Ariake: - ……
Ōsaki: - En realidad, este terreno
estaba en venta desde el principio.
Ōsaki: - Perdón por la demora en
presentarme. Mi nombre es Daiba Shizuma, presidente de Daiba Construcciones.
Ōsaki: - Como también estamos
interesados en la industria turística de Hachijōjima, he estado estudiando la
cultura local.
Ariake: - Aah, ya veo …
La tarjeta de presentación que le di
atravesó la mano izquierda de Ariake y desapareció en el mar, perdiéndose entre
las algas.
Ariake: - Lo siento mucho … su tarjeta
de presentación [on …
Ōsaki: - ….
Después de esta ceremonia,
probablemente Ariake-san y Shizuma-san no volverán a verse.
A las personas que uno conoce en un
funeral no vuelve a verlas, a menos que alguien muera otra vez.
Pero, por si acaso, tendré que
averiguar poco a poco dónde trabaja Ariake-san y en qué zona reside.
Si solo nos hubiéramos cruzado una vez,
no habría motivo para investigar tanto. Pero con Ariake-san… sabía que ya me
había involucrado demasiado.
Ariake: - ¡Hey, Daiba-san! Ya se está
viendo.
Señaló el puerto de Tanayagemachi, en
Ōejima…
El barco fue reduciendo la velocidad
mientras se acercaba al muelle.
Komose-san lanzó la cuerda y la
enganchó con un ‘pit’, acercando el barco a la orilla solo con la fuerza de sus
brazos.
Bajamos del barco en orden: primero
Ariake-san y luego yo. Me acerqué al borde del muelle para entregarle la
propina, pero él, ocupado, desataba la cuerda y se preparaba para irse.
Ōsaki: - Muchas gracias… déjeme pagar
por habernos traído hasta aquí.
Komose: - ……
Ōsaki: - ¿Komose-san?
El rugido del motor lo hizo
desaparecer. Sin mirarme ni una sola vez, se ocupó del barco y regresó al mar…
Nos quedamos boquiabiertos,
contemplando las olas blancas que dejaba atrás.
Ariake: - ¿Qué se supone que hagamos
con el barco de regreso…?
Ariake: - En la carta de invitación
decía como llegar, pero no se mencionó como regresar …
Ōsaki: - Seguramente, el propietario se
encargará de organizarlo.
Ariake: - Ya veo. Tiene razón.
Volvimos a contemplar Ōejima, esta vez
con más atención.
Un bosque denso y sombrío se aferraba a
la pendiente. El pueblo pesquero de Tanabamachi estaba construido en forma de
graderías. Me invadió una sensación inquietante, como si estuviera mirando un
enorme altar budista desde los ojos de un niño…
Ōsaki: - …..
Ariake: - Que tranquilo esta este lugar
…
El puerto pesquero mostraba signos
evidentes de abandono. Al no haber peces, ni siquiera las gaviotas se
acercaban.
El aire veraniego, denso y húmedo,
estaba suspendido en el ambiente, y aun así no se escuchaba ni el canto de las
cigarras ni el croar de las ranas…
El silencio era tan absoluto que uno
podría pensar que éramos los únicos dos en el mundo, completamente abandonados.
Ariake: - Me pregunto su la persona que
vendrá a recogernos no vendrá …
Ōsaki: - Así parece. Como es un pueblo
pequeño, ¿por qué no buscamos un lugar para hospedarnos caminando?
Ariake: - Suena bien.
Él asintió, y su gesto transmitía una
serena solemnidad.
En el puerto se alzaba una gran
escalera, que marcaba la entrada al pueblo.
Ariake-san caminaba al frente, y yo lo
seguía tras él.
En lugar de abrir la montaña para
urbanizarla, la isla estaba construida siguiendo el relieve, como si las casas
se aferraran a la ladera.
Con tantas cuestas y escaleras
pequeñas, uno terminaba sintiendo que se había perdido dentro de un hormiguero.
Aunque las fachadas de los edificios
seguían en pie, el viento y la lluvia habían arrasado casi todos los
interiores.
La isla que tenía frente a mí era muy
distinta de la que había imaginado…
¿Estaría Ariake-san sintiendo lo mismo?
El sudor que le recorría la frente parecía más bien un sudor frío de nervios.
Ariake: - ¿Todavía vive alguien aquí?
Las sillas y los escritorios siguen exactamente donde los dejaron.
Ōsaki: - Los que vivían aquí antes
debieron irse creyendo que regresarían pronto.
Ariake: - Es como si se hubieran ido de
noche.
Siempre creí que las islas del sur
serían alegres, veraniegas y bañadas por el mar.
Me lo imaginaba así: un paisaje
tropical con frutos por todas partes, como en esas fotos de Daiba Sahee y Ōe
An.
No había flores ni frutos, ni siquiera
pájaros pasaban por aquí. Solo el cielo permanecía claro, y al subir las
escaleras daba la sensación de acercarme cada vez más, como si algún día
pudiera tocar su techo.
Sin embargo, y sorprendentemente, los
pasos de Ariake-san se hicieron más ágiles.
Mirando el cielo y el mar, y con cada
ráfaga de viento, me devolvía la mirada con una cálida sonrisa.
Ariake: - Que calor hace, ¿verdad?
Ōsaki: - Si lo hace.
Ariake: - Pensé que sería así, así que
traje un arma secreta.
Ōsaki: - ¿?
Ariake: - Tengo algo que te refresca
sin electricidad… Daiba-san, ¿puede adivinar qué es?
Ōsaki: - ¿Un abanico?
Ariake: - No.
Ōsaki: - ¿Un shishi-odoshi?
Nota: shishi-odoshi, es un mecanismo japonés
tradicional hecho de bambú que se llena de agua y luego se vacía, produciendo
un sonido de golpe para ahuyentar ciervos u otros animales.
Ariake: - Waah, está muy cerca.
Ōsaki: - Lo pensaré un poco más.
Ariake: - ……
Ōsaki: - …….
Ariake: - ……
Hice como que pensaba y con eso cerré
la conversación.
Continuamos por el pequeño camino hasta
que se juntó con una gran pendiente.
A lo largo de la calle, los edificios
se sucedían uno tras otro. Todas tenían las puertas tapiadas, pero había una
casa cuya puerta estaba abierta.
Un letrero de madera mostraba grabado
“Luna Creciente”. Antes debía estar pintado, pero ahora la madera mostraba su
tono natural, desgastada por el tiempo.
Ariake: - Seguramente debe ser aquí.
No estaba lejos del puerto, pero subir
las escaleras empinadas nos llevó unos 10 minutos.
Ariake-san cruzó la puerta y se metió
en el interior, caminando con pasos inseguros.
Ariake: - Disculpen, ¿hay alguien aquí?
Ōsaki: - …….
De pronto, miré hacia arriba. Dos
hombres con traje nos vigilaban desde la cima de la pendiente.
Uno mantenía los pies juntos, delgado y
erguido, mientras que el otro se apoyaba con las piernas abiertas, firme y
contundente. Pero estaban tan lejos que no podía decir si los conocía o no.
Hice una ligera reverencia, y ellos se
miraron entre sí antes de devolverla de manera un tanto incómoda.
Ambos se dirigieron al edificio de al
lado, y daba la impresión de que querían esquivarme.
Seguí a Ariake-san y me adentré en la
sombra.
La entrada de la casa era mucho más
espaciosa de lo que esperaba.
Junto a mí estaba el comedor, y un
largo pasillo continuaba hacia el frente.
Aunque el interior está oscuro, el
reflejo de la luz del sol resulta deslumbrante.
Ariake: - Disculpen …
La voz de Ariake-san se perdió a lo
largo del pasillo, pero no hubo el eco que esperaba.
Ariake: - Creo que es aquí…
Estoy a punto de comentar sobre las dos
siluetas que vi hace un momento y el edificio de arriba, pero…
De repente, se oyeron unos pasos
pesados, rápidos y regulares acercándose desde el fondo del comedor.
Apareció un hombre corpulento.
El hombre lleva un cuchillo en la mano…
no, mejor dicho, un yanagiba.
Nota: cuchillo japonés largo y delgado
usado para cortar sashimi.
Tras pasar bajo el noren,
el hombre se quedó congelado en una postura baja, clavando la mirada hacia
nosotros.
Nota: cortina tradicional japonesa que
cuelga en la entrada de tiendas o restaurantes.
La mano que sostenía el cuchillo estaba
cubierta de sudor, y la tensión se reflejaba en sus mejillas y cuello.
Por un momento, parecía que no podía
comprender palabras humanas. Sus ojos tenían la mirada de una bestia.
Primero puse a Ariake-san a mi espalda
y luego intenté dialogar con el hombre.
Ōsaki: - ¿Es este lugar la “Luna
Creciente”?
Desconocido: - Haah … haa …
Ōsaki: - Estamos buscando una posado
donde quedarnos.
Desconocido: - ¡¿Ngh?!
Sus hombros se hundieron de pronto, y
nos hizo una pequeña reverencia.
Funano: - D-disculpe la espera… Soy
Funano, me encargo del alojamiento…
Ariake: - ¡!
Funano: - ¿?
Ariake: - ¡!
Funano: - ¿?
Funano: - ¡Ah!
Imposible hablar con alguien que aún
tenía el cuchillo en la mano. Tras echar un vistazo a Ariake-san, se retiró
rápidamente hacia el fondo del comedor.
Enseguida regresó, limpiándose las
manos al volver.
Funano: - ¡L-Lo siento mucho …!
Debía tener el cuchillo por ser el
encargado de la cocina. Lo que lo hizo vacilar fue cruzarse con nuestra mirada.
Ariake: - Mucho gusto. Soy Ariake.
Estaré bajo su cuidado por un tiempo.
Ōsaki: - Soy Daiba.
Funano: - D-Daiba-sama, Ariake-sama …
Funano: - Sean bienvenidos. Los llevare
a su cuarto.
¿Acaso tiene tartamudez? Su voz se cortaba a intervalos
mientras hablaba.
Nos quitamos los zapatos en la entrada
y él los alineó. El frío del pasillo se filtraba en sus pies. Funano-san, con
dedos robustos, recogió los zapatos de ambos y los llevó con soltura al
zapatero.
Luego levantó nuestro equipaje y, con
un simple gesto de ojos, nos invitó a avanzar por el pasillo.
A pesar de su gran tamaño, se mueve con
discreción y es sorprendentemente atento. Debe de ser una persona callada;
tiene unos labios rectos y anchos muy característicos. Sin darme cuenta, lo
analizo como si fuera parte de mi trabajo.
Y así fue como llegué a la isla de Ōe.
La posada Luna Creciente tenía un patio
interior. Los cristales enrejados, pulidos con esmero, proyectaban suaves
ondulaciones sobre el suelo.
De pronto, Ariake-san se detuvo y me
dio un par de golpecitos en la espalda.
Ariake: - Allá está volando una
mariposa.
Ariake: - Es muy hermosa …
Una mariposa roja parece nadar entre el
verde del jardín. Funano-san se vuelve y deja escapar una sonrisa suave, casi
imperceptible.
Funano: - Es una especie propia de la
isla de Ōe.
Funano: - Su forma recuerda al dorso de
dos manos unidas, por eso la llaman ‘mariposa de dorso de mano’.
Llevó las manos al pecho y las juntó en
un gesto invertido.
Los pulgares marcaban el borde frontal,
y los índices imitaban la larga cola posterior.
Parecía una mariposa puesta del revés.
Ariake: - Había oído que era una isla
deshabitada, pero esta posada está muy bien cuidada.
Funano: - El dueño me pidió que me
hiciera cargo, así que vivo aquí ocupándome de todo.
Ariake: - No puede ser. ¿Usted se
encarga de todo solo?
Funano: - Sí …
Ariake: - ¡Eso es increíble! Lo hace,
aunque esta posada es enorme.
Ōsaki: - Vaya… parece que la isla de Ōe
fue próspera en el pasado.
Funano: - El archipiélago de Izu tiene
un verano largo. Parece que muchas personas venían a la isla de Ōe para
disfrutar de la playa…
Tras caminar por el pasillo, llegamos a
un salón cuadrado. De él partían pasillos a izquierda, derecha y frente. La
construcción tenía un diseño en forma de cruz.
Funano: - A la derecha se encuentran la
cocina y las escaleras que llevan al segundo piso.
Funano: - A la izquierda se encuentran
el baño interior y la sala de teléfonos. El baño está sin agua, así que no se
puede usar. El teléfono conecta con el continente, así que siéntanse libres de
usarlo.
Funano: - Ariake-sama, por favor espere
aquí. En un momento lo guiaré al segundo piso. Mientras tanto, usted puede
pasar por aquí…
Continuamos por el pasillo. Cuando oí
mi nombre, Daiba-san, me giré y Ariake-san me sonrió con calma en la tenue
oscuridad.
Ariake: - Muchas gracias por ayudarme
hoy.
Ōsaki: - No hay de que.
Ariake: - No solo por eso.
Ariake: - Sin ti, Daiba-san, dudo que
hubiera logrado llegar hasta aquí. Seguramente me habría perdido.
Ariake: - Si no te importa, ¿te
gustaría seguir acompañándome?
Ōsaki: - Con gusto.
Sonrió mostrando sus pequeños dientes
delanteros.
Tras un breve gesto de saludo, continue siguiendo a Funano-san.
Al fondo del pasillo hay una puerta que
da al exterior trasero.
Había habitaciones a ambos lados, y me
condujeron hacia la izquierda.
La habitación era pequeña, de unas tres
esteras de tatami. Estaban limpias, pero suavemente hundidas por el uso,
dejando sentir el paso del tiempo.
El escritorio daba a la ventana, desde
donde se podían ver los tejados y el mar.
Funano: - La cena se servirá a las
seis, en el comedor junto a la entrada.
Funano: - Los futones están guardados
en el armario. A las 10 apagamos las luces, así que luego tendrán que usar
velas.
Funano: - No obstante, les pedimos
abstenerse de encenderlas después de las 00:00. Asimismo, eviten el uso de
velas, cerillas o cigarrillos…
Ōsaki: - ¿Por qué?
Funano: - Es una tradición… dicen que,
de lo contrario, ‘acaban acercándose’…
Ōsaki: - ¿Qué es lo que se acerca?
Funeno: - No estoy muy seguro tampoco …
Ōsaki: - Entendido.
Probablemente sea una advertencia
contra los incendios nocturnos. Es una costumbre bastante común atribuirlo a lo
espiritual para hacer cumplir las normas de convivencia.”
Funeno: - Además, les agradeceríamos
que anotaran su nombre en el libro de registro del alojamiento.
Ōsaki: - ¿El hospedaje tiene más además
de la Luna creciente…?
Funeno: - Así es. Tal como se indicó,
contamos con ‘Yaegaki’ también.
Ōsaki: - Perdón, he extraviado la carta
de indicaciones en el camino y no sé en qué alojamiento pasaré la noche.
Funeno: - ……
Ōsaki: - ……
Funeno: - ……
Ōsaki: - ¿Funeno-san?
Funeno: - ¿Perdió la carta de
indicaciones …?
Decía las palabras con voz rasposa. Me
quedé sorprendido de que fuera algo tan importante.
Al inclinar de nuevo la cabeza diciendo
‘disculpe’, él se estremeció y negó con la cabeza.
Funeno: - N-no, yo tampoco tengo
conocimiento de quién se hospedará en qué lugar… Todos ustedes se alojarán en
el alojamiento indicado en la carta de instrucciones.
Ōsaki: - Entiendo. Mantendré la
disponibilidad posible en caso de cambiar de habitación en cualquier momento.
Funeno: - Contamos con numerosas
habitaciones. Le pido que descanse aquí a partir de esta noche.
Ōsaki: - Lo siento, y gracias.
Inmediatamente anoté mi nombre en el
libro de registro del hospedaje.
En la primera página, solo estaba
escrito el nombre de una persona mayor…
Ōsaki: - Parece que es un libro de
registro de huéspedes nuevo.
Funeno: - Esto ha sido preparado
especialmente para el servicio conmemorativo.
Anoté el nombre como Daiba Shizuma y la
dirección de aquella lujosa residencia. Naturalmente, escribí de igual manera a
la que escribiría Shizuma-san.
Lo terminé de escribir rápido y sin
problemas, y se lo pasé a Funano-san… Él se inclinó con cortesía y se fue.
Luego, tras un pequeño respiro, empecé
a desempacar.
La muda de ropa, los medicamentos de
uso habitual y el reloj despertador, todo pertenecía a Shizuma-san y me fue
prestado. No adquirí nada adicional para esto; incluso traje deliberadamente
medicinas ya empezadas.
Del baúl saqué un cenicero, cigarrillos
y cerillas, así como una libreta y un lápiz, y los dispuse sobre el escritorio.
En el momento en que me llevé un
cigarrillo a los labios, se oyó un ruido proveniente del segundo piso.
Mientras oía su voz, registré en mi
cuaderno sus ‘rasgos fisonómicos’…
Ariake Katsutarō.
Un hombre cuyo rasgo distintivo es un
flequillo largo. Se presume que ese tipo de peinado está fijado con pomada y
dividido en estilo siete-tres.
Su mirada de ojos rasgados transmite
una impresión fría a primera vista; sin embargo, es sociable y de carácter
franco…
De entre todos los hombres que he
conocido, es el de rasgos más refinados.
Ariake-san, en el piso superior, abrió
la ventana. Su voz descendió hasta la planta baja.
Ariake: - Que buena brisa.
Funeno: - El viento siempre sopla desde
la dirección de Hachijō-jima.
Funeno: - Al parecer, la topografía
submarina se hunde hacia Ōe-jima, generando corrientes marinas que conducen el
viento, según lo indicó un erudito.
Ariake: - El viento que sopla siempre
desde un mismo lado… resulta verdaderamente enigmático.
Funeno: - En este mar hay una leyenda
de amor trágico. Es una historia muy parecida a la de Orihime y Hikoboshi…
Ariake: - ¿Funeno-san, es usted
originario de esta zona?
Funeno: - Sí, soy originario de
Hachijō.
Ariake: - Veo que no posees el acento
típico de un barquero.
Funeno: - Así es …
Ariake: - Disculpe… ¿sería una molestia
si coloco una [furin] campanilla de viento en la habitación?
Funeno: - Adelante. Disfrute su
estancia.
Ariake: - Jejeje.
Ariake-san se acomodó en el alféizar de
la ventana, provocando que los marcos de madera crujieran.
Funeno: - Debe ser difícil para usted
con un brazo lastimado, permítame ayudarlo.
Ariake: - Ah, sí … gracias.
El sonido nítido de la campanilla se
difundió. ¿Así que este es el truco secreto de Ariake-san para refrescarse sin
electricidad?
Estaba mirando por la ventana y, de
repente, me molestó ver mi propio ceño fruncido reflejado en el agua.
Cerré el cuaderno y lo volví a guardar
en el fondo del baúl.
Ōsaki: - ……
No era propio de mí, pero me sentía
culpable por engañar a alguien.
Las pertenencias de Shizuma-san, en su
conjunto, presentan una baja saturación de color. Incluso en ese baúl, el único
elemento que poseía mi propio matiz eran las ‘acuarelas’.
Tras la entrevista de septiembre,
recibí una llamada en la que se me solicitaba realizar un boceto de la isla de
Ōe.
Se me solicitó que retratara, desde mi
propia subjetividad, la isla de Ōe donde su padre, Daiba Sahee, nació y se
crio. Dibujar es mi hobby… ahora que lo pienso, tal vez querían darme un tiempo
para distraerme.
Sin llegar a terminar el cigarrillo, lo
apagué presionándolo contra el cenicero.
En vez de eso, agarré papel de
acuarela, la paleta, un lápiz y pinceles, un trapo y un frasco para lavar los
pinceles, y salí del cuarto.
Cuando regresaba por el pasillo, justo
en ese momento Funeno-san bajaba del segundo piso. Pensándolo bien, él se
encontraba en plena preparación de la comida.
Al llamarle ‘Funeno-san’, sujetó con
fuerza el libro de registro y se giró, visiblemente sorprendido.
Es natural que se asuste al escuchar
una voz en la oscuridad, pero aun así me parece exagerado… Me acerqué lo más
silenciosamente posible.
Ōsaki: - ¿Está disponible el servicio
de agua en la isla?
Funeno: - El agua de lluvia filtrada
para beber fluye hasta la cocina…
Ōsaki: - En ese caso, se trata de algo
bastante valioso.
Funeno: - ¿Le gustaría pasar?
Preguntó, algo nervioso.
TRADUCCIÓN: SAKURADA DI

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