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domingo, 12 de abril de 2026

Ooe (Ruta Común) #02

Shizuma: - No se preocupe, el cliente no me conoce.

Shizuma habló deprisa, superponiéndose a mis palabras. Al parecer, ya tenía previstas todas mis dudas.

Shizuma: - La invitación estaba dirigida a mi padre. No sé quiénes asistirán, pero ni esas personas ni el anfitrión tienen ningún trato previo conmigo

Ōsaki: - ¿Existe la posibilidad de que se hayan visto antes, en el funeral del señor Sahee?

Shizuma: - El funeral de mi padre se celebró de manera privada.

Shizuma: - Y el poder decir con seguridad que no me conocen también se debe a que, hasta ahora, mi padre me había mantenido al margen de los asuntos de la empresa…

Shizuma: - Ni siquiera nuestros propios directivos, y mucho menos los clientes, saben quién soy.

Shizuma: - Ahora mismo estoy bastante perdido con el proceso de sucesión, la verdad…

En la última frase, Shizuma-san dejó traslucir claramente una risa fría.

Shizuma: - Así que quédese tranquilo. Mientras usted afirme sin titubear que es “Daiba Shizuma”, no habrá nadie que lo dude.

Ōsaki: - ¿Y qué pasará después? Si usted llega a reencontrarse en el continente con las personas que conozca en el servicio memorial…

Shizuma: - Por eso precisamente se le pido hacer esto a usted, que se parece tanto a mí.

Se acomodó el flequillo y, con un rostro idéntico al mío, esbozó una sonrisa.

Es cierto: mientras no haya un interés especial, la gente no suele recordar bien el rostro de los demás; así funciona.

Con ponerse o quitarse las gafas y cambiarse el peinado, uno puede parecer fácilmente otra persona, y si alguien se presenta con total naturalidad, lo más común es creer que realmente se trata de esa persona. Pero aun así, si es completamente distinto, lo descubrirán.

Por suerte, Shizuma-san y yo nos parecíamos mucho.

Rasgos del rostro, tipo de cabello, anchura de los hombros… él fue enumerándolos con la mirada y se alegró, como si estuviera comparando dos imágenes que encajaban a la perfección.

Shizuma: - ¿Cuánto mide?

Ōsaki: - Mido seis shaku. (Esta es una unidad de medida en el idioma japonés tradicional, la cual equivale a 30,3 centímetros por cada unidad. Por lo cual, estaría midiendo 1.82 cm).

Shizuma: - Entonces, hagamos arreglos con mi ropa. Justo tengo un traje de luto nuevo, recién estrenado.

Ōsaki: - ……

Shizuma: - ¡jajajaja!

Un traje de luto que habría conseguido porque su padre había muerto.

Shizuma: - ¡Jajajaja! Es solo una broma, puede reírse.

Ōsaki: - ……

Shizuma: - ¡jajaja!

Ōsaki: - ……

Shizuma: - Porque, ya ve, la tristeza solo se puede contrarrestar con risas. Bueno, ¿quizá eso fue un poco irrespetuoso? Jajaja…

Ōsaki: - ……

Shizuma: - ¡jaja!

Ōsaki: - Perdón, es que por naturaleza no se me da bien sonreír

Shizuma: - ¿Y eso por qué?

Ōsaki: - No lo sé.

Shizuma: - ¡¿No lo sabe?! Jajaja

Ōsaki: - ……

Shizuma: - «Por este asunto me he reunido con muchos detectives, y parece que todos ustedes son gente interesante.

Shizuma: - En especial usted …

Ōsaki: - ¿Esta bien que le haga preguntas también?

Shizuma: - Ah, sí. Lo siento, hablo mucho.

Ōsaki: - Entonces …

Enderezó la postura y se acomodó el cabello, pero en sus labios se dibujó una sonrisa torcida, algo maliciosa.

Para suplantar a una persona, hay que conocerla a fondo.

Cumpleaños, tipo de sangre, escolaridad, estado civil. Se lo pregunté todo con todo detalle.

Shizuma-san respondió con claridad. Tal vez porque le gustaba hablar, o quizá por su carácter, se ofrecía a sí mismo con soltura y sin que hiciera falta indagar demasiado.

Lo anoté todo en mi cuaderno, sin dejar nada fuera.

Su fecha de nacimiento es el primero de octubre de 1927. Tiene 27 años de edad. Su tipo de sangre es O.

Su carrera universitaria es arquitectura japonesa.

El encuentro con su esposa fue en un taller de pintura…

Cuando quizá ya se había llenado una página del cuaderno, estiré el cuerpo que tenía inclinado sobre el escritorio y solté un suspiro.

Ōsaki: - Muchas gracias.

Shizuma: - Bueno, ¿alguna otra pregunta?


Ōsaki: - Por favor, infórmeme sobre la causa de la muerte del señor Sahee. Responderé cuando me lo pregunten.

Shizuma: - Ah, eso… ¿qué hacemos? ¿Lo dejamos en algo como agotamiento por el calor del verano…?

Ōsaki: - ¿Y el médico a cargo, qué dice?

Shizuma: - No ha dicho nada en concreto.

Shizuma: - Los síntomas consistían en rigidez de las extremidades y tos seca. En un primer momento se consideró la posibilidad de reumatismo, pero la progresión fue inusualmente rápida…

Shizuma: - Bueno, lo pensaré para la próxima vez que nos veamos. ¿Algo más?

Ōsaki: - ……

Shizuma: - Adelante, no se contenga.

Ōsaki: - Es sobre un asunto muy importante …

Shizuma: - ¿?

Shizuma cambió de expresión y tragó saliva.

Ōsaki: - En caso de que le ofrezcan un cigarrillo…

Shizuma: - ¿Eh?

Ōsaki: - ¿Usted cómo lo manejaría, Shizuma-san?

Shizuma: - ¿Eh? Adelante, acéptelo, por favor.

Encerré en un círculo la palabra “cigarrillo”. Él estalló en risa. Cuando aparté los ojos del cuaderno, se había recompuesto con descaro y reía abiertamente.

Shizuma: - Veo que le gusta fumar. No esperaba que usted también tuviera sus pequeños gustos personales. Ja, ja… perdone.

Como no creía haber dicho nada extraño, fui incapaz de reír con él. Hice como si mirara el cuaderno, cuando en realidad mantenía la vista baja.

Shizuma: - ¿Tiene algún pasatiempo?

Ōsaki: - ……

Shizuma: - ……

Ōsaki: - ……

Shizuma: - ……

Ōsaki: - ¿Esa pregunta era para mí?

Shizuma: - Sí, así es. ¿Hay alguien más aquí?

Shizuma: - Pensé en querer llevarme bien con usted.

Ōsaki: - ……

Al quedarme callado, no sé por qué, hasta los pasos del camarero y el murmullo del lugar se fueron apagando en la distancia.

Dentro de aquel silencio, Shizuma-san tenía la mirada clavada en mis labios.

Shizuma: - No lo tome a mal, pero desde hace tiempo siempre he tenido el deseo de ser un hermano mayor.

Shizuma: - Al verle tan parecido a mí, me vinieron a la mente esos sentimientos.

Este año cumplo 23, y Shizuma tiene 27. Como él aparenta ser más joven, podríamos incluso hacernos pasar por hermanos con apenas unos años de diferencia.

En algún momento, sin que me diera cuenta, había aparecido en su rostro esa sonrisa genuinamente traviesa.

No me gusta hablar de mí mismo; no le beneficia a nadie, y pienso que la mayoría de las tonterías que la gente hace suceden cuando hablan de más.

Dicen que el silencio es oro y la elocuencia, plata.

Aun así, el hecho de estrechar la relación con Shizuma-san era una buena oportunidad para descubrir cómo era realmente, y lo consideré un beneficio.

Sin embargo, no recordaba bien qué me había preguntado… ¿Sobre mis pasatiempos? Reflexioné con calma antes de dar una respuesta…

Ōsaki: - Mi pasatiempo es pintar.

Shizuma: - Es una persona creativa.

Ōsaki: - Son solo bocetos. Dibujos de lo que veo tal como lo veo, nada interesante.

Shizuma: - ¿Qué hay del modelo?

Ōsaki: - No dibujo a la gente. Me siento en la orilla y retrato los paisajes de la ciudad.

Shizuma: - ¡¿La orilla?! ¿Eh? ¿¡La ribera!?

Ōsaki: - ¿?

Shizuma: - ¿¡La ribera donde los perros hacen caca por todas partes!?

Ōsaki: - …….

Shizuma: - Heeeh.

Quizá a Shizuma-san le cueste aceptar esto.

En lugares públicos, la forma en que una persona se refiere a los excrementos —ya sea “caca” o “heces”— dice bastante sobre cómo es.

En esta ocasión, ha sido realmente horrible.

Shizuma: - Los paisajes son tan sencillos y agradables…

Shizuma: - La verdad es que yo también pinto. Yo trabajo con óleo y retrato personas. ¿Y usted? ¿Se dedicas al óleo?

Ōsaki: - Eso no es para mí en absoluto.

Shizuma: - Si te sirve, te puedo dar algunos de mis materiales de pintura. He estado tan ocupado que no he tenido tiempo personal últimamente.

Ōsaki: - No, gracias. Para eso también haría falta un espacio donde desplegar los materiales de pintura.

Shizuma: - De verdad que es muy reservado. Si quiere, cuando volvamos a la isla lo invito a mi estudio. Siéntase libre de usarlo.

Ōsaki: - ……

Shizuma: - Es verdad, pintemos algo juntos. Dicen que en el extranjero no es raro que un paisajista y un retratista colaboren.

Ōsaki: - ……

Shizuma: - Dios, lo espero con emoción.

Ya va siendo hora de dar por terminado esto. Después de todo, no se me dan bien las charlas triviales.

No es que carezca de interés por el otro, sino que no deseo involucrar mis sentimientos.

Ōsaki: - Tengo entendido que existe otra solicitud distinta a la de la asistencia como representante.

Levantó las cejas, como si de pronto lo recordara. —Ah…

Apoyó uno de los brazos en la mesa y se inclinó, acercando su rostro al mío.

Cuando presté oído a su voz susurrante, nuestros cuerpos se aproximaron casi sin darnos cuenta.

Shizuma: - Tengo entendido que se especializa en la elaboración de retratos hablados.

Shizuma: - Si puede dibujar tal cual a partir de las características que escucha, entonces lo que ve con sus propios ojos debería poder plasmarlo de forma aún más realista, ¿no?

Ōsaki: - Si.

Shizuma: - Me gustaría que hiciera un retrato del rostro del solicitante.

Ōsaki: - ¿No conoce al solicitante?

Shizuma: - No. Precisamente por eso puedo asegurar que la otra parte tampoco me conoce.

Ōsaki: - ¿Cuál es el nombre del solicitante?

Shizuma: - Bueno, no lo sé.

Lo soltó con aspereza.

Luego carraspeó una vez y volvió a fruncir el ceño con gesto inquieto. Era una actuación: una pose de apuro destinada a despertar compasión. En realidad, lo que ocultaba, pensé, era desconfianza hacia el solicitante.

Shizuma: - La invitación iba dirigida a mi padre, pero yo también revisé su contenido. Después de copiar en el cuaderno el lugar y la fecha…

Shizuma: - Mi padre terminó perdiendo la carta, quién sabe en qué sitio.

Shizuma: - Lo único que recuerdo con certeza es el lugar, la fecha y la hora, y el nombre del fallecido. Había otras cosas escritas, pero no logro recordarlas…

Ōsaki: - ¿Cuál es el nombre del difunto?

Shizuma: - Es Ōe An.

Shizuma: - Probablemente el solicitante sea familiar del difunto.

Entonces sacó unos papeles. Era una copia de la invitación, redactada por él, Daiba Shizuma.

Ubicación: Ōejima. Fecha: 23 de septiembre. Fallecido: Ōe An. Era sumamente concisa y sencilla.

La tomé y la guardé entre las páginas del cuaderno.

Ōsaki: - De acuerdo.

Ōsaki: - Por hoy es todo. Tengo previsto volver a contar con su tiempo en septiembre; para entonces tendré preparadas las preguntas.

Justo en ese momento se me acabó la bebida.

Ōsaki: - La cuenta ….

Shizuma: - No se moleste, yo me encargo de ella.

Shizuma: - Siento no poder despedirme como corresponde, aun cuando haya hecho el esfuerzo de venir. A continuación, tengo otra reunión aquí.

Ōsaki: - Por eso eligió este lugar.

Shizuma: - Así es, con un arquitecto procedente de Estados Unidos. Se trata de un proyecto de gran envergadura.

Ōsaki: - Se ven nubes de tormenta, así que probablemente llueva otra vez por la tarde.

Shizuma: - Eso sí que es una buena noticia. Tendré que conseguir un paraguas en algún sitio antes de volver.

Shizuma: - No… de todos modos, quizá termine quedándome a pasar la noche…

Ōsaki: - Si me disculpa, me retiro.

Nos levantamos y nos despedimos con una inclinación de cabeza. Me fui del hotel sin mirar atrás.

En pleno centro, la ausencia de viento hacía que el calor se sintiera aún más sofocante. Llegué así a la estación de Hibiya y tomé asiento junto a la ventana de una cafetería cualquiera.

Mientras esperaba el café, abrí la libreta y volví a revisar lo ocurrido hacía un momento.

Sin embargo, me costaba concentrarme… Lo extraño era que el difunto Daiba Sahee no hubiera rechazado asistir, sino que hubiera pedido que enviaran a un representante en su lugar.

Y la manera indiferente con la que Shizuma-san hablaba del difunto, una persona llamada Ōe An…

No parecía albergar el menor atisbo de afecto.

La “asistencia por delegación” era la condición para heredar la casa Daiba. ¿Por eso estaba tan desesperado por encontrar a alguien… o fue una ligereza fingida?

Tengo la sensación de que hay algo importante que se me oculta. Sobre todo, me inquieta que Daiba Sahee haya “perdido la invitación”. La familia Daiba tenía una oscuridad difícil de ignorar.

Cerré la libreta y pronuncié su nombre una y otra vez: Daiba Shizuma.

Aunque estaba a punto de convertirme en ese hombre, no lograba asimilarlo como algo verdaderamente mío.

Nunca antes me habían hecho un encargo así, y creía tener la capacidad para cumplirlo. Pero ahora sentía una inquietud indefinida.

¿Seré capaz? No, tengo que llegar a serlo.

La incertidumbre se siente enorme precisamente porque es borrosa. En cuanto enfocas la mirada y dejas al descubierto siquiera el contorno de esa inquietud, la experiencia te dice que deja de ser gran cosa. Para eso, todavía hay tiempo de sobra.

Cuando trajeron el café helado y bebí un sorbo, comprendí que el sudor que me empapaba no era culpa del calor.

La ventaja del café es que, en cualquier local, suele saber más o menos igual. Pero un comentario así seguramente también resultaría descortés, así que, al final, lo mejor es atenerse al oro del silencio…

……………………………………………………………………………………………………………..

Septiembre.

La segunda reunión fue una tarde de septiembre. El lugar señalado era una cafetería en Shibuya.

La ventana daba a un callejón estrecho con poco tránsito. Un disco lleno de ruido amortiguaba lo justo las conversaciones de cada mesa.

Yo me senté superficialmente en el sofá profundo. Shizuma-san hizo lo mismo; ligeramente encorvado, encendía un cigarrillo.

Shizuma: - Fumar un cigarrillo mientras se escucha jazz… es un rato bastante elegante, ¿no cree? Es uno de mis lugares favoritos.

Shizuma: - Adelante, tome uno también.

Acepté el cigarrillo que me ofreció. Acercó la llama de la cerilla que le había sobrado y, casi con reverencia, me permitió encenderlo.

Desde la comisura levantada de sus labios dejó escapar el humo violáceo, difundiendo un aroma.

Shizuma: - Pero me alegra mucho que haya venido. Desde aquel día he estado intranquilo, temiendo que me rechazara.

Shizuma: - Hacerse pasar por otra persona es una petición inmoral… dígame, sinceramente, ¿qué piensa usted al respecto?

Ōsaki: - Creo que es un trabajo que consiste en acompañar el corazón del cliente. Desde el principio, no dejo que intervengan sentimientos personales.

Shizuma: - ¿Entonces, está acostumbrado a recibir encargos así?

Ōsaki: - Interpretar un papel es algo que ocurre con frecuencia.

Ōsaki: - Cuando se trata de buscar a una persona, a veces me hago pasar por alguien del vecindario del desaparecido o incluso por un policía para recabar información.

Shizuma: - Al oír eso me quedo más tranquilo. Entonces, cuénteme un poco más en detalle…

Él sacó una fotografía.

Shizuma: - Ōe An, la conoce ¿verdad?

Ōsaki: - ……

Shizuma: - Es su tercer aniversario desde su fallecimiento.

Actriz, Ōe An.

En un programa de radio donde aficionados mostraban su talento cantando, ella apareció de manera deslumbrante.

A pesar de su juventud, su voz, con un toque de melancolía, cautivó a todos, y en poco tiempo fue aclamada como una actriz de gran popularidad.

Sin embargo, actrices como ella aparecen casi cada año y desaparecen sin que nadie se dé cuenta. Ōe An también es una de ellas… o así era.

Aunque no estuviera muy familiarizado con el entretenimiento popular, nunca pude olvidarla, porque murió siendo joven y la causa de su muerte fue un «suicidio».

Su muerte repentina conmocionó a la sociedad, que en medio de los indicios de recuperación se mostraba llena de entusiasmo.

A nadie le resultaba fácil comprender el hecho de que una joven de 18 años hubiera puesto fin a su propia vida, sea cual fuera la razón.

Todas las especulaciones torpes resultaban desacertadas, y los rumores fueron poco a poco apagándose. Ōe An estaba viva en a foto.

Shizuma: - Fue durante el rodaje de una película que, al prestar la casa, mi padre la conoció.

Shizuma: - Esta fotografía estaba guardada en un cajón del escritorio de mi padre.

Shizuma: - Supongo que la miraba de vez en cuando… A su edad, creo que estaba enamorado en secreto.

Bajo la palmera, hay un hombre y una mujer. El anciano señor Daiba Sahee ríe animadamente. Es difícil creer que sea la misma persona en sus últimos momentos.

Era una foto casual, con la cercanía de un abuelo y su nieto, y parecía guardar el aroma del verano.

Shizuma: - Creo que en el tercer aniversario de la muerte de Ōe-san asistirán conocidos de mi padre. Sin embargo, como ya les mencioné el otro día, no hay nadie que me conozca a mí.

Ōsaki: - ¿Y qué hay del otro funeral?

Shizuma: - ¿Eh?

No me agradaba el característico aroma dulce de los cigarrillos Peace, así que lo dejé sobre el borde del cenicero.

Ōsaki: - Parece que su “hermano mayo”, falleció hace dos años.

Shizuma: - Como era de esperar de un detective, ha investigado hasta ese punto. Tal como dice, tuve un hermano llamado ‘Sakiyo’.

Ōsaki: - En el funeral de su hermano, ¿no habrá alguien que lo recuerde a usted?

Shizuma: - El funeral de mi hermano fue privado.

Ōsaki: - …..

Me quedé en silencio y solo levanté la vista. Shizuma-san, de aguda intuición, pareció percibir al instante qué era lo que me generaba dudas.

Shizuma: - Que el funeral de mi padre fuera simple fue por su propia indicación. Desde siempre, mi padre era un hombre que no hacía amigos y hasta desconfiaba de su propia familia.

Shizuma: - Mi hermano era distinto. Era alguien amado y respetado por los demás. Sin embargo, que se realizara en privado fue debido a…

Shizuma: - Que la muerte de mi hermano fue sospechosa de haber sido un homicidio.

Shizuma-san frunció el ceño, sin mostrarse indignado, sino con un gesto de impotencia.

TRADUCCIÓN: SAKURADA DI

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