Continuaron adentrándose en el distrito
rojo, girando una vez por otra calle antes de continuar recto.
Según Rin, este era un atajo a su
destino, que aparentemente era conocido como el 'Palacio'.
Rin serpenteaba por los oscuros
callejones sin disminuir la velocidad. Quizás el ritmo se debía en parte a la
corta distancia, pero al observarlo, Akira empezó a pensar que quizá era más
seguro, en general, moverse con rapidez, en lugar de hacerlo despacio y con
cuidado, como antes.
Llegaron a la carretera principal sin
problemas. Allí, Rin se dio la vuelta y les tendió la mano, sonriendo.
Rin: - Más adelante se encuentra el
Palacio, guarida de Vischio.
“Ah” - pensó Akira. “Por supuesto”.
Allí se alzaba una estructura de otra
época, digna incluso en su suciedad.
Unas escaleras se extendían
ostentosamente hacia la entrada principal. Enormes puertas negras con cristales
incrustados estaban listas para recibir a los visitantes. Incluso las ventanas
estaban cubiertas por cortinas de terciopelo.
En el patio había una fuente circular
iluminada con una estatua de un niño desnudo y melancólico mirando al cielo en
el centro, posiblemente un homenaje al trabajo de algún escultor famoso.
Los guardias estaban parados en filas
ordenadas a ambos lados de las escaleras, vistiendo armaduras pesadas y
portando armas.
Podía ver por qué lo llamaban el
Palacio.
Keisuke: - Es enorme.
Rin: - No es broma. Quizás se usaba
como salón de eventos antes de la guerra. Ya sabes, de esos donde se veían
obras de teatro, conciertos, exposiciones y cosas así.
Rin: - En fin, después de la guerra, la
banda de Vischio tomó el control. Ahora, dentro, es un caos total.
Keisuke: - ¿Caos …?
Rin: - Lo sabrás al ir.
Rin hizo una mueca y se encogió de
hombros, y luego continuó hacia el palacio. Akira y Keisuke lo siguieron.
Pasaron por la fuente y subieron las
escaleras que conducían a la entrada.
Rin: - Sigan con el buen trabajo ~
Rin saludó amistosamente a los guardias
de la entrada.
Guardia A: - ¿Qué es lo que quieres?
Rin: - ~ Participar en Igra ~
El guardia miró fijamente a Akira y a
Keisuke, luego observó la placa de identificación de Rin.
Guardia A: - Tu ya estás participando.
Rin: - Yo no. Me refiero al chico guapo
con el mono azul que está detrás de mí.
Keisuke: - Ah … uh …
Keisuke se encogió sobre sí mismo.
Guardia A: - Está bien. Entra. Espera
en el vestíbulo.
Rin: - Sí, Sí ~
Cuando las puertas se abrieron
solemnemente, una vista surrealista se desplegó ante ellos.
El salón al que entraron era amplio y
abierto, con un techo abovedado y un suelo de mármol rosa.
Justo dentro de la entrada había una
pequeña fuente, burbujeando con agua fresca y clara.
La decoración era mucho más lujosa de
lo que parecía desde fuera: una enorme lámpara de araña colgaba en lo alto,
emitiendo una luz deslumbrante.
El espacio estaba repleto de armaduras
medievales y otras ostentosas obras de arte.
De particular interés eran las estatuas
de niños pequeños, ya que eran especialmente comunes. Quizás todas formaban
parte de la misma colección. Ni una sola estatua en la sala era femenina.
Keisuke, que parecía estar
experimentando una sobrecarga sensorial, seguía mirando boquiabierto el segundo
piso.
Rin: - Ha. De mal gusto, como siempre.
¿De dónde saca ese pervertido todas estas cosas?
Rin dejó escapar un profundo suspiro,
como si no pudiera decidir si sentirse disgustado o impresionado.
Después de un tiempo, un hombre vestido
de negro y con forma de roca apareció desde atrás.
Guardia B: - ¿Quién es el que va a
participar en Igra?
Keisuke se quedó rígido, con la mirada
baja. Rin lo miró fijamente.
Keisuke: - Soy yo.
Una vez que Keisuke levantó tímidamente
la mano, el hombre le pasó un objeto blanco.
Guardia B: - Primero ponte esto.
El hombre le había dado una máscara
blanca pura, que estaba diseñada para cubrir la mitad superior de su rostro.
Keisuke: - ¿Una máscara? ¿Tengo que
ponerme esto?
Keisuke frunció el ceño mientras miraba
la máscara, su expresión decía que realmente preferiría no hacerlo.
Rin: - Es porque hay otros aspirantes a
luchadores por ahí. No quieres que recuerden tu cara. Aunque tienes razón en
que las máscaras son raras.
Guardia B: - ¿Qué hay de ustedes dos?
Rin: - Ya nos unimos. Solo lo estamos
acompañando.
Mientras Rin sacudía su etiqueta, Akira
sacó la suya de donde estaba escondida debajo de su chaqueta.
Guardia B: - Muy bien. Síganme.
Confirmando que Keisuke se había puesto
la máscara, el guardia comenzó a caminar por el pasillo que conducía a la parte
trasera, pasando la escalera de caracol.
Rin: - ……
Akira: - …….
Keisuke: - ¿Q-Qué …?
Rin se quedó boquiabierto al ver al
enmascarado Keisuke.
Akira también se quedó con los ojos
clavados en el sitio.
Rin: - Ah, ya sabía que era raro...
pero vaya, sí que es raro. Pero bueno, es lo que le gusta a Arbitro, ¿sabes? No
hay nada que podamos hacer al respecto.
Keisuke le dirigió a Akira una mirada
escrutadora de reojo.
Akira no dejó que se notara en su
rostro, pero considerando la decoración del palacio y todo, estaba empezando a
preguntarse qué clase de persona era realmente este Arbitro.
Al final del pasillo había un par de
puertas dobles negras, con dos o tres capas de cadenas alrededor de sus
manijas. El guardia las había llevado a la habitación justo antes.
Por lo que podía ver a través de la
puerta, parecía una sala de espera, con una mesa y dos sofás en el centro. No
era especialmente espaciosa.
Unos cinco o seis hombres esperaban
dentro. Todos llevaban máscaras como las de Keisuke y parecían nerviosos. Al
entrar Keisuke, se giraron para mirarlo con silenciosa inquietud.
Aunque sus rostros estaban ocultos, era
evidente por su físico y su manera de comportarse que no eran ajenos a la
violencia.
Guardia B: - Tus compañeros deben
esperar afuera.
La puerta comenzó a cerrarse poco a
poco.
Keisuke: - ¿Eh? Espera …
Rin: - ¡Da lo mejor de ti!
Ante la mirada desesperada de Keisuke,
Rin se despidió alegremente con un gesto. Akira simplemente asintió.
La puerta se cerró y, tras un momento
de silencio, el sonido de pasos que se acercaban resonó en el suelo de mármol.
Rin: - Estaba esperando por esto.
Junto con el susurro burlón de Rin, un
hombre apareció desde el otro extremo del pasillo.
En el momento en que lo vio, Akira se
quedó estupefacto.
El hombre, que estaba acompañado por
varios guardias, era el rey del mal gusto.
Llevaba un traje blanco con guantes
blancos. Su camisa era carmesí, su corbata era de un verde amarillento y,
encima, se había envuelto en un trozo de piel de un vibrante color púrpura.
Debajo de su cabello decolorado y
despeinado, llevaba una máscara que recordaba a la que había recibido Keisuke,
aunque era mucho más llamativa.
En conjunto, su atuendo evidenciaba una
sensibilidad estética incomprensible. Sin duda, explicaba un par de cosas sobre
la decoración del lugar.
Sus secuaces vestían ropas similares,
que contrastaban marcadamente con las ametralladoras de color negro mate que
colgaban de sus hombros.
¿Era este hombre realmente el anfitrión
de Igra?
Desde debajo de la máscara, dos ojos
con forma de serpiente miraban a Rin y Akira.
Parecía estar revisándolos en busca de
etiquetas, pero Akira sintió que la mirada del hombre se detenía en su cuerpo
más de lo necesario. Se estremeció de asco.
Arbitro: - ¿Acompañantes de un
aspirante a participante? Gracias por venir. No tardaré mucho, así que por
favor esperen aquí. Rezaré por su éxito también.
Su voz era tan melosa como su mirada.
Dejando tras sí una sonrisa superficialmente cortés, el hombre desapareció en
la sala de espera junto con sus subordinados.
Así que ese era Arbitro.
Rin: - Qué idiota, mirándonos con esos
ojos de serpiente. Ese tipo es un completo pervertido.
Akira: - Cierto.
Rin: - ¿Verdad? Tú también lo crees,
¿verdad? Actúa como si Vischio le perteneciera, sin importar que no pudiera
hacer nada sin IlRe.
Animado por el acuerdo de Akira, Rin
dejó escapar un bufido despectivo.
¿Qué estaba pasando dentro de la sala
de espera?
Registrando sus números de ciudadano,
explicando las reglas del torneo...
Probablemente todo quedó ahí, pero el
hecho de que Arbitro fuera tan extraño le dio a Akira algún motivo de
preocupación.
Decidió pedirle más información a Rin.
Esto también le ayudaría a matar el tiempo.
Akira: - ¿Ese chico … estará bien?
Rin: - ¿Huh? ¿A qué te refieres?
Akira: - Me refiero a si ese tipo le
haría algo raro.
Rin: - Ah, cierto. Parece el tipo de
persona que se deja llevar por sus fetiches.
Rin: - Pero no creo que se meta con
gente que quiera unirse a la pelea. He oído que sabe separar el trabajo del
ocio.
En ese momento, Rin frunció el ceño.
Rin: - Aunque... no puedes estar
seguro. Dicen que le gustan los esclavos.
Akira: - ¿Esclavos?
Una palabra inquietante.
Rin: - Sí. Los cambia por etiquetas...
ah, cierto. Supongo que aún no te has enterado. No es que Arbitro explique bien
esa parte.
Rin: - Si traes placas adicionales a
Arbitro, puedes canjearlas por premios, desde una sola placa. Con premios, me
refiero a drogas, alcohol, dinero... de todo. Pero depende de lo fuertes que
sean tus placas. Y esa es una de las cosas que puedes comprar.
En esta última parte, Rin bajó la voz a
un susurro teatral.
Akira: - ¿Qué?
Rin: - Como dije... esclavos. Los
verdugos suelen matar a los perdedores, pero si a Árbitro le gusta su aspecto,
a veces los capturan vivos, los convierten en esclavos y los venden como
premio.
Rin: - Y se rumorea que... es él quien
los rompe.
Verdugos, aunque el nombre no dejaba
mucho a la imaginación, Akira se preguntó cuáles eran sus deberes en realidad.
Consideró preguntar, pero si fuera de
conocimiento común para los participantes de Igra, la pregunta podría hacer
sospechar a Rin. ¿Lo dejó pasar sin hacer comentarios?
Akira: - Que gustos tan asquerosos.
Rin: - En verdad que lo es. Creo que es
mejor morir antes que convertirte en eso …
En ese momento, la puerta se abrió y
salió Arbitro. Rin se quedó en silencio al instante.
Arbitro: - Que tengan un buen día.
Después de darles una sonrisa lujosa,
Arbitro desapareció por el pasillo con sus hombres.
Los luchadores recién incorporados, con
las placas colgando sobre el pecho, comenzaron a salir de la sala. Sus ojos
reflejaban orgullo y entusiasmo bajo las máscaras.
Sin embargo, por alguna razón,
abandonaron la habitación uno a uno, con una larga pausa después de cada uno.
Confundido por esto, estaba a punto de
entrar a la habitación cuando Rin lo detuvo.
Rin: - ¿Lo olvidas? Se supone que deben
irse uno por uno para evitar peleas. Claro, los guardias les dispararían en
cuanto los vieran si empezaran a pelear aquí. Ya ha pasado antes.
Akira: - Cierto. Lo había olvidado.
Akira, interiormente nervioso, se
apartó y esperó a que Keisuke saliera.
Terminó esperando casi media hora.
Finalmente, Keisuke, el último en irse, salió arrastrando los hombros.
Rin: - ~ Bienvenido ~
Rin lo miró a la cara con una sonrisa
burlona.
Rin: - ¿Dónde están tus etiquetas?
¿Decides registrarte?
Keisuke: - Me negué.
Keisuke murmuró y bajó la mirada al
suelo.
Rin: - ¿Eh? Ah, bueno, sí... Supongo
que era de esperarse que un tipo tímido como tú no se uniría.
Rin le dio una palmada a Keisuke en la
parte baja de la espalda.
Keisuke: - ¡Ouch! ¡No es necesario que
me pegues!
Akira: - ¿Qué te dijo Arbitro?
Keisuke: - Él dijo que regresara en
cualquier momento si cambiaba de opinión.
Keisuke habló con una sonrisa triste,
como si recordara cómo se veía Arbitro.
Rin: - Asustado por su forma rara de
ser ¿eh?
Akira: - Bueno, me alegro que hayas
vuelto a salvo.
Keisuke: - ¿Qué significa eso?
Akira: - AL parecer tiene el extraño
pasatiempo de tener esclavos.
Keisuke: - ¿Esclavos?
Keisuke frunció el ceño, como si no
pudiera creer lo que oía.
Keisuke: - ¿Qué se supone que significa
eso de esclavos?
Rin: - Los esclavos son esclavos. En
fin, vámonos. Estar aquí me da mucha picazón.
Rin hizo una mueca teatral, rascándose
la garganta, y se alejó rápidamente hacia la entrada.
Keisuke: -¡Hey! Hombre, en verdad que
hace lo que le da la gana.
Mientras seguían a Rin, Keisuke se giró
para mirar a Akira.
Keisuke: -Uhm, Akira … lo siento.
Akira: - ¿Por qué te disculpas?
Keisuke: - Es decir …
Aunque no lo dijera, Akira se alegró de
que Keisuke hubiera decidido no participar.
Keisuke apenas podía defenderse en una
pelea a puñetazos. No había forma de que pudiera con esto.
Keisuke le dirigió a Akira una larga
mirada con los ojos caídos y luego bajó la mirada.
Tras devolverles la máscara a Keisuke a
los guardias y salir del edificio, bajaron las escaleras hacia la calle. Rin se
giró para encararlos.
Rin: - Bueno, miren. Voy a encontrarme
con un conocido. ¿Quieren venir conmigo?
Keisuke: - ¿Un conocido?
Rin: - Sí. Me pidió un favor. Se los
presentare. Sabe mucho de este lugar, así que no está de más hacer amigos.
El primer pensamiento de Akira fue
sospechar que había algún motivo oculto. Aún no entendía por qué Rin era tan
amable.
Cuando Akira no respondió, unos grandes
ojos lo miraron desde abajo.
Rin: - Probablemente pienses que estoy
planeando algo. Bueno, ya llevo un tiempo en Igra y, sinceramente, estoy harto
de todo.
Keisuke: - ¿Aburrido? ¿De luchar a
muerte?
Rin: - Así es. Y eso es porque soy
fuerte.
Keisuke: - ……
Keisuke pareció desconcertado por la
indiferencia de Rin.
Rin: - Si quiero etiquetas, se las
compro a algún gamberro. Así que no hay de qué preocuparse. Además, buscan
información, ¿no?
Keisuke: - Bueno, eso es cierto …
Rin: - Entonces vamos.
Keisuke le dirigió a Akira una mirada
suplicante. Era evidente que no estaba satisfecho con la explicación de Rin.
Akira tampoco, por cierto, pero ahora
que habían puesto un pie en Toshima, la muerte seguiría siendo una amenaza
constante sin importar cuánto intentaran evitarla.
En ese caso, no estaría mal usar los
contactos de Rin, a ver qué averiguaban. Si Rin hacía algo demasiado
sospechoso, siempre podían irse.
Al llegar a esta conclusión, Akira
asintió.
Akira: - Vamos.
Keisuke: - Akira …
Ignorando la expresión preocupada de
Keisuke, siguió a Rin de regreso al laberinto de callejones.
Una vez que se aseguraron de que no
había nadie más, Rin corrió a buscar un teléfono. Al parecer, era difícil
localizar a la persona que buscaban, así que Rin quería asegurarse de su
ubicación.
Después de que la guerra dejara los
teléfonos móviles prácticamente inservibles, las líneas fijas volvieron a
cobrar protagonismo. Aun así, era difícil encontrar líneas que funcionaran.
El comunicador que Emma le había dado
era inalámbrico, como un celular, pero supuestamente mucho más confiable.
Incluso podía captar ondas de radio, le habían dicho.
Faltaba poco para el atardecer, y el
cielo estaba teñido de naranja y azul. Akira y Keisuke se apoyaban en paredes
opuestas mientras esperaban el regreso de Rin.
Akira: - ¿Cómo te fue?
Keisuke: - ¿Hm?
Akira: - El proceso de registro.
Keisuke: - Ah …
La expresión de Keisuke se oscureció
ligeramente.
Keisuke: - Nos dieron una breve
explicación de las reglas y luego respondieron algunas preguntas. Ese tipo raro
enmascarado... ¿Árbitro? Estaba extrañamente entusiasmado con todo. Eso es
todo.
Akira podía imaginar fácilmente la
teatralidad de Arbitro.
Keisuke: - ¿Quieres que te cuente lo
que me dijeron?
Akira: - Sí.
La explicación de Gwen había sido un
poco demasiado concisa.
Con el rostro aún oscuro, Keisuke miró
hacia abajo por un rato antes de hablar finalmente.
Keisuke: - En primer lugar, el sistema
de etiquetas se basa en el póquer. Eso ya lo sabes, ¿no?
Akira: - Sí.
Keisuke: - Hay ciertas manos que, al
unirse, te dan el derecho de desafiar a IlRe. ¿Lo sabías también?
Akira: - Sí, lo sé.
Keisuke: - ¿Y entonces qué pasa con los
verdugos?
Akira negó con la cabeza.
Akira: - No sé los detalles.
Keisuke: - Ya veo. Um, bueno... ellos
son los que ejecutan a los que rompen las reglas.
Keisuke: - Realizan patrullas
aleatorias por la ciudad y, si encuentran a alguien que infringe las normas, lo
matan en el acto.
Keisuke: - Normalmente, romper las
reglas significa tener un arma, pelear sin testigos o pelear injustamente...
emboscadas y cosas así. También, intentar dejarlo.
Akira: - ¿Los que rompen las reglas son
asesinados automáticamente?
Keisuke: - Sí... Ah, y sobre las
peleas, pierdes si toda tu espalda toca el suelo.
Keisuke: - El ganador se lleva las
etiquetas del perdedor, obviamente, y además de eso...
Keisuke dejó de hablar y bajó la mirada
hacia sus pies. La tristeza en su rostro se hizo más densa.
Akira: - ¿Además de eso …?
Keisuke: - …….
Akira: - ¿Qué es?
Keisuke: - Uh, además... pueden hacer
lo que quieran con el perdedor.
Keisuke mantuvo la mirada baja, como si
le resultara difícil pronunciar las palabras.
Akira no podía imaginar por qué. Tenía
todo el sentido.
Keisuke: - Um... ¿cómo lo digo? Eso
básicamente significa que pueden pasar ciertas cosas a la fuerza.
Akira: - ¿A la fuerza?
Keisuke: - ¡Lo que quiero decir es …!
Keisuke gritó, con la cara
repentinamente roja como una remolacha. Al ver esto, Akira comprendió lo que
estaba diciendo.
Keisuke: - Mira, casi no hay mujeres
aquí, ¿verdad? Supongo que es como estar en prisión. Aunque Arbitro lo dijo en
broma, así que no sé qué tan cierto sea...
Akira sabía que no era broma. El
recuerdo de lo que había visto la noche anterior aún estaba fresco en su mente.
Así pues, aquellos dos habían sido
luchadores, y el vencedor había optado por degradar a su oponente vencido
incluso después de su muerte.
Akira podía entender que se les diera
poder a los ganadores sobre los perdedores, pero ¿qué retorcido deseo de
conquista llevaría a alguien a profanar un cascarón vacío?
Akira: - No puedo entenderlo.
Keisuke: - Sí. Digo, dicen que es una
forma efectiva de demostrar tu dominio...
Keisuke: - Pero... sé a qué te
refieres. ¿Cómo podría alguien hacerle eso a alguien que ni siquiera le gusta?
Akira: - ¿El problema esta en que le
guste o no?
Keisuke: - ¡¿Eh?!
A Keisuke se le quebró la voz y abrió
mucho los ojos. Su rostro estaba aún más rojo que antes, y no por la puesta de
sol.
Keisuke: - ¿Eh? ¡Ni hablar! ¡No me
refería a eso, no lo malinterpretes!
Akira: - ¿Malinterpretarlo?
Keisuke: - Ah … no …
Keisuke se quedó en silencio. Tras un
momento de silencio incómodo, se aclaró la garganta y cambió de tema.
TRADUCCIÓN: SAKURADA DI

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