Shizuma: - No se preocupe, el cliente no me conoce.
Shizuma habló deprisa, superponiéndose
a mis palabras. Al parecer, ya tenía previstas todas mis dudas.
Shizuma: - La invitación estaba
dirigida a mi padre. No sé quiénes asistirán, pero ni esas personas ni el
anfitrión tienen ningún trato previo conmigo.
Ōsaki: - ¿Existe la posibilidad de que
se hayan visto antes, en el funeral del señor Sahee?
Shizuma: - El funeral de mi padre se
celebró de manera privada.
Shizuma: - Y el poder decir con
seguridad que no me conocen también se debe a que, hasta ahora, mi padre me
había mantenido al margen de los asuntos de la empresa…
Shizuma: - Ni siquiera nuestros propios
directivos, y mucho menos los clientes, saben quién soy.
Shizuma: - Ahora mismo estoy bastante
perdido con el proceso de sucesión, la verdad…
En la última frase, Shizuma-san dejó
traslucir claramente una risa fría.
Shizuma: - Así que quédese tranquilo.
Mientras usted afirme sin titubear que es “Daiba Shizuma”, no habrá nadie que
lo dude.
Ōsaki: - ¿Y qué pasará después? Si
usted llega a reencontrarse en el continente con las personas que conozca en el
servicio memorial…
Shizuma: - Por eso precisamente se le
pido hacer esto a usted, que se parece tanto a mí.
Se acomodó el flequillo y, con un
rostro idéntico al mío, esbozó una sonrisa.
Es cierto: mientras no haya un interés
especial, la gente no suele recordar bien el rostro de los demás; así funciona.
Con ponerse o quitarse las gafas y
cambiarse el peinado, uno puede parecer fácilmente otra persona, y si alguien
se presenta con total naturalidad, lo más común es creer que realmente se trata
de esa persona. Pero aun así, si es completamente distinto, lo descubrirán.
Por suerte, Shizuma-san y yo nos
parecíamos mucho.
Rasgos del rostro, tipo de cabello,
anchura de los hombros… él fue enumerándolos con la mirada y se alegró, como si
estuviera comparando dos imágenes que encajaban a la perfección.
Shizuma: - ¿Cuánto mide?
Ōsaki: - Mido seis shaku. (Esta
es una unidad de medida en el idioma japonés tradicional, la cual equivale a
30,3 centímetros por cada unidad. Por lo cual, estaría midiendo 1.82 cm).
Shizuma: - Entonces, hagamos arreglos
con mi ropa. Justo tengo un traje de luto nuevo, recién estrenado.
Ōsaki: - ……
Shizuma: - ¡jajajaja!
Un traje de luto que habría conseguido
porque su padre había muerto.
Shizuma: - ¡Jajajaja! Es solo una
broma, puede reírse.
Ōsaki: - ……
Shizuma: - ¡jajaja!
Ōsaki: - ……
Shizuma: - Porque, ya ve, la tristeza
solo se puede contrarrestar con risas. Bueno, ¿quizá eso fue un poco
irrespetuoso? Jajaja…
Ōsaki: - ……
Shizuma: - ¡jaja!
Ōsaki: - Perdón, es que por naturaleza
no se me da bien sonreír.
Shizuma: - ¿Y eso por qué?
Ōsaki: - No lo sé.
Shizuma: - ¡¿No lo sabe?! Jajaja
Ōsaki: - ……
Shizuma: - «Por este asunto me he
reunido con muchos detectives, y parece que todos ustedes son gente
interesante.
Shizuma: - En especial usted …
Ōsaki: - ¿Esta bien que le haga
preguntas también?
Shizuma: - Ah, sí. Lo siento, hablo
mucho.
Ōsaki: - Entonces …
Enderezó la postura y se acomodó el
cabello, pero en sus labios se dibujó una sonrisa torcida, algo maliciosa.
Para suplantar a una persona, hay que
conocerla a fondo.
Cumpleaños, tipo de sangre,
escolaridad, estado civil. Se lo pregunté todo con todo detalle.
Shizuma-san respondió con claridad. Tal
vez porque le gustaba hablar, o quizá por su carácter, se ofrecía a sí mismo
con soltura y sin que hiciera falta indagar demasiado.
Lo anoté todo en mi cuaderno, sin dejar
nada fuera.
Su fecha de nacimiento es el primero de
octubre de 1927. Tiene 27 años de edad. Su tipo de sangre es O.
Su carrera universitaria es
arquitectura japonesa.
El encuentro con su esposa fue en un
taller de pintura…
Cuando quizá ya se había llenado una
página del cuaderno, estiré el cuerpo que tenía inclinado sobre el escritorio y
solté un suspiro.
Ōsaki: - Muchas gracias.
Shizuma: - Bueno, ¿alguna otra
pregunta?
Ōsaki: - Por favor, infórmeme sobre la
causa de la muerte del señor Sahee. Responderé cuando me lo pregunten.
Shizuma: - Ah, eso… ¿qué hacemos? ¿Lo
dejamos en algo como agotamiento por el calor del verano…?
Ōsaki: - ¿Y el médico a cargo, qué
dice?
Shizuma: - No ha dicho nada en
concreto.
Shizuma: - Los síntomas consistían en
rigidez de las extremidades y tos seca. En un primer momento se consideró la
posibilidad de reumatismo, pero la progresión fue inusualmente rápida…
Shizuma: - Bueno, lo pensaré para la
próxima vez que nos veamos. ¿Algo más?
Ōsaki: - ……
Shizuma: - Adelante, no se contenga.
Ōsaki: - Es sobre un asunto muy
importante …
Shizuma: - ¿?
Shizuma cambió de expresión y tragó
saliva.
Ōsaki: - En caso de que le ofrezcan un
cigarrillo…
Shizuma: - ¿Eh?
Ōsaki: - ¿Usted cómo lo manejaría,
Shizuma-san?
Shizuma: - ¿Eh? Adelante, acéptelo, por
favor.
Encerré en un círculo la palabra
“cigarrillo”. Él estalló en risa. Cuando aparté los ojos del cuaderno, se había
recompuesto con descaro y reía abiertamente.
Shizuma: - Veo que le gusta fumar. No
esperaba que usted también tuviera sus pequeños gustos personales. Ja, ja…
perdone.
Como no creía haber dicho nada extraño,
fui incapaz de reír con él. Hice como si mirara el cuaderno, cuando en realidad
mantenía la vista baja.
Shizuma: - ¿Tiene algún pasatiempo?
Ōsaki: - ……
Shizuma: - ……
Ōsaki: - ……
Shizuma: - ……
Ōsaki: - ¿Esa pregunta era para mí?
Shizuma: - Sí, así es. ¿Hay alguien más
aquí?
Shizuma: - Pensé en querer llevarme
bien con usted.
Ōsaki: - ……
Al quedarme callado, no sé por qué,
hasta los pasos del camarero y el murmullo del lugar se fueron apagando en la
distancia.
Dentro de aquel silencio, Shizuma-san
tenía la mirada clavada en mis labios.
Shizuma: - No lo tome a mal, pero desde
hace tiempo siempre he tenido el deseo de ser un hermano mayor.
Shizuma: - Al verle tan parecido a mí,
me vinieron a la mente esos sentimientos.
Este año cumplo 23, y Shizuma tiene 27.
Como él aparenta ser más joven, podríamos incluso hacernos pasar por hermanos
con apenas unos años de diferencia.
En algún momento, sin que me diera
cuenta, había aparecido en su rostro esa sonrisa genuinamente traviesa.
No me gusta hablar de mí mismo; no le
beneficia a nadie, y pienso que la mayoría de las tonterías que la gente hace
suceden cuando hablan de más.
Dicen que el silencio es oro y la
elocuencia, plata.
Aun así, el hecho de estrechar la
relación con Shizuma-san era una buena oportunidad para descubrir cómo era
realmente, y lo consideré un beneficio.
Sin embargo, no recordaba bien qué me
había preguntado… ¿Sobre mis pasatiempos? Reflexioné con calma antes de dar una
respuesta…
Ōsaki: - Mi pasatiempo es pintar.
Shizuma: - Es una persona creativa.
Ōsaki: - Son solo bocetos. Dibujos de
lo que veo tal como lo veo, nada interesante.
Shizuma: - ¿Qué hay del modelo?
Ōsaki: - No dibujo a la gente. Me
siento en la orilla y retrato los paisajes de la ciudad.
Shizuma: - ¡¿La orilla?! ¿Eh? ¿¡La
ribera!?
Ōsaki: - ¿?
Shizuma: - ¿¡La ribera donde los perros
hacen caca por todas partes!?
Ōsaki: - …….
Shizuma: - Heeeh.
Quizá a Shizuma-san le cueste aceptar
esto.
En lugares públicos, la forma en que
una persona se refiere a los excrementos —ya sea “caca” o “heces”— dice
bastante sobre cómo es.
En esta ocasión, ha sido realmente
horrible.
Shizuma: - Los paisajes son tan
sencillos y agradables…
Shizuma: - La verdad es que yo también
pinto. Yo trabajo con óleo y retrato personas. ¿Y usted? ¿Se dedicas al óleo?
Ōsaki: - Eso no es para mí en absoluto.
Shizuma: - Si te sirve, te puedo dar
algunos de mis materiales de pintura. He estado tan ocupado que no he tenido
tiempo personal últimamente.
Ōsaki: - No, gracias. Para eso también
haría falta un espacio donde desplegar los materiales de pintura.
Shizuma: - De verdad que es muy
reservado. Si quiere, cuando volvamos a la isla lo invito a mi estudio.
Siéntase libre de usarlo.
Ōsaki: - ……
Shizuma: - Es verdad, pintemos algo
juntos. Dicen que en el extranjero no es raro que un paisajista y un retratista
colaboren.
Ōsaki: - ……
Shizuma: - Dios, lo espero con emoción.
Ya va siendo hora de dar por terminado
esto. Después de todo, no se me dan bien las charlas triviales.
No es que carezca de interés por el
otro, sino que no deseo involucrar mis sentimientos.
Ōsaki: - Tengo entendido que existe
otra solicitud distinta a la de la asistencia como representante.
Levantó las cejas, como si de pronto lo
recordara. —Ah…
Apoyó uno de los brazos en la mesa y se
inclinó, acercando su rostro al mío.
Cuando presté oído a su voz susurrante,
nuestros cuerpos se aproximaron casi sin darnos cuenta.
Shizuma: - Tengo entendido que se
especializa en la elaboración de retratos hablados.
Shizuma: - Si puede dibujar tal cual a
partir de las características que escucha, entonces lo que ve con sus propios
ojos debería poder plasmarlo de forma aún más realista, ¿no?
Ōsaki: - Si.
Shizuma: - Me gustaría que hiciera un
retrato del rostro del solicitante.
Ōsaki: - ¿No conoce al solicitante?
Shizuma: - No. Precisamente por eso
puedo asegurar que la otra parte tampoco me conoce.
Ōsaki: - ¿Cuál es el nombre del
solicitante?
Shizuma: - Bueno, no lo sé.
Lo soltó con aspereza.
Luego carraspeó una vez y volvió a
fruncir el ceño con gesto inquieto. Era una actuación: una pose de apuro
destinada a despertar compasión. En realidad, lo que ocultaba, pensé, era
desconfianza hacia el solicitante.
Shizuma: - La invitación iba dirigida a
mi padre, pero yo también revisé su contenido. Después de copiar en el cuaderno
el lugar y la fecha…
Shizuma: - Mi padre terminó perdiendo
la carta, quién sabe en qué sitio.
Shizuma: - Lo único que recuerdo con
certeza es el lugar, la fecha y la hora, y el nombre del fallecido. Había otras
cosas escritas, pero no logro recordarlas…
Ōsaki: - ¿Cuál es el nombre del
difunto?
Shizuma: - Es Ōe An.
Shizuma: - Probablemente el solicitante
sea familiar del difunto.
Entonces sacó unos papeles. Era una
copia de la invitación, redactada por él, Daiba Shizuma.
Ubicación: Ōejima. Fecha: 23 de
septiembre. Fallecido: Ōe An. Era sumamente concisa y sencilla.
La tomé y la guardé entre las páginas
del cuaderno.
Ōsaki: - De acuerdo.
Ōsaki: - Por hoy es todo. Tengo
previsto volver a contar con su tiempo en septiembre; para entonces tendré
preparadas las preguntas.
Justo en ese momento se me acabó la
bebida.
Ōsaki: - La cuenta ….
Shizuma: - No se moleste, yo me encargo
de ella.
Shizuma: - Siento no poder despedirme
como corresponde, aun cuando haya hecho el esfuerzo de venir. A continuación,
tengo otra reunión aquí.
Ōsaki: - Por eso eligió este lugar.
Shizuma: - Así es, con un arquitecto
procedente de Estados Unidos. Se trata de un proyecto de gran envergadura.
Ōsaki: - Se ven nubes de tormenta, así
que probablemente llueva otra vez por la tarde.
Shizuma: - Eso sí que es una buena
noticia. Tendré que conseguir un paraguas en algún sitio antes de volver.
Shizuma: - No… de todos modos, quizá
termine quedándome a pasar la noche…
Ōsaki: - Si me disculpa, me retiro.
Nos levantamos y nos despedimos con una
inclinación de cabeza. Me fui del hotel sin mirar atrás.
En pleno centro, la ausencia de viento
hacía que el calor se sintiera aún más sofocante. Llegué así a la estación de
Hibiya y tomé asiento junto a la ventana de una cafetería cualquiera.
Mientras esperaba el café, abrí la
libreta y volví a revisar lo ocurrido hacía un momento.
Sin embargo, me costaba concentrarme…
Lo extraño era que el difunto Daiba Sahee no hubiera rechazado asistir, sino
que hubiera pedido que enviaran a un representante en su lugar.
Y la manera indiferente con la que
Shizuma-san hablaba del difunto, una persona llamada Ōe An…
No parecía albergar el menor atisbo de
afecto.
La “asistencia por delegación” era la
condición para heredar la casa Daiba. ¿Por eso estaba tan desesperado por
encontrar a alguien… o fue una ligereza fingida?
Tengo la sensación de que hay algo
importante que se me oculta. Sobre todo, me inquieta que Daiba Sahee haya
“perdido la invitación”. La familia Daiba tenía una oscuridad difícil de
ignorar.
Cerré la libreta y pronuncié su nombre
una y otra vez: Daiba Shizuma.
Aunque estaba a punto de convertirme en
ese hombre, no lograba asimilarlo como algo verdaderamente mío.
Nunca antes me habían hecho un encargo
así, y creía tener la capacidad para cumplirlo. Pero ahora sentía una inquietud
indefinida.
¿Seré capaz? No, tengo que llegar a
serlo.
La incertidumbre se siente enorme
precisamente porque es borrosa. En cuanto enfocas la mirada y dejas al
descubierto siquiera el contorno de esa inquietud, la experiencia te dice que
deja de ser gran cosa. Para eso, todavía hay tiempo de sobra.
Cuando trajeron el café helado y bebí
un sorbo, comprendí que el sudor que me empapaba no era culpa del calor.
La ventaja del café es que, en
cualquier local, suele saber más o menos igual. Pero un comentario así
seguramente también resultaría descortés, así que, al final, lo mejor es
atenerse al oro del silencio…
……………………………………………………………………………………………………………..
Septiembre.
La segunda reunión fue una tarde de
septiembre. El lugar señalado era una cafetería en Shibuya.
La ventana daba a un callejón estrecho
con poco tránsito. Un disco lleno de ruido amortiguaba lo justo las
conversaciones de cada mesa.
Yo me senté superficialmente en el sofá
profundo. Shizuma-san hizo lo mismo; ligeramente encorvado, encendía un
cigarrillo.
Shizuma: - Fumar un cigarrillo mientras
se escucha jazz… es un rato bastante elegante, ¿no cree? Es uno de mis lugares
favoritos.
Shizuma: - Adelante, tome uno también.
Acepté el cigarrillo que me ofreció.
Acercó la llama de la cerilla que le había sobrado y, casi con reverencia, me
permitió encenderlo.
Desde la comisura levantada de sus
labios dejó escapar el humo violáceo, difundiendo un aroma.
Shizuma: - Pero me alegra mucho que
haya venido. Desde aquel día he estado intranquilo, temiendo que me rechazara.
Shizuma: - Hacerse pasar por otra
persona es una petición inmoral… dígame, sinceramente, ¿qué piensa usted al
respecto?
Ōsaki: - Creo que es un trabajo que
consiste en acompañar el corazón del cliente. Desde el principio, no dejo que
intervengan sentimientos personales.
Shizuma: - ¿Entonces, está acostumbrado
a recibir encargos así?
Ōsaki: - Interpretar un papel es algo
que ocurre con frecuencia.
Ōsaki: - Cuando se trata de buscar a
una persona, a veces me hago pasar por alguien del vecindario del desaparecido
o incluso por un policía para recabar información.
Shizuma: - Al oír eso me quedo más
tranquilo. Entonces, cuénteme un poco más en detalle…
Él sacó una fotografía.
Shizuma: - Ōe An, la conoce ¿verdad?
Ōsaki: - ……
Shizuma: - Es su tercer aniversario
desde su fallecimiento.
Actriz, Ōe An.
En un programa de radio donde
aficionados mostraban su talento cantando, ella apareció de manera
deslumbrante.
A pesar de su juventud, su voz, con un
toque de melancolía, cautivó a todos, y en poco tiempo fue aclamada como una
actriz de gran popularidad.
Sin embargo, actrices como ella
aparecen casi cada año y desaparecen sin que nadie se dé cuenta. Ōe An también
es una de ellas… o así era.
Aunque no estuviera muy familiarizado
con el entretenimiento popular, nunca pude olvidarla, porque murió siendo joven
y la causa de su muerte fue un «suicidio».
Su muerte repentina conmocionó a la
sociedad, que en medio de los indicios de recuperación se mostraba llena de
entusiasmo.
A nadie le resultaba fácil comprender
el hecho de que una joven de 18 años hubiera puesto fin a su propia vida, sea
cual fuera la razón.
Todas las especulaciones torpes
resultaban desacertadas, y los rumores fueron poco a poco apagándose. Ōe An
estaba viva en a foto.
Shizuma: - Fue durante el rodaje de una
película que, al prestar la casa, mi padre la conoció.
Shizuma: - Esta fotografía estaba
guardada en un cajón del escritorio de mi padre.
Shizuma: - Supongo que la miraba de vez
en cuando… A su edad, creo que estaba enamorado en secreto.
Bajo la palmera, hay un hombre y una
mujer. El anciano señor Daiba Sahee ríe animadamente. Es difícil creer que sea
la misma persona en sus últimos momentos.
Era una foto casual, con la cercanía de
un abuelo y su nieto, y parecía guardar el aroma del verano.
Shizuma: - Creo que en el tercer
aniversario de la muerte de Ōe-san asistirán conocidos de mi padre. Sin
embargo, como ya les mencioné el otro día, no hay nadie que me conozca a mí.
Ōsaki: - ¿Y qué hay del otro funeral?
Shizuma: - ¿Eh?
No me agradaba el característico aroma
dulce de los cigarrillos Peace, así que lo dejé sobre el borde del cenicero.
Ōsaki: - Parece que su “hermano mayo”,
falleció hace dos años.
Shizuma: - Como era de esperar de un
detective, ha investigado hasta ese punto. Tal como dice, tuve un hermano
llamado ‘Sakiyo’.
Ōsaki: - En el funeral de su hermano,
¿no habrá alguien que lo recuerde a usted?
Shizuma: - El funeral de mi hermano fue
privado.
Ōsaki: - …..
Me quedé en silencio y solo levanté la
vista. Shizuma-san, de aguda intuición, pareció percibir al instante qué era lo
que me generaba dudas.
Shizuma: - Que el funeral de mi padre
fuera simple fue por su propia indicación. Desde siempre, mi padre era un
hombre que no hacía amigos y hasta desconfiaba de su propia familia.
Shizuma: - Mi hermano era distinto. Era
alguien amado y respetado por los demás. Sin embargo, que se realizara en
privado fue debido a…
Shizuma: - Que la muerte de mi hermano
fue sospechosa de haber sido un homicidio.
Shizuma-san frunció el ceño, sin
mostrarse indignado, sino con un gesto de impotencia.
TRADUCCIÓN: SAKURADA DI
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