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miércoles, 28 de octubre de 2026

Ooe (Ruta Común) #07

 

Al observar mi equipo de boceto, comprendió que no se trataba de algo destinado al consumo.

Funeno: - En el patio trasero hay un pozo. Espero que no se encuentre seco…

Funeno-san señaló el camino por el que había llegado. Al parecer, es posible acceder al ‘jardín’ a través de la puerta trasera.

Funeno: - Afuera hay unas getas, (sandalias tradicionales) por favor utilícelas.

Ōsaki: - Muchas gracias.

Regresé por el pasillo oscuro.

El arrastrar de pies de Funeno-san, alejándose, sonaba extrañamente tembloroso.

¿Está asustado…? Y, además, ¿solo de mí…?

El patio trasero estaba dispuesto como un mirador.

Debajo de mi línea de visión había, al parecer, el techo de otra casa, y parecía que se podía bajar por unas escaleras.

El sendero que conducía hacia allí se hallaba cubierto de vegetación, evidenciando una clara falta de mantenimiento.

Por detrás se veía una montaña. Detrás de la cima, asomaban nubes blancas como cúmulos. No parecía finales de septiembre, sino colores del verano.

Junto a la puerta se encuentra un pozo equipado con una bomba de mano.

Al agarrar la manija, se escuchó el sonido del agua desde dentro. Parecía que el pozo todavía funcionaba.

Al intentar presionar, mi mano se fue volviendo poco a poco más pesada, y sentí cómo el agua subía.

Después de bombear un rato, un chorro grueso de agua salió disparado por la boquilla del pozo.

El cubo de piedra agrietado se volvió de un gris intenso al mojarse. En contraste con la bomba oxidada, el agua que salía era tan clara como agua pura.

Cuando se acumuló un poco, lo recogí en una botella.

El agua del pozo probablemente había estado fluyendo lentamente, sin exponerse al sol durante mucho tiempo. Su frescura y frío se sentían incluso a través de los guantes.

Han pasado varios años desde que la gente se fue, y la isla quedó desierta, pero para la naturaleza, ese tiempo no parece tan largo.

Desconocido: - Disculpe… usted de ahí…

De repente, alguien me llamó. El hombre estaba de pie junto a los arbustos de camelia que crecían bajo el alero, dejando colillas esparcidas a su alrededor…

Una mirada astuta. Sus labios se curvaban alegremente. De ellos brotaban palabras insólitas…

Desconocido: - Es preferible no consumir lo que esta isla ofrece.


Desconocido: - Circula el rumor de que el ejército antiguo producía veneno en lo profundo de la montaña. Podría haberse filtrado en el suelo y mezclado con las aguas subterráneas.

Ōsaki: - Muchas gracias por la advertencia.

Lo desestimé con aparente indiferencia.

Desconocido: - ¿Se trata de un recipiente para lavar pinceles? En ese caso, no hay temor de que cause malestar estomacal. Sin embargo…

Desconocido: - Se dice que incluso Monet quedó ciego por el arsénico presente en las pinturas. Por favor, tenga cuidado incluso con pequeñas cantidades de toxina.

Con la punta del zapato apagó el cigarrillo y luego se aproximó hacia mí.

Desconocido: - Me llamo Shinbashi. ¿Le suena mi nombre?

Ōsaki: - No ….


Shinbashi: - Entonces no hay problema. Por la naturaleza de mi trabajo trato con muchas personas y no puedo memorizar cada rostro y nombre individualmente.

Ōsaki: - Yo soy Daiba.

Shinbashi: - Entonces, mucho gusto, Daiba-san. Encantado de conocerle.

Llevó la mano al pecho y realizó una reverencia de bienvenida. Este tipo de gestos resultan embarazosos para quien los recibe.

Shinbashi: - Estaba aburrido, la verdad. Qué bueno que haya alguien de mi edad.

Ōsaki: - Disculpe … ¿qué edad tiene?

Shinbashi: - Este año cumpliré 23 años.

Ōsaki: - Me veo joven, pero yo ya tengo 27 años.

Veintidós o veintitrés… esa es mi edad real. Había acertado, pero logré disimularlo.

Shinbashi: - ¡Le ruego me disculpe! Dado que compartimos hospedaje, le agradecería que nos lleváramos bien en adelante.

Shinbashi: - Por cierto… llevando un cuaderno de bocetos, ¿podría decirme a dónde se dirige?

Ōsaki: - Estaba pensando en ir al muelle.

Shinbashi: - ¿Le importaría si lo observo desde atrás mientras dibuja?

Ōsaki: - Adelante si es que no le importa aburrirse.

Shinbashi: - Jejeje.

Sin abrir la boca, dejó escapar una risa tenue, contenida en la garganta. ¿Acaso le divirtió tanto que retomara la palabra ‘aburrido’ que él mismo había dicho…? ¿O le habrá sonado a ironía?

Siguió sacudiendo los hombros con una risa sospechosa.

Si Shinbashi-san hubiera sido más alto, como alguien a quien mirar hacia arriba, probablemente me habría intimidado con ese aspecto tan peculiar.

Mientras lo viera desde arriba, solo parecía un tipo raro.

Ese pelo todo alborotado, como si tuviera orejas de gato, seguro que era suave…

…………………………………………………………………………………………………………

Al colocarme los zapatos en la entrada principal, noté que Shinbashi-san permanecía con los suyos puestos.

Ōsaki: - Se dice que este lugar es un hospedaje de estilo japonés.

Le hice una advertencia de manera sutil, pero él no parecía captar el mensaje.

Shinbashi: - Estoy al tanto. No encuentro ninguna molestia en ello en absoluto.

Ōsaki: - ……

Mientras yo acomodaba mis cosas, me ponía los zapatos y cargaba mis materiales de nuevo, él ya estaba fuera de la entrada con sus zapatos puestos, todo ligero y despreocupado.

Lejos de poder reprenderlo, fui yo quien terminó disculpándose con un ‘Le hice esperar, disculpe…’.

Dejamos el lugar y seguimos el camino de vuelta hacia el puerto.

Shinbashi: - Ya comprendo… se dedica habitualmente a la construcción. Por eso es comprensible que tenga particular cuidado con las costumbres y normas del hogar.

Ōsaki: - No es que tenga particular cuidado.

Estaba a punto de decir ‘Es de sentido común’, pero vacilé al hablar.

Ōsaki: - Shinbashi-san, ¿cuándo llego a esta isla?

Shinbashi: - Ayer por la tarde. Pero usted acaba de llegar hoy, ¿cierto? ¿Cómo es que llegó aquí?

Ōsaki: - Tras dirigirme a Hachijō-jima a bordo del Kuroshiromaru, me hicieron navegar en otra embarcación acompañado por Komise-san.

Shinbashi: - ¿Se trata de una persona con un dialecto pronunciado?

Ōsaki: - Así es.

Shinbashi: - Fue muy atento. Al verme perdido en el puerto, se dirigió a mí para ofrecer su ayuda.

Shinbashi: - Bueno… no logré comprender exactamente lo que estaba diciendo.

Ōsaki: - Aun así, creo que eligió palabras fáciles de entender.

Shinbashi-san se rió con un pequeño resoplido.

Shinbashi: - Sin embargo, el Kuroshiromaru, ¿verdad? Debió resultarle bastante arduo, imagino.

Shinbashi: - Consideré absurdo el tiempo que tomaba viajar en barco, por lo que opté por utilizar un avión hasta Hachijō-jima.

Ōsaki: - ¿Fue cómodo?

Shinbashi: - Sí. Es caro, pero desde Hada hasta Hachijō-jima se tarda solo una hora en avión. ¿Y usted en barco?

Ōsaki: - Tardo 12 horas.

Shinbashi: - Pff, jejeje, pobrecito.

Tiene una forma de reír realmente peculiar.

Me venía a la cabeza, un poco de forma irrespetuosa, que si hubiera un animal que hablara, tal vez se vería así.

………………………………………………………………………………………

Regresé al puerto una vez más.

Caminé por el largo muelle que se adentraba en el mar y me senté en el tope del bolardo al final.

Al mirar hacia atrás, podía ver todo el barrio de Tanabamachi.

El bosque seguía hasta el lado izquierdo de la isla, y la ‘torre blanca del faro’ apenas se veía.

De esta manera establecí el encuadre. Decidí representar la isla en su totalidad, con el faro incluido.

Shinbashi-san se encontraba de pie, ligeramente detrás y en diagonal, contemplando el dibujo. A nuestro alrededor resonaban de forma alternada el suave murmullo del oleaje y el nítido sonido del lápiz sobre el papel.

Shinbashi: - ¿Es divertido dibujar?

Ōsaki: - No tengo emociones particulares al respecto. Lo hago con la intención de mantener la mente en calma.

Shinbashi: - Entonces, ¿soy un estorbo por hablarle así?

Ōsaki: - No, para nada. Le agradezco que me haga compañía y converse conmigo.

Ōsaki: - No deseo que pensamientos innecesarios me asalten durante los momentos de inactividad, por eso simplemente estoy haciendo un boceto.

Shinbashi: - Se parece casi a una práctica del budismo esotérico.

De algún modo, él se mostró excesivamente expresivo, rebosante de admiración.

Shinbashi: - Mientras los budistas crean mándalas con el propósito de alcanzar la iluminación, usted dibuja para distraer la mente y mantenerla en calma.

Ōsaki: - Creo que el propósito es el mismo.

Shinbashi: - Esta isla es demasiado silenciosa… así que es una suerte que tenga algún medio para distraerse.

Ōsaki: - Shinbashi-san, ¿en qué trabaja usted?

Shinbashi: - Soy escritor, escribo algunos guiones para teatro. Para alguien como yo, este silencio es perfecto para que surja la inspiración…

Shinbashi: - Al principio pensaba de esa manera. Sin embargo, cuando me encuentro estancado, sin algún tipo de estímulo no consigo disipar los bloqueos mentales.

Shinbashi: - Es por ello que he decidido hacerle compañía y salir a distraerme un poco.

Recordé que el nombre de Shinbashi-san figuraba en la primera entrada del libro de registro de la posada.

Y de pronto, vino a mi memoria también el recuerdo de los dos hombres que había encontrado en la pendiente.

Seguramente se encontraban en la otra posada, llamada ‘Yaegaki’.

Ōsaki: - ¿Ya ha conocido a la gente de Yaegaki?

Shinbashi: - Parece que llegaron antes que yo. Los vi de lejos, pero aún no los he saludado. Ir expresamente a hacerlo se me hace un poco incómodo.

De improviso, al dirigirle una mirada de soslayo, nuestras miradas se encontraron.

No estaba contemplando mi boceto, sino que parecía haber estado observando mi perfil.

Luego, como si dejara flotar la mirada hasta mis manos, dejó escapar un ‘ah…’ deliberadamente afectado. Prácticamente había concluido el boceto preliminar.

Shinbashi: - Es muy bueno.

Ōsaki: - Es algo simple. Con solo enlazar formas triangulares y cuadradas, se puede reconocer como un poblado.

Shinbashi: - No sea tan modesto. Incluso el cubismo se fundamenta en principios teóricos.

Ōsaki: - Estudié arquitectura en la universidad. Creo que tengo facilidad para sintetizar y representar los puntos esenciales de una estructura.

De este modo, añadí mis propias impresiones al historial de Daiba Shizuma.
—Hm… —musitó Shinbashi-san, con un dejo de admiración.

Shinbashi: - Daiba Construcciones… lo conozco bien.

Sentí un leve estremecimiento en el pecho.

En aquel instante… al sustituir el lápiz por el pincel de acuarela, parecía que la máscara que llevaba comenzaba a caer.

Ōsaki estaba a punto de mostrar su verdadero yo.

Sin embargo, por su comentario, todo se tensó de inmediato…

Shinbashi: - Lo recordé.

Shinbashi: - Hace dos años, envié una solicitud de préstamo para uno de los edificios que usted posee.

Shinbashi: - Se trata del salón de baile en Nihonbashi. Aunque actualmente parece haber reabierto, en aquel tiempo estaba sujeto a restricciones por parte de las autoridades sobre negocios de entretenimiento. En esencia, deseaba hacer uso del local desocupado como escenario.

Ōsaki: - Disculpe. No tenía conocimiento de ello. En aquel momento no estaba implicado en esas labores…

Shinbashi: - Es natural que no lo supiera. El proyecto se vino abajo cuando la protagonista falleció.

‘Falleció’… en aquel instante, su inusual lenguaje respetuoso me resultó adecuado a la situación.

Shinbashi: - Se tenía previsto que Ōe-san fuera parte del elenco.

Fingí no prestar atención. Tracé agua sobre el papel y añadí el color celeste al cielo

Shinbashi: - Ella sentía un gran aprecio por mis guiones. Fue a través de esa conexión que me presenté en esta ceremonia conmemorativa.

Con otro pincel seco, absorbí el color, lo retiré y tracé nubes blancas.

Del mismo modo que ese movimiento del pincel, formulé mi pregunta con total serenidad.

Ōsaki: - Shinbashi-san… ¿podría decirme su nombre como guionista?

Shinbashi: - …….

Hace dos años… en otras palabras, resulta difícil creer que un joven de apenas veinte años pudiera hacer un encargo a Ōe An.

Puede haber quienes posean talento desde temprana edad, pero son pocos los que logran aprovechar la oportunidad.

Al no estar versado en ese ámbito, no puedo afirmarlo con certeza, pero es probable que el Shinbashi-san sea una figura de renombre.

Y considerando a Daiba Shizuma, del sector de la construcción, no es improbable que volvamos a cruzarnos en el futuro…

Dejé el pincel y aguardé a que el color del cielo secara. No, más bien fingí hacerlo; me afirmé en mi postura y, clavando la mirada en su único ojo, hablé con claridad.

Ōsaki: - Tengo interés en usted.

Como Daiba Shizuma, es algo que debo conocer.

Shinbashi: - Jejeje, dice cosas que alegran.

Shinbashi: - Considerando los lazos que podamos tener en el futuro, tal vez podría revelárselo a usted, Daiba-san.

Shinbashi: - Porque, al igual que ocurre con el dibujo, considero que quienes poseen inclinaciones creativas tienden, en su mayoría, a ser buenas personas.

Shinbashi: - Independientemente de que adopten una forma tangible o intangible, las obras reflejan fielmente los deseos de su autor; por ello, no es labor que pueda desempeñar un mentiroso.

Ōsaki: - ……

Shinbashi: - Por ello, depositaré mi confianza en usted y se lo revelaré.

De improviso, aproximó su rostro.

Shinbashi: - ¿Usted también confiará en mí?

Ōsaki: - ¿Confiar …?

Shinbashi: - Tanto como usted y yo, queremos preguntar algo el uno al otro ¿no?

De haber tenido lugar esta conversación en el pasillo de la posada, sin duda él habría estado pendiente de su entorno y habría hablado en voz baja.

Pero aquí, al final del muelle… rodeados por el mar, estamos completamente solos. No hay nadie más que pueda oírnos.

Seguramente… él había estado esperando este momento desde el principio.

Entonces, abrió los ojos… y dejó que su poder brillara con audacia.

Shinbashi: - ¿El nombre que estaba escrito en la invitación… de quién era?

Shinbashi: - Si decides confiar en mí… yo también te diré mi verdadero nombre.

Su voz tenía un tono casi hipnótico. Lástima… no soy del tipo que cae en trucos de hipnosis.

De repente, empezó a actuar de manera sospechosa… parecía un cobrador de deudas desconocido, como si, tras dar un fuerte golpe, se asomara torpemente por la cerradura.

Me quedé en silencio, y él tosió una sola vez.

Shinbashi: - De acuerdo, cambiare la pregunta.

Shinbashi: - Aunque sea uno… por favor, dígame si reconoce a algún invitado.

Shinbashi: - ¡Así es! ¡Aunque sea solo uno!

Ōsaki: - Ariake-san.

Shinbashi: - ¡Ariake-san!

Su lado salvaje emergió, y se acercó con respiración agitada.

Shinbashi: - ¿Esa persona es cruel? ¿Es vil? ¿Es despiadada?

Es una serie de palabras peligrosas; uno puede imaginar que en su diccionario habitual se alinean tales expresiones.

Y en cuanto al propio Araki-san, pensó que él era un hombre sin relación con ellas.

Ōsaki: - Es sencillo… y tiene un aire alegre e inocente.

Shinbashi: - ¿I-inocente…?

Ōsaki: - Si tuviera que elegir… diría que le va mejor estar en una ceremonia de boda.

Esa fue la impresión que tuve de Ariake-san al interactuar con él.

Ríe mucho, se disculpa con facilidad y se sonroja con frecuencia… Que trabaje en una funeraria resulta sorprendente. Por naturaleza, alguien como él encajaría mejor en una panadería, por ejemplo.

Shinbashi: - ¡E-¡El nombre de esa persona tan inocente estaba en tu invitación, ¿verdad?!

Ōsaki: - No. Perdí mi invitación.

Shinbashi: - ¿Ha?

Ōsaki: - Ariake-san es la persona con la que me encontré hoy en Hachijō-jima. Me preguntó si conocía a algún invitado… y eso fue lo que le respondí.

Shinbashi: - …….

Ōsaki: - Parece que él es fan de Ōe-san. Por favor… cuéntele su historia.

Shinbashi: - …….

Ōsaki: - …….

Shinbashi: - …….

Ōsaki: - ¿Shinbashi-san?

Me quedé mirando su único ojo. Me pregunté qué era lo que lo hacía parecer un animal… y entonces entendí: estaba en sus pequeñas y desconfiadas pupilas.

Pero, al mismo tiempo, no podía descifrar qué pensaba, qué le causaba asombro, o qué exactamente estaba observando en mí.

No quería simplemente apartar la mirada, así que lo enfrenté con toda mi sinceridad.


Y de repente… dibujó una leve sonrisa amarga.

Shinbashi: - Ah… qué pena. Termina comportándose así.

Ōsaki: - ¿?

Shinbashi: - Entiendo. Realmente es una pena.

Shinbashi: - Pensé que nos estábamos llevando bien, pero …

Shinbashi-san se dio media vuelta y se alejó rápidamente.

Como si hubiera venido solo y ahora se marchara solo… no volvió la vista ni una sola vez.

Ni siquiera se quedó a ver terminar el boceto que tanto había elogiado…

Ōsaki: - …….

¿Qué es lo que quería saber Shinbashi-san?

La pregunta de ‘¿el nombre de quién estaba escrito en la invitación?’ no tenía ningún sentido.

Revisé la invitación de Ariake-san, pero solo indicaba cómo llegar a Ōejima y el lugar donde hospedarse.

Supongo que la invitación de Daiba Sahee también seguirá el mismo formato… pero ¿habrá algo más?

Y al final… ni siquiera logré saber el nombre de autor de Shinbashi-san.

Sin embargo, incluso si es solo una suposición, si se firmó un contrato con Daiba, puede que queden registros de las comunicaciones.

En cuanto regrese a Tokio, será necesario pedirle a Shizuma-san que lo investigue…

Y así, el paisaje quedó terminado.

Al cerrar el cuaderno antes de que la pintura se secara del todo, sentí que había logrado representar bien la simetría de la isla.

Mientras la pintura se secaba, regresé a la posada.

Tal como decía el alojamiento, al final de la calle había un templo, blanqueado por la luz intensa del sol.

Me dirigí hacia él y seguí caminando sin detenerme. Es un camino de grava dura… seco y abrasado por el sol, como si los pies fueran a resbalar en cualquier momento.

De camino, pasé frente a otra posada, Yaegaki.

Me asomé al interior, pero no había nadie a quien saludar. Así que volví a encaminarme hacia el templo.

Al llegar a la puerta principal y mirar atrás… frente a aquel paisaje silencioso, me di cuenta de lo agitada que estaba mi respiración. Era una cuesta más empinada de lo que esperaba…

Aun así… el mar tenía un hermoso tono azul lapislázuli. Sin pensarlo, tomé el pincel de inmediato.

Tal como decía Shinbashi-san, los bocetos debían ser una especie de mandala llamado “pasatiempo”.

Pero ahora… me había invadido una extraña urgencia: la de querer llevarme este paisaje conmigo…

TRADUCCIÓN: SAKURADA DI



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