Cuando giró la cara para evitar
respirar, vio que Keisuke todavía estaba profundamente dormido.
Su expresión era tan tranquila que
parecía como si formara parte de otro mundo.
¿Tendría Keisuke otra oportunidad de
revolcarse en un sueño tan pacífico?
Mientras se preguntaba esto, sacudió a
Keisuke suavemente.
Akira: - Hey …
Keisuke: - Mm …
Keisuke gruñó y se movió un poco, luego
volvió a dormirse. Cada vez más impaciente, Akira lo sacudió con más fuerza.
Akira: - Despierta.
Keisuke: - Nm …
Sus párpados se movieron un par de
veces antes de finalmente abrirse.
Frotándose los ojos, le dedicó a Akira
una sonrisa somnolienta.
Keisuke: - Akira … buenos días.
Estaba completamente en paz.
Estaba tan tranquilo que Akira lo
encontró absolutamente desagradable. Le dio una palmada en la espalda a
Keisuke.
Keisuke: - ¡Guh, ahh! ¿Qué haces tan
repentinamente?
Akira: - ¿Ya te despertaste? En marcha.
Ignorando la mirada llorosa de Keisuke,
Akira se levantó con su bolso en la mano.
Keisuke: - ¿A dónde vamos?
Keisuke se levantó rápidamente y agarró
su bolso del suelo.
Akira: - Obviamente a Igra.
Keisuke: - ……
La expresión de Keisuke se ensombreció
instantáneamente.
Keisuke: - Igra …
Akira: - Ya tengo las etiquetas para
demostrar que soy un luchador.
Akira se quitó la etiqueta que colgaba
de su cuello.
Keisuke: - Podrías morir …
¿Seguía hablando de eso?
Enfadado, Akira acercó su rostro al de
Keisuke, mirándolo directamente a los ojos.
Akira: - ¿Cuántas veces tengo que
decirlo? Esto no es un juego. Voy a acabar matando gente también.
Keisuke: - ……
Keisuke se puso rígido.
En Igra, todo estaría en juego. Para
sobrevivir, Akira tendría que matar.
¿Cómo se sentiría eso?
Aplastando la vida de alguien mientras
luchaba contra sus garras...
En lo más profundo de su vientre, Akira
sintió un escalofrío de anticipación.
Akira: - Esas son las reglas aquí.
Matar o morir.
Estaba allí para derrotar a Il Re, el
campeón invicto de Igra. El deseo de enfrentarse a este tirano invencible se
había arraigado en el alma de Akira.
Tendría que atravesar la sangre de
muchos para llegar a ese punto.
El rostro de Keisuke palideció. Por fin
empezaba a comprender.
Keisuke: - Vas a matar gente...
Akira: - Es la única manera de ganar.
Con eso, Akira se giró hacia la salida.
Keisuke: - ¿A dónde vas?
Akira: - Iré a ver esta ciudad y
presenciar cómo es realmente Igra. Espera aquí.
Sería una tontería dar un paso adelante
sin adquirir antes cierta información básica.
Iré contigo.
La desesperada oferta de Keisuke hizo
que Akira se detuviera.
Akira: - De ninguna manera. Estás
desarmado.
Keisuke: - Pero no quiero esperar solo.
Decidiendo que era inútil perder el
tiempo discutiendo, Akira suspiró y regresó con Keisuke.
Sacó el cuchillo de su cintura y lo
sostuvo en alto, con funda y todo.
Akira: - Tomalo.
Keisuke: - ¿Y tú? ¿Tienes un cuchillo
extra?
Akira: - No.
Había dejado el cuchillo que le habían
devuelto en su habitación.
Keisuke retiró su mano.
Keisuke: - Entonces estarás desarmado.
¿De qué sirve eso?
Akira: - Estaré bien.
El uso de armas estaba prohibido en
Blaster, por lo que Akira estaba acostumbrado a luchar con los puños.
Mientras no tuviera que lidiar con
armas (que de todos modos estaban prohibidas en Igra), estaría bien.
Akira: - Prométeme una cosa.
Keisuke: - ¿Huh?
Akira: - Protégete a ti mismo.
Los ojos de Keisuke se abrieron un
poco, pero rápidamente presionó sus labios y asintió firmemente.
Keisuke: - De acuerdo.
Volvió a agarrar el cuchillo.
Una vez que lo tomó, desató y miró
fijamente la hoja …
Keisuke: - Sabes, este cuchillo es
bastante raro. Tiene algo escrito.
Akira: - Es lo que usaban en el
ejército.
Keisuke: - ¿En serio?
Akira: - Probablemente.
Honestamente, Akira no estaba seguro.
Nunca había estado en un campo de batalla real ni había visto lo que portaban
los soldados de verdad.
Keisuke: - Ya veo. Cierto.
Asintiendo, Keisuke devolvió el
cuchillo a su funda.
Akira: - Andando.
Keisuke: - Ah, sí.
Pasando por la salida sin puertas, se
aventuraron una vez más en las calles de Toshima.
El cielo era de un gris pálido ambiguo,
ni soleado ni nublado. El medio ambiente se había deteriorado mucho durante la
guerra, y desde entonces el buen tiempo había sido una rareza.
Al igual que anoche, Akira no vio a
nadie cuando miró alrededor de la avenida principal.
Aun así, la vista era mejor que de
noche y no tuvo problemas para distinguir el paisaje.
El ambiente era el mismo que antes.
Aunque la calle parecía vacía, podía sentir la presencia de gente por todas
partes.
Estas personas tenían una sed de
sangre, apenas disimulada... como si lo estuvieran acechando desde las sombras.
Puede que el sol haya salido, pero él
no estaba de humor para pasear al aire libre.
Keisuke: - Lo pensé anoche … en verdad
que este lugar carece de vida alguna.
Keisuke murmuró, comenzando a caminar
hacia el centro del camino.
Akira: - ¡Hey!
Akira rápidamente lo agarró del brazo y
lo arrastró de regreso a la sombra de la cafetería.
Akira: - No camines tan
despreocupadamente.
Keisuke: - Ah, cierto.
Desconcertado por el duro tono de
Akira, Keisuke parpadeó y asintió.
Una tensión asfixiante llenó el aire.
Al empezar a caminar, Akira se esforzó por mantenerse en las sombras junto al
camino.
Los callejones por los que pasaban de
vez en cuando eran tan oscuros que no podía distinguir nada de lo que acechaba
en sus profundidades.
Cuando llegaron a una intersección, vio
un letrero que sobresalía de un callejón a la derecha… hacia el este.
Completamente descolorido, aunque aún
conservaba vestigios de colores llamativos, era el tipo de letrero que uno
esperaría ver en un barrio rojo.
Justo cuando apartó la mirada, creyó
escuchar una voz estridente. Volvió a mirar hacia el callejón.
Keisuke: - ¿Oíste algo ahora? Como una
voz...
Akira: - Sí.
Keisuke estaba estudiando el cartel
atentamente, habiendo notado también el sonido.
Akira apenas lo había oído, por lo que
no podía estar seguro, pero el sonido se había sentido fuera de lugar en esa
atmósfera tan aguda.
Le molestaba. Se acercó al cartel.
Keisuke: - ¿A-Akira …?
Mientras Keisuke corría tras él,
presionó su espalda contra la pared y echó una breve mirada hacia el callejón.
El callejón era más ancho de lo que
había pensado, con tiendas alineadas en filas estrechas a ambos lados.
Como era de esperar, en su mayoría eran
bares y burdeles.
Todas estaban en mal estado, por
supuesto. Con tantas luces decorativas rotas, dudaba que brillara mucho incluso
si estuvieran todas encendidas.
No había nadie alrededor. Aunque lo
mismo podría decirse del resto de Toshima, imaginar lo animado que debía ser
antes de la guerra hacía que este lugar pareciera aún más desierto que el
resto.
Quizás sólo había imaginado la voz,
después de todo.
Se apartó de la pared y dio un paso
hacia el callejón.
La calle estaba en penumbra, con los
edificios bloqueando la luz del sol a ambos lados. La atmósfera de aquel lugar
era tal que Akira no se habría sorprendido de encontrar uno o dos espíritus de
pie entre los restos esqueléticos de aquellas tiendas que en otro tiempo
estuvieron llenas de gente.
Keisuke: - Lugares como este hacen muy
fácil imaginar que antes vivía gente aquí, lo cual lo vuelve aún más
inquietante, ¿sabes? Es tan… real…
Sabía lo que Keisuke estaba intentando
decir. El miedo era algo que se hacía más fuerte cuanto más ‘real’ parecía su
origen.
Pero para Akira, muy pocas cosas se
sentían ‘reales’; o al menos, lo suficientemente reales como para asustarlo.
Podía procesar un fenómeno y comprenderlo a nivel intelectual, pero eso era
diferente.
Al llegar al centro de la calle, Akira
se detuvo en seco.
Akira: - ……
Keisuke: - ¿Akira?
Alguien estaba aquí. Su presencia
estaba bien escondida, pero él podía sentirla.
¿De dónde venía?
Un sonido débil resonó. Detrás de
ellos.
Pero antes de que pudiera darse la
vuelta...
Desconocido: ¡Oigan, ustedes de allí!
Una voz aguda resonó por el callejón.
Poco después le siguió el sonido de pasos ágiles.
Keisuke: - ¿Q-Qué …?!
OPCIONES:
1. No darse la vuelta.
2. Darse la vuelta.
Elegir la segunda opción.
Su gran impulso lo obligó a darse la
vuelta.
Una chica menuda apareció ante ellos.
Tenía cabello dorado, estatura delicada y brazos y piernas delgados. Sus
grandes ojos azules eran especialmente llamativos.
Keisuke: - ¿U-Una chica?
Los labios de la chica se curvaron
ampliamente en respuesta al murmullo desconcertado de Keisuke.
Chico: - Lo siento mucho, pero también
tengo un paquete ~
Keisuke: - ¿P-Paquete …?
La crudeza de la respuesta dejó a
Keisuke sin palabras.
De hecho, al mirarlo con más
detenimiento, los dedos huesudos y las rodillas del desconocido delataban que
tenía una complexión masculina.
Sin embargo, era difícil no confundirlo
con una chica… la suavidad de su piel casi invitaba a tocarla.
Chico: - …pero dejemos eso de lado.
Este es mi territorio, chicos. No puedo permitir que anden deambulando por aquí
sin mi permiso.
Keisuke: - ¿T-Territorio …?
Chico: - Así es. Para los que quieren
estar en mi territorio, tienen que pagar una cuota.
Keisuke: - ¿Cuota …?
Keisuke se volvió hacia Akira, con
expresión desconcertada.
Chico: - Espera, ¿no lo sabían? ¿Son
nuevos o algo así?
El muchacho, que estaba de pie con las
manos en las caderas y el ceño fruncido, de repente parpadeó sorprendido.
Chico: - Ah, pero tú —el chico guapo—,
estás participando en Igra, ¿no?
El chico mostró una sonrisa desafiante
mientras señalaba la etiqueta en el pecho de Akira.
Una etiqueta también colgaba sobre el
pecho del chico.
Otro participante. En otras palabras,
un enemigo.
Tal vez percibiendo la repentina
cautela de Akira, el chico agitó una mano hacia él.
Chico: - No me mires así. No tengo
ganas de pelear. Y, además, tú eres todo un galán. Hay muchos otros por ahí a
los que puedo golpear.
Keisuke: - ……
Keisuke miró al chico con una expresión
de estupor.
Aunque su apariencia era tal que la
gente podría confundir fácilmente su género, parecía completamente a gusto en
esta ciudad salvaje, incluso cuando se enfrentaba a dos completos desconocidos.
Quizás era más fuerte de lo que
parecía. De cualquier manera, había algo muy extraño en él.
Mientras tanto, ajeno a las grandes
dudas de Akira, el chico había esbozado una amplia sonrisa.
Chico: - Bueno, supongo que no puedo
esperar mucho de los novatos. Entonces, esta vez la casa paga. Puedes
agradecerle a tu linda cara por eso.
El chico se había pasado la mayor parte
de la conversación mirando el rostro de Akira. Parecía haberle tomado bastante
cariño.
Chico: - Ya que estamos, ¿algo más que
quieras preguntarme? Con gusto te responderé si puedo.
Eso sonó como mostrar compasión hacia
un enemigo.
No iniciar una pelea allí era una cosa,
pero ofrecerles una mano... Eso despertó una sospecha inevitable.
Incluso Keisuke, que no era del tipo
desconfiado, le dirigió a Akira una mirada inquieta.
Sin embargo, aunque Akira presentía que
debía haber algún tipo de plan involucrado, morder el anzuelo todavía era una
opción si eso significaba que podría adquirir algo de información.
En cualquier caso, ésta era su única
pista.
Ese pensamiento le hizo abrir la boca,
poniendo fin al tenso silencio que se había instalado.
Akira: - ¿Sabes dónde puedo conseguir
un arma?
Chico: - ¿Un arma?
Le molestaba que Keisuke no tuviera un
arma. No podía quedarse con el cuchillo de Akira para siempre.
Chico: - Con que un arma, huh …
El chico pareció considerar esto.
Akira realmente no esperaba una
respuesta.
Sabía que esas tiendas tenían que
existir - mientras la gente viviera allí, habría quienes vendieran lo que
necesitaban-, pero, aunque probablemente todos supieran dónde estaban, habría
una regla férrea de no mencionarlas.
Además, Akira era un guerrero igra; en
otras palabras, un enemigo potencial. Sería una tontería que el chico le diera
información que pudiera usarse literalmente para apuñalarlo por la espalda.
Chico: - ¿Por qué? No me digas que
estás desarmado. Sé que cada uno tiene su estilo de lucha, pero aun así...
Akira: - No es para mí. Es para él.
Señaló con la barbilla a Keisuke, quien
tuvo la decencia de parecer avergonzado.
Chico: - Ah, es para el chico no
combatiente. ¿Realmente él no tiene ninguna?
Akira: - No.
Chico: - Ya veo. Entonces, ¿qué opinas
de esta?
El chico rebuscó en su mariconera,
agarró algo y se lo ofreció.
Era una navaja plegable, de esas que se
abrían con solo pulsar un botón. Con la hoja extendida, medía unos veinte
centímetros de largo.
Chico: - Un novato debería poder
manejarlo, y es ligero. Puedes quedártelo.
Keisuke: - ¿Huh?
Keisuke agitó ambas manos frente a su
cara, sorprendido por la oferta casual del chico.
Keisuke: - No, no. No puedo aceptarlo.
Chico: - Esta bien. Muy rara vez la
uso.
Keisuke continuó con sus protestas con
ojos de cachorro un rato más, pero finalmente extendió su mano.
Keisuke: - Gracias.
Chico: - De nada.
El chico sonrió orgullosamente.
Incluso si era de repuesto, fue muy
generoso de su parte darle su cuchillo a un completo desconocido.
Akira no podía ni siquiera empezar a
comprender las intenciones del chico.
Keisuke: - Cierto, debo de devolverte
esto. Ten.
Keisuke sacó el cuchillo de Akira de su
mochila y se lo entregó.
Akira lo tomó y lo metió de nuevo en su
cinturón.
Chico: - Solo recuerda que me debes
una. Devuélveme el favor algún día...
Los labios del niño se extendieron en
una sonrisa picarona.
Chico: - Con tu cuerpo.
Keisuke: - ¡¿Hah?!
Keisuke chilló.
Keisuke: - "¿Q-qué se supone que
significa eso...? ¡Eres... eres un chico, ¿no?
Chico: - Ay, ¿por qué tan serio? Estaba
bromeando.
Keisuke: - ……
El chico se rió entre dientes ante la
expresión agria en el rostro de Keisuke.
Y entonces, de repente, tiró del brazo
de Akira.
Keisuke: - ¡Waah!
Chico: - Hehehe.
El chico tiró de los brazos de Akira y
Keisuke, acercándolos más, luego los miró con una sonrisa incorregible.
Akira: - …….
Akira no tenía ni idea de cómo manejar
aquella muestra de afecto inmerecido. Suspiró, y la confusión dio paso a la
irritación.
Chico: - En fin, ¿qué tal si te unes
también? Has recorrido todo este camino de todos modos.
Keisuke: - ¿Unirme a qué?
Chico: - A Igra.
Keisuke: - Ah, sí … Igra … ¡¿Qué?!
Los ojos de Keisuke se abrieron como
platos.
Keisuke: - ¡Ahora sí que estás
bromeando! ¡Ni hablar!
Chico: - No hay forma de saberlo a
menos que lo intentes. ¿Verdad?
El chico miró a Akira esperando su
aprobación, pero, francamente, Akira no quería que Keisuke se involucrara. Solo
complicaría las cosas.
Quizás sintiendo esto en la expresión
de Akira, Keisuke redobló sus protestas.
Keisuke: - ¿Ves? No hay manera. Y ni
siquiera quiero pelear.
Chico: - ¿Ehh? Pero …
El niño movió sugestivamente los dedos
de sus pies calzados con botas.
Chico: - En esta ciudad, da igual si
luchas o no. Te pueden matar de todas formas. En ese caso, ¿no preferirías
divertirte?
Keisuke: - ….
Sus palabras tuvieron suficiente peso
para hacer que Keisuke se quedara en silencio.
Por un instante, pareció que los
grandes ojos del chico ya no sonreían. Pero esa expresión se desvaneció tan
rápido como apareció, transformándose en una sonrisa tan rápida que Akira dudó
de lo que había visto.
Chico: - Deberías ir a casa de Arbitro.
A ver qué te dicen. Aunque supongo que tu amigo ya se enteró de los detalles.
Arbitro.
Ese hombre, Gwen, había mencionado ese
nombre durante su explicación. Arbitro era el hombre que dirigía Igra.
Para desafiar a IlRe, Akira tendría que
llevar las etiquetas que había reunido a Arbitro, pero no sabía dónde encontrar
al hombre o, en todo caso, dónde se llevaría a cabo la pelea con IlRe.
Akira: - Tiene razón. Inténtalo.
Keisuke: - ¿Hah?
Keisuke se quedó congelado con una
mirada de incredulidad en sus ojos.
Keisuke: - ¿Tu también?
Chico: - Así es, ¡un hombre tiene que
tener agallas! ¡No hace daño ver de qué va la cosa!
Keisuke: - Haa …
Keisuke le lanzó a Akira una breve
mirada de resentimiento y luego dejó caer los hombros. Parecía tan abatido que
Akira sintió lástima por él.
Chico: - Entonces, ¿está decidido? ¿Nos
vamos?
Keisuke: - …….
El chico ... que había empezado a
caminar por la calle, de repente se dio la vuelta.
Chico: - Por cierto, yo soy Rin. ¿Qué
hay de ustedes?
¿Era seguro revelar sus nombres?
Akira lo pensó un instante. Al final,
sintió que no tenía sentido preocuparse por el chico, por las verdaderas
intenciones de Rin. Nunca sabría si aquella amabilidad era auténtica o una
actuación, y mantenerse en guardia frente a una presencia tan desarmante no
haría más que desgastarlo.
Akira: - Soy Akira. Y él es Keisuke.
Rin: - Akira y Keisuke, ¿cierto?
Rin reanudó su caminata con paso
alegre.
Mientras lo seguían, un pálido Keisuke
se acercó a Akira, susurrando.
Keisuke: - ¡Oye, ¿en qué estás
pensando?! ¡No vine aquí a pelear!
Akira: - No te preocupes. No te
obligarán a registrarte. Puedes simplemente escuchar la explicación e irte.
Keisuke: - ¡¿Pero qué pasa si me
obligan?!
Akira: - Puedes esconderte en el baño o
algo así y luego huir.
Keisuke: - ¿Entonces piensas que no es
asunto tuyo…?
Rin: - ¿De qué están hablando?
Rin se detuvo y miró hacia atrás con
una expresión perpleja.
Keisuke: - No es nada.
Keisuke negó con la cabeza y forzó una
sonrisa amistosa.
Rin: - ¿En serio? h, por cierto… ¿te
acuerdas del “precio” del que hablé antes? Era mentira.
Keisuke: - ¡¿Una mentira?!
Rin: - ~ Sí ~
Rin asintió como si nada.
¿Qué esperaba obtener de semejante
mentira? ¿O solo había sido un capricho? ...La verdad es que no había forma de
saberlo.
Akira negó con la cabeza y siguió a
Rin, ignorando deliberadamente las miradas de reproche que Keisuke seguía
enviándole.
TRADUCCIÓN: SAKURADA DI

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