Elegimos un lugar cerca de la entrada.
En el salón del fondo, sobre el tatami,
ya había unos clientes que parecían pescadores; nos observaban en voz baja,
cuchicheando al vernos llegar vestidos de etiqueta formal.
Sin percatarse de las miradas de ellos,
Ariake-san recorría con entusiasmo el menú pegado en la pared.
Una vez hecho el pedido, en la cocina
la dueña empezó a trabajar con diligencia, moviéndose afanosamente de un lado a
otro.
Mientras esperábamos la comida, le
expliqué el “falso” trasfondo de los hechos hasta ese momento.
Ariake: - Ya veo… Entonces, asiste al
servicio conmemorativo en representación de su padre…
Ōsaki: - Mi padre perdió la invitación
y no conozco bien los detalles del programa.
Ōsaki: - Para ir a Ōejima, pensaba
acudir a la oficina de información de Tōkai Kisen para hacer las gestiones.
Ōsaki: - Entonces… ¿y ese tal
Komise-san, quién es?
Ariake: - En la invitación decía que,
para cruzar a Ōejima, debía contactar con ese barquero.
Ōsaki: - ¿Podría ir con usted?
Ariake: - ¡Por supuesto!
En ese momento, trajeron la comida.
La dueña, preocupándose por su brazo,
dejó también una cuchara junto con los palillos.
Diciendo: “itadakimasu”, juntando una
sola mano a modo de breve gesto de gratitud, y luego empezó a enrollar los
fideos con la cuchara, dándoles vueltas y vueltas.
Los sorbió junto con el vapor, y al
llenarse la boca, los saboreó con una expresión de absoluta dicha.
De alguna manera, se veía tan feliz que
resultaba casi envidiable.
Y precisamente por eso, su brazo
derecho enyesado resaltaba, viéndose aún más desafortunado.
No tengo el mal gusto de preguntar
deliberadamente por la apariencia o por heridas visibles, pero aun así mis ojos
terminaron posándose de manera natural en ese brazo.
Ariake: - ¿?
Ōsaki: - Lo siento.
Ariake: - Ah, no… Es una historia algo
vergonzosa… Resbalé sin querer en las escaleras del embarcadero y, al apoyar la
mano para no caer, me hice una fisura…
Ariake: - Los ligamentos no sufrieron
daño, pero me hicieron un yeso bastante grueso… Como pesa mucho, lo llevo
simplemente colgado.
Ariake: - No me importa ser el único
que tenga que pasar dificultades, pero… Lo siento, le he hecho cargar con el
equipaje y le estoy causando molestias.
Ōsaki: - No se preocupe. Aunque solo
sea durante el breve tiempo que dure el servicio conmemorativo, si hay algo en
lo que pueda ayudar, no dude en apoyarse en mí.
Ariake: - Muchas gracias, Daiba-san.
Desde que me fracturé el brazo, no hago más que depender de los demás…
Al parecer, el vapor de la comida ya se
había disipado un poco; por fin, yo también moví los palillos y empecé a comer.
Cuando llevaba apenas un sorbo del
caldo, me di cuenta de que Ariake-san estaba mirando fijamente mis labios.
Ariake: - ¿Está rico?
Ōsaki: - Sí.
No está mal. Sabe cómo cualquier otro.
Ariake: - Si la comida de la isla es de
su agrado, ¿qué le parece si pedimos también la de allí?
Levantó el dedo índice y, con
discreción, señaló hacia atrás. Los pescadores del lugar estaban tomando piezas
de sushi de un tono ámbar.
Al parecer, Ariake-san había estado
atento y vio con rapidez cuando la dueña salió de la cocina para llevarles el
plato.
Ariake: - Dicen que el shima-zushi
utiliza mostaza en lugar de wasabi.
Ōsaki: - Está bien informado.
Ariake: - Mi hobby es comer. Así que he
estado investigando sobre la gastronomía local y el sake de la región.
Ōsaki: - Yo como poco, así que no se
preocupe y pida lo que quiera. Si sobra algo, me lo comeré.
Ariake: - No creo que quede nada …
Si lo contrario de comer poco es ser un
glotón… ¿será que Ariake-san es así, aunque no lo parezca?
Ariake: - ¿Podría acompañarme un rato
más mientras como?
Ōsaki: - Claro.
Ariake: - ¿No le incomoda? ¿No se está
siendo demasiado considerado por mí…?
Ōsaki: - ¿?
¿Es algo que realmente requiere
aprobación? Vaya introducción tan extraña.
Se mostró tímido y, con la mano, se
abanicó el rostro acalorado.
Luego llamó a la encargada y pidió dos
porciones de cada plato: shimazushi, sashimi y tempura de ashitaba.
A pesar de que solo hay dos mesas
ocupadas, en la cocina parece que estuvieran atendiendo a demasiada clientela.
Ōsaki: - Ariake-san. Yo no necesito
porción.
Ariake: - Bueno… pedí dos porciones de
cada cosa, pero es solo para mí. Jejeje…
Ōsaki: - …….
Ariake: - La verdad es que quería pedir
aún más, pero no cabría en la mesa.
Creí que había ordenado todo por puro
instinto, pero sorprendentemente fue bastante sensato…
Tras un momento, llegaron los platos
típicos de la isla. Ariake-san los iba comiendo en orden, comenzando por los
que estaban más cerca.
Tomando el té que ya se había enfriado,
lo miraba mientras comía.
¿Cómo será la forma del estómago de
alguien flaco que come muchísimo? No puedo evitar pensar en cosas inútiles como
esa.
Ariake: - Perdón por acaparar todo…
Ōsaki: - Tómese su tiempo.
Ariake: - Lo siento.
A pesar de disculparse, se le nota la
felicidad en el rostro.
De todas formas, pienso que la comida
es un excelente pasatiempo. Que alguien pueda distinguir los sabores debe
significar que tuvo una buena educación en casa.
En la época en que empecé a comprender
el mundo, estábamos en plena guerra; la comida no era para disfrutarla, sino
simplemente un recurso para sobrevivir al hambre.
Tal vez por eso, aún no sé lo que se
siente realmente disfrutar de una comida.
Ōsaki: - ¿?
De pronto, me pasan un plato con
shimazushi. Y apenas es una sola pieza.
Ariake-san escondía su boca llena con
la mano y comía con rapidez. Por la forma en que entrecerraba los ojos, tuve la
sensación de que me estaba compartiendo su felicidad.
Con los palillos que ya estaba usando,
tomé la pieza y la degusté con delicadeza. Ariake-san seguía observándome;
comprendí que quería saber qué me parecía.
Guardé silencio y solo asentí con la
cabeza.
Parecía muy contento de recibir mi
reacción silenciosa.
Ariake: - A este paso, también podemos
esperar con ilusión la comida.
Ōsaki: - ¿Otoki? (comida)
Nota: Ariake, al mencionar “comida”, uso la
palabra “otoki”. Es una forma tradicional y respetuosa para referirse a la
comida.
Ariake: - Me refiero a la comida que se
sirve en un servicio funerario (rito conmemorativo budista).
Ōsaki: - Eso ya lo sé. ¿Usted se
refiere a la ceremonia del tercer aniversario, verdad?
Ariake: - Así es …
Como lo dijo como si estuviera
esperando con ilusión el banquete de una boda, me confundí por un momento.
Pero al mismo tiempo me di cuenta de
que, tanto en un servicio funerario como en una boda, a los hombres los hacen
vestir de negro, así que visto desde fuera no parecen ceremonias tan distintas.
La persona llamada Ariake-san, que me
hizo darme cuenta de eso, es alguien de carácter amplio y alegre;
verdaderamente una persona afortunada (o de buen augurio).
De algún modo, me recuerda a
Shinkiba-san.
El largo desayuno terminó y salimos del
lugar.
Empezó a soplar el viento, y estaba
algo más fresco que dentro del lugar. Ariake-san se estiró con satisfacción, y
nosotros volvimos a caminar por el puerto.
7:00 de la mañana. El barco todavía
estaba anclado en el mar.
Ahora iba a recoger a los pasajeros y,
probablemente, regresar a Tokio después de pasar otra noche en el camino.
Observando el barco que se balanceaba,
Ariake-san frunció el ceño con expresión de malestar.
Ariake: - Para el regreso, nos
alojaremos en la primera clase…
Ōsaki: - Si no le gustan los barcos,
también está la opción del avión. Hay pocos vuelos, pero parece que hay un
Cessna que va a Haneda.
Ariake: - ¡¿Cessna?!
Ōsaki: - Sí. Parece que abrió en mayo
de este año. El personal debería poder ayudar con el equipaje.
Ariake: - Eso haré …
Yo tenía planeado regresar en el mismo
barco y ya se me había emitido el boleto para la suite de primera clase.
Empezamos a caminar sin un rumbo fijo.
Así, cada uno había decidido cómo
regresaría, lo cual estaba bien, pero el problema inmediato era…
Cómo llegar a Ōejima.
Ōsaki: - ¿A dónde tengo que ir para
poder encontrarme con a Komise-san?
Ariake: - Pues… solo dice que venga al
puerto Yaene, pero no están escritos los detalles.
Ōsaki: - Por favor, muéstreme la
invitación.
De pronto, Ariake-san se quedó
paralizado.
Como si quisiera esconderlo, atrajo el
bolso hacia detrás de sus rodillas…
Ōsaki:
- ¿Ariake-san?
Ariake:
- ¡!
Ōsaki:
- ……
Ariake: - ……
Entre ellos se había abierto un
profundo y extraño silencio.
“Muéstreme la invitación”. ¿Habré dicho
algo fuera de lugar sin darme cuenta…?
Ōsaki: - Perdón… no quería causarle
molestias.
Ariake:
- Ah ….
Ariake:
- N-No …
Me dio la espalda y abrió el bolso con
dedos que no dejaban de temblar.
Había algo extraño en la forma temerosa
en que movía las manos, como si temiera ser asaltado en cualquier momento.
La chaqueta de luto estaba metida en el
bolso, y sobre su oscuridad se destacaba un sobre escarlata.
Sin sacar el sobre, metió los dedos y
con destreza extrajo una hoja de papel…
Ariake: - Esta es la invitación.
Hasta hace un momento parecía vacilar,
pero ahora se muestra completamente impasible…
Sin presionar por su comportamiento, me
incliné junto a él para echar un vistazo a la carta.
El contenido es el siguiente…
“Estimados miembros de su honorable
familia: Les saludo cordialmente y me alegra saber que gozan de buena salud y
prosperidad.”
“Se ha decidido celebrar el tercer
aniversario del fallecimiento de la querida Ōe An en la fecha señalada, y nos
complacería llevar a cabo un modesto servicio conmemorativo.”
“Rogamos tenga la amabilidad de
acompañarnos.”
“Desde las 10:00 a.m. el día 23 de
septiembre del año 30 de la era Shōwa (Año 1955)”
“El 22 de septiembre, en Ōe-jima,
Tokio, por favor diríjase al barquero Komise en el puerto Yaene de
Hachijō-jima.”
“Se ha preparado su estancia en el
Ryokan Mikazuki.”
“Ariake Shootaroo-sama” ….
Ōsaki: - ¿Qué dice la carta acerca de
Komise-san?
Ariake: - Solo esto.
Primero que nada, ni siquiera sé si “込瀬” se pronuncia Komuse o Komise. No
tengo ni idea de cómo luce la otra persona.
En realidad, no dice nada sustancial…
Tras agradecerle y devolverle la carta,
la guardó con prisa dentro del bolso.
Tuve la sensación de que existía un
límite íntimo al que no debía asomarme ni mucho menos traspasar.
Al desviar la mirada hacia afuera, de
pronto noté la silueta de un anciano que nos observaba en silencio.
El anciano estaba sentado de espaldas a
la caseta del puerto y sostenía una pipa delgada, tan fina como sus propios
dedos.
¿Cuántos habría fumado? A sus pies, el
suelo se veía blanquecino por la ceniza acumulada.
Ariake-san siguió la dirección de mi
mirada, se volvió y entonces vio al anciano.
Tenía la piel tostada de un viejo lobo
de mar y el rostro arrugado como un pescado seco; pero sus ojos, saltones y
brillantes, parecían los de un pez aún vivo.
Caí en la cuenta de que el hombre nos
había estado vigilando desde el principio.
Desprendió el tabaco de la pipa y,
alzándose despacio, empezó a acercarse sin apartar de nosotros su mirada
penetrante.
Con las manos entrelazadas detrás de la
espalda, avanzaba dando pequeños pasos que recordaban a los de un pollito.
Desconocido: - Hazte a un lado, mocoso.
Ariake: - ¡Lo siento!
Ariake-san se hizo a un lado,
despejando el camino.
Al atravesar el centro de nuestro
grupo, el hombre clavó la mirada en los rostros de cada uno de nosotros.
Se limitó a hacer eso, sin emitir
palabra alguna, y continuó su camino…
Quedé tan pasmado que casi lo sigo con
la mirada mientras se alejaba.
Ariake-san, alarmado, salió corriendo
tras él.
Ariake: - ¿Es un residente de aquí?
Desconocido: - ……
Ariake: - Nosotros estamos buscando a
una persona llamada Komise-san.
Ariake-san, por educación, sustituyó
“boku” por “watashi” al dirigirse a él.
Nota: (En el idioma japonés, existen
varios pronombres para “yo” dependiedo si el hablante es hombre o mujer y
también si hablan de manera formal, respetuosa o coloquial. “Boku” es el
pronombre para “yo” usado por los hombres jóvenes y es un pronombre informal. “Watashi”
es usado por hombres y mujeres para hablar de si mismo de manera formal o
cortés.)
El hombre, perseguido, no se detuvo ni
un instante y, con paso firme, saltó al barco pesquero que permanecía atracado.
Ariake-san inclinó la cabeza, sintiendo
que se había entrometido demasiado.
El hombre puso en marcha el motor del
barco y asomó la cabeza desde la cabina de mando.
Desconocido: - Estorbas.
Ariake: - ¿E-Estorbo …? Siento mucho
molestarlo.
Ōsaki: - Parece que este hombre es
Komise-san.
Ariake: - ¿?
Ōsaki: - Hace un rato me preguntó: “¿A
dónde te diriges?”
Recibí el bolso de las manos distraídas
de Ariake-san y me dirigí hacia el barco pesquero de Komise-san.
Ariake-san recuperó la compostura y, a
estas alturas, empezó a moverse nerviosamente, dando pequeños pasos.
Ariake: - Este viejo … digo, ¿vamos a
ir a la isla en este barco?
Ariake: - Bueno… ¿no habría un barco
más decente o algo así…?
Komise: - Mientras sea práctico.
Ariake: - ¿Q-Qué …?
Ōsaki: - Dice que no habrá problema.
El rugido del motor animó a Ariake-san,
que saltó al barco tratando de imitar lo que había visto.
El barco zarpó de inmediato, dejando
atrás el muelle.
Tomamos asiento, sentados uno frente al
otro, en los asientos de la proa del barco.
Antes de que Ariake-san pudiera
asimilarlo, se alejaron de la costa, y su mirada se movía nerviosa, como si no
supiera dónde mirar.
Ariake: - ¿Será que todo estará bien…?
Yo no logro comprender nada de lo que esa persona dice…
Ōsaki: - Es el dialecto de Hachijō-jima.
He estudiado un poco, así que, si surge algún problema, puedo hacer de
intérprete.
Mientras yo revisaba los términos,
Ariake-san exploraba los productos de la zona. Creo que ambos son útiles, pero él se
rascó el estómago con vergüenza.
Ariake: - Jejeje ….
Con un barco a 26 nudos, el trayecto
desde Hachijō-jima hasta Ōe-jima debería tomar alrededor de 15 minutos…
A medida que subía la temperatura, las
nubes se desvanecían, dejando un cielo de un azul profundo que se extendía por
todo el horizonte.
El barco seguía bamboleándose
violentamente. Cada vez que cortaba una ola, la proa saltaba, y Ariake-san no
podía contener su alegría, exclamando con entusiasmo.
A medida que nos acercábamos, Ōe-jima
se volvía más vívida. Era como si una acuarela difusa se secara, y los
contornos de los colores empezaran a definirse; un proceso de clarificación
impresionante.
De todos modos, es una isla de forma
realmente extraña.
No tiene las amplias y suaves laderas
que se ven en el monte Hachijō-Fuji o en el monte Mihara. Es
extraordinariamente alto, como si solo la cima de la montaña hubiera sido
recortada y flotara en el aire.
Estaba sumido en mis pensamientos, sin
que nadie lo notara.
Así que esta es Ōe-jima… ¿Mi abuela
nació en un lugar tan lejano?
Me pregunto si, de haber vivido en otra
época, también habría nacido y crecido en este lugar…
Cuando desvié la mirada hacia
Ariake-san, lo encontré contemplando Ōe-jima también, esbozando una sonrisa
tranquila.
Esa sonrisa tenía, de algún modo, un
matiz de melancolía…
Ariake: - Estaba pensando en Ōe-san.
Ōsaki: - ……
Ariake: - Yo era miembro del personal
del crematorio y estuve presente en su funeral. Fui invitado al tercer
aniversario de su fallecimiento gracias a esa conexión.
Ariake: - Cuando nos tocó encargarnos
del funeral de la reconocida Ōe-san… no sabía si sentir tristeza o melancolía…
pero, de algún modo, también había alegría.
Ōsaki: - Era una gran persona… qué
lástima.
Ariake: - Sí… Oh, lo siento. Se puso un
poco melancólico el ambiente.
Después de eso, Ariake cambió el tono
de la conversación.
Ariake: - ¿Verdad que su acento, un
poco torpe al hablar, era muy lindo?
Ōsaki: - Si no recuerdo mal, ella decía
‘dappa’ en vez de ‘rappa’. Al parecer, es un dialecto de por aquí.
En Japón existen, en términos
generales, seis grandes dialectos. El de las islas Izu es uno de ellos, y se
dice que es el que más se parece al japonés antiguo.
Pensé que ese tipo de conversación no
sería relevante para Ariake-san, así que preferí no decir mucho.
Si algo es lindo, simplemente se dice
que es lindo; en una charla superficial basta con coincidir en ese tipo de
sentimientos.
Ariake: - ¿Qué tipo de relación tenía
su padre y Ōe-san?
Ōsaki: - Al parecer, su cercanía surgió
cuando él les prestó la localización para el rodaje de una película.
Ariake: - ¿Película …?
Él puso una expresión de sospecha.
Ariake: - ¿Y cuál era el titulo de esa
película …?
Ōsaki: - Si no me equivoco, era Hibisco
…
Nota: “Hibisco es el nombre de la flor
tropical”
Ariake: - ¡¿HIBISCO?!
Ōsaki: - …….
Ariake: - ¡¿Eh …?! ¡¡¿Ehhh?!!
Me llevé un susto porque de pronto se
puso a gritar.
Él mantenía la calma al hablar de An
Ōe, pero parecía que, sin que nos percatáramos, se había dejado llevar
demasiado.
Intentó levantarse para sentarse a mi
lado, pero las olas lo hicieron perder el equilibrio y retroceder.
Ariake: - Para ser honestos, ¡yo adoro
a An-chan!
Ōsaki: - ¿An-chan?
Era como si estuviera llamando a su
amante.
Ariake: - ¡Incluso tengo bastantes
pósters de ella y he visto todas sus películas! ¡Me daba pena decirlo, por eso
lo había guardado en secreto…!
Ariake: - Por cierto, ¿a cuál de los
lugares de rodaje de Hibiscus se
refiere?
Ōsaki: - Es la pensión blanca.
Ariake: - ¡Guau! ¡Ese es el lugar donde
An-chan trabajaba!
Ōsaki: - Ah, ya entiendo. No he visto
la película, así que no sé mucho sobre su contenido.
No sé mucho al respecto… Aunque eso es
lo que dijo Shizuma Daiba, también reflejan lo que pienso.
Ariake-san empezó a relatar la sinopsis
sin que yo se lo pidiera.
Ariake: - ¡La pobre An-chan fue enviada
a servir a la casa de un amable soldado estadounidense, y esa casa es la
pensión blanca!
Ōsaki: - Heh …
Ariake: - ¡Es una historia veraniega
entrañable! La parte donde todos hornean un pastel con la madame y celebran
juntos la fiesta te hace llorar de emoción.
Ōsaki: - Cierto.
Ariake: - Increíble. ¡Daiba-san es una
persona increíble!
Ariake: - ¿Habrá alguna manera de que
algún día también me pudieran llevar a esa casa…?
Ōsaki: - Se vendió todo, incluido el
terreno.
Ariake: - ……
TRADUCCIÓN: SAKURADA DI

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