi pregunta con total serenidad.
Ōsaki: - Shinbashi-san… ¿podría decirme
su nombre como guionista?
Shinbashi: - …….
Hace dos años… en otras palabras,
resulta difícil creer que un joven de apenas veinte años pudiera hacer un
encargo a Ōe An.
Puede haber quienes posean talento
desde temprana edad, pero son pocos los que logran aprovechar la oportunidad.
Al no estar versado en ese ámbito, no
puedo afirmarlo con certeza, pero es probable que el Shinbashi-san sea una
figura de renombre.
Y considerando a Daiba Shizuma, del
sector de la construcción, no es improbable que volvamos a cruzarnos en el
futuro…
Dejé el pincel y aguardé a que el color
del cielo secara. No, más bien fingí hacerlo; me afirmé en mi postura y,
clavando la mirada en su único ojo, hablé con claridad.
Ōsaki: - Tengo interés en usted.
Como Daiba Shizuma, es algo que debo
conocer.
Shinbashi: - Jejeje, dice cosas que
alegran.
Shinbashi: - Considerando los lazos que
podamos tener en el futuro, tal vez podría revelárselo a usted, Daiba-san.
Shinbashi: - Porque, al igual que
ocurre con el dibujo, considero que quienes poseen inclinaciones creativas
tienden, en su mayoría, a ser buenas personas.
Shinbashi: - Independientemente de que
adopten una forma tangible o intangible, las obras reflejan fielmente los
deseos de su autor; por ello, no es labor que pueda desempeñar un mentiroso.
Ōsaki: - ……
Shinbashi: - Por ello, depositaré mi
confianza en usted y se lo revelaré.
De improviso, aproximó su rostro.
Shinbashi: - ¿Usted también confiará en
mí?
Ōsaki: - ¿Confiar …?
Shinbashi: - Tanto como usted y yo,
queremos preguntar algo el uno al otro ¿no?
De haber tenido lugar esta conversación
en el pasillo de la posada, sin duda él habría estado pendiente de su entorno y
habría hablado en voz baja.
Pero aquí, al final del muelle…
rodeados por el mar, estamos completamente solos. No hay nadie más que pueda
oírnos.
Seguramente… él había estado esperando
este momento desde el principio.
Entonces, abrió los ojos… y dejó que su
poder brillara con audacia.
Shinbashi: - ¿El nombre que estaba
escrito en la invitación… de quién era?
Shinbashi: - Si decides confiar en mí…
yo también te diré mi verdadero nombre.
Su voz tenía un tono casi hipnótico.
Lástima… no soy del tipo que cae en trucos de hipnosis.
De repente, empezó a actuar de manera
sospechosa… parecía un cobrador de deudas desconocido, como si, tras dar un
fuerte golpe, se asomara torpemente por la cerradura.
Me quedé en silencio, y él tosió una
sola vez.
Shinbashi: - De acuerdo, cambiare la
pregunta.
Shinbashi: - Aunque sea uno… por favor,
dígame si reconoce a algún invitado.
Shinbashi: - ¡Así es! ¡Aunque sea solo
uno!
Ōsaki:
- Ariake-san.
Shinbashi:
- ¡Ariake-san!
Su lado salvaje emergió, y se acercó
con respiración agitada.
Shinbashi: - ¿Esa persona es cruel? ¿Es
vil? ¿Es despiadada?
Es una serie de palabras peligrosas;
uno puede imaginar que en su diccionario habitual se alinean tales expresiones.
Y en cuanto al propio Araki-san, pensó
que él era un hombre sin relación con ellas.
Ōsaki: - Es sencillo… y tiene un aire
alegre e inocente.
Shinbashi: - ¿I-inocente…?
Ōsaki: - Si tuviera que elegir… diría
que le va mejor estar en una ceremonia de boda.
Esa fue la impresión que tuve de
Ariake-san al interactuar con él.
Ríe mucho, se disculpa con facilidad y
se sonroja con frecuencia… Que trabaje en una funeraria resulta sorprendente.
Por naturaleza, alguien como él encajaría mejor en una panadería, por ejemplo.
Shinbashi: - ¡E-¡El nombre de esa
persona tan inocente estaba en tu invitación, ¿verdad?!
Ōsaki: - No. Perdí mi invitación.
Shinbashi: - ¿Ha?
Ōsaki: - Ariake-san es la persona con
la que me encontré hoy en Hachijō-jima. Me preguntó si conocía a algún
invitado… y eso fue lo que le respondí.
Shinbashi: - …….
Ōsaki: - Parece que él es fan de
Ōe-san. Por favor… cuéntele su historia.
Shinbashi: - …….
Ōsaki: - …….
Shinbashi: - …….
Ōsaki: - ¿Shinbashi-san?
Me quedé mirando su único ojo. Me
pregunté qué era lo que lo hacía parecer un animal… y entonces entendí: estaba
en sus pequeñas y desconfiadas pupilas.
Pero, al mismo tiempo, no podía
descifrar qué pensaba, qué le causaba asombro, o qué exactamente estaba
observando en mí.
No quería simplemente apartar la
mirada, así que lo enfrenté con toda mi sinceridad.
Y de repente… dibujó una leve sonrisa amarga.
Shinbashi: - Ah… qué pena. Termina
comportándose así.
Ōsaki: - ¿?
Shinbashi: - Entiendo. Realmente es una
pena.
Shinbashi: - Pensé que nos estábamos
llevando bien, pero …
Shinbashi-san se dio media vuelta y se
alejó rápidamente.
Como si hubiera venido solo y ahora se
marchara solo… no volvió la vista ni una sola vez.
Ni siquiera se quedó a ver terminar el
boceto que tanto había elogiado…
Ōsaki: - …….
¿Qué es lo que quería saber
Shinbashi-san?
La pregunta de ‘¿el nombre de quién
estaba escrito en la invitación?’ no tenía ningún sentido.
Revisé la invitación de Ariake-san,
pero solo indicaba cómo llegar a Ōejima y el lugar donde hospedarse.
Supongo que la invitación de Daiba
Sahee también seguirá el mismo formato… pero ¿habrá algo más?
Y al final… ni siquiera logré saber el
nombre de autor de Shinbashi-san.
Sin embargo, incluso si es solo una
suposición, si se firmó un contrato con Daiba, puede que queden registros de
las comunicaciones.
En cuanto regrese a Tokio, será
necesario pedirle a Shizuma-san que lo investigue…
Y así, el paisaje quedó terminado.
Al cerrar el cuaderno antes de que la
pintura se secara del todo, sentí que había logrado representar bien la
simetría de la isla.
Mientras la pintura se secaba, regresé
a la posada.
Tal como decía el alojamiento, al final
de la calle había un templo, blanqueado por la luz intensa del sol.
Me dirigí hacia él y seguí caminando
sin detenerme. Es un camino de grava dura… seco y abrasado por el sol, como si
los pies fueran a resbalar en cualquier momento.
De camino, pasé frente a otra posada,
Yaegaki.
Me asomé al interior, pero no había
nadie a quien saludar. Así que volví a encaminarme hacia el templo.
Al llegar a la puerta principal y mirar
atrás… frente a aquel paisaje silencioso, me di cuenta de lo agitada que estaba
mi respiración. Era una cuesta más empinada de lo que esperaba…
Aun así… el mar tenía un hermoso tono
azul lapislázuli. Sin pensarlo, tomé el pincel de inmediato.
Tal como decía Shinbashi-san, los
bocetos debían ser una especie de mandala llamado “pasatiempo”.
Pero ahora… me había invadido una
extraña urgencia: la de querer llevarme este paisaje conmigo…
TRADUCCIÓN: SAKURADA DI

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