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sábado, 26 de septiembre de 2026

Ooe (Ruta Común) #06

 

Ariake: - ……

Ōsaki: - En realidad, este terreno estaba en venta desde el principio.

Ōsaki: - Perdón por la demora en presentarme. Mi nombre es Daiba Shizuma, presidente de Daiba Construcciones.

Ōsaki: - Como también estamos interesados en la industria turística de Hachijōjima, he estado estudiando la cultura local.

Ariake: - Aah, ya veo …

La tarjeta de presentación que le di atravesó la mano izquierda de Ariake y desapareció en el mar, perdiéndose entre las algas.

Ariake: - Lo siento mucho … su tarjeta de presentación [on …

Ōsaki: - ….

Después de esta ceremonia, probablemente Ariake-san y Shizuma-san no volverán a verse.

A las personas que uno conoce en un funeral no vuelve a verlas, a menos que alguien muera otra vez.

Pero, por si acaso, tendré que averiguar poco a poco dónde trabaja Ariake-san y en qué zona reside.

Si solo nos hubiéramos cruzado una vez, no habría motivo para investigar tanto. Pero con Ariake-san… sabía que ya me había involucrado demasiado.

Ariake: - ¡Hey, Daiba-san! Ya se está viendo.

Señaló el puerto de Tanayagemachi, en Ōejima…

El barco fue reduciendo la velocidad mientras se acercaba al muelle.

Komose-san lanzó la cuerda y la enganchó con un ‘pit’, acercando el barco a la orilla solo con la fuerza de sus brazos.

Bajamos del barco en orden: primero Ariake-san y luego yo. Me acerqué al borde del muelle para entregarle la propina, pero él, ocupado, desataba la cuerda y se preparaba para irse.

Ōsaki: - Muchas gracias… déjeme pagar por habernos traído hasta aquí.

Komose: - ……

Ōsaki: - ¿Komose-san?

El rugido del motor lo hizo desaparecer. Sin mirarme ni una sola vez, se ocupó del barco y regresó al mar…

Nos quedamos boquiabiertos, contemplando las olas blancas que dejaba atrás.

Ariake: - ¿Qué se supone que hagamos con el barco de regreso…?

Ariake: - En la carta de invitación decía como llegar, pero no se mencionó como regresar …

Ōsaki: - Seguramente, el propietario se encargará de organizarlo.

Ariake: - Ya veo. Tiene razón.

Volvimos a contemplar Ōejima, esta vez con más atención.

Un bosque denso y sombrío se aferraba a la pendiente. El pueblo pesquero de Tanabamachi estaba construido en forma de graderías. Me invadió una sensación inquietante, como si estuviera mirando un enorme altar budista desde los ojos de un niño…

Ōsaki: - …..

Ariake: - Que tranquilo esta este lugar …

El puerto pesquero mostraba signos evidentes de abandono. Al no haber peces, ni siquiera las gaviotas se acercaban.

El aire veraniego, denso y húmedo, estaba suspendido en el ambiente, y aun así no se escuchaba ni el canto de las cigarras ni el croar de las ranas…

El silencio era tan absoluto que uno podría pensar que éramos los únicos dos en el mundo, completamente abandonados.

Ariake: - Me pregunto su la persona que vendrá a recogernos no vendrá …

Ōsaki: - Así parece. Como es un pueblo pequeño, ¿por qué no buscamos un lugar para hospedarnos caminando?

Ariake: - Suena bien.

Él asintió, y su gesto transmitía una serena solemnidad.

En el puerto se alzaba una gran escalera, que marcaba la entrada al pueblo.

Ariake-san caminaba al frente, y yo lo seguía tras él.

En lugar de abrir la montaña para urbanizarla, la isla estaba construida siguiendo el relieve, como si las casas se aferraran a la ladera.

Con tantas cuestas y escaleras pequeñas, uno terminaba sintiendo que se había perdido dentro de un hormiguero.

Aunque las fachadas de los edificios seguían en pie, el viento y la lluvia habían arrasado casi todos los interiores.

La isla que tenía frente a mí era muy distinta de la que había imaginado…

¿Estaría Ariake-san sintiendo lo mismo? El sudor que le recorría la frente parecía más bien un sudor frío de nervios.

Ariake: - ¿Todavía vive alguien aquí? Las sillas y los escritorios siguen exactamente donde los dejaron.

Ōsaki: - Los que vivían aquí antes debieron irse creyendo que regresarían pronto.

Ariake: - Es como si se hubieran ido de noche.

Siempre creí que las islas del sur serían alegres, veraniegas y bañadas por el mar.

Me lo imaginaba así: un paisaje tropical con frutos por todas partes, como en esas fotos de Daiba Sahee y Ōe An.

No había flores ni frutos, ni siquiera pájaros pasaban por aquí. Solo el cielo permanecía claro, y al subir las escaleras daba la sensación de acercarme cada vez más, como si algún día pudiera tocar su techo.

Sin embargo, y sorprendentemente, los pasos de Ariake-san se hicieron más ágiles.

Mirando el cielo y el mar, y con cada ráfaga de viento, me devolvía la mirada con una cálida sonrisa.

Ariake: - Que calor hace, ¿verdad?

Ōsaki: - Si lo hace.

Ariake: - Pensé que sería así, así que traje un arma secreta.

Ōsaki: - ¿?

Ariake: - Tengo algo que te refresca sin electricidad… Daiba-san, ¿puede adivinar qué es?

Ōsaki: - ¿Un abanico?

Ariake: - No.

Ōsaki: - ¿Un shishi-odoshi?

Nota: shishi-odoshi, es un mecanismo japonés tradicional hecho de bambú que se llena de agua y luego se vacía, produciendo un sonido de golpe para ahuyentar ciervos u otros animales.

Ariake: - Waah, está muy cerca.

Ōsaki: - Lo pensaré un poco más.

Ariake: - ……

Ōsaki: - …….

Ariake: - ……

Hice como que pensaba y con eso cerré la conversación.

Continuamos por el pequeño camino hasta que se juntó con una gran pendiente.

A lo largo de la calle, los edificios se sucedían uno tras otro. Todas tenían las puertas tapiadas, pero había una casa cuya puerta estaba abierta.

Un letrero de madera mostraba grabado “Luna Creciente”. Antes debía estar pintado, pero ahora la madera mostraba su tono natural, desgastada por el tiempo.

Ariake: - Seguramente debe ser aquí.

No estaba lejos del puerto, pero subir las escaleras empinadas nos llevó unos 10 minutos.

Ariake-san cruzó la puerta y se metió en el interior, caminando con pasos inseguros.

Ariake: - Disculpen, ¿hay alguien aquí?

Ōsaki: - …….

De pronto, miré hacia arriba. Dos hombres con traje nos vigilaban desde la cima de la pendiente.

Uno mantenía los pies juntos, delgado y erguido, mientras que el otro se apoyaba con las piernas abiertas, firme y contundente. Pero estaban tan lejos que no podía decir si los conocía o no.

Hice una ligera reverencia, y ellos se miraron entre sí antes de devolverla de manera un tanto incómoda.

Ambos se dirigieron al edificio de al lado, y daba la impresión de que querían esquivarme.

Seguí a Ariake-san y me adentré en la sombra.

La entrada de la casa era mucho más espaciosa de lo que esperaba.

Junto a mí estaba el comedor, y un largo pasillo continuaba hacia el frente.

Aunque el interior está oscuro, el reflejo de la luz del sol resulta deslumbrante.

Ariake: - Disculpen …

La voz de Ariake-san se perdió a lo largo del pasillo, pero no hubo el eco que esperaba.

Ariake: - Creo que es aquí…

Estoy a punto de comentar sobre las dos siluetas que vi hace un momento y el edificio de arriba, pero…

De repente, se oyeron unos pasos pesados, rápidos y regulares acercándose desde el fondo del comedor.

Apareció un hombre corpulento.


El hombre lleva un cuchillo en la mano… no, mejor dicho, un yanagiba.

Nota: cuchillo japonés largo y delgado usado para cortar sashimi.

Tras pasar bajo el noren, el hombre se quedó congelado en una postura baja, clavando la mirada hacia nosotros.

Nota: cortina tradicional japonesa que cuelga en la entrada de tiendas o restaurantes.

La mano que sostenía el cuchillo estaba cubierta de sudor, y la tensión se reflejaba en sus mejillas y cuello.

Por un momento, parecía que no podía comprender palabras humanas. Sus ojos tenían la mirada de una bestia.

Primero puse a Ariake-san a mi espalda y luego intenté dialogar con el hombre.

Ōsaki: - ¿Es este lugar la “Luna Creciente”?

Desconocido: - Haah … haa …

Ōsaki: - Estamos buscando una posado donde quedarnos.

Desconocido: - ¡¿Ngh?!

Sus hombros se hundieron de pronto, y nos hizo una pequeña reverencia.

Funano: - D-disculpe la espera… Soy Funano, me encargo del alojamiento…

Ariake: - ¡!

Funano: - ¿?

Ariake: - ¡!

Funano: - ¿?

Funano: - ¡Ah!

Imposible hablar con alguien que aún tenía el cuchillo en la mano. Tras echar un vistazo a Ariake-san, se retiró rápidamente hacia el fondo del comedor.

Enseguida regresó, limpiándose las manos al volver.

Funano: - ¡L-Lo siento mucho …!

Debía tener el cuchillo por ser el encargado de la cocina. Lo que lo hizo vacilar fue cruzarse con nuestra mirada.

Ariake: - Mucho gusto. Soy Ariake. Estaré bajo su cuidado por un tiempo.

Ōsaki: - Soy Daiba.

Funano: - D-Daiba-sama, Ariake-sama …

Funano: - Sean bienvenidos. Los llevare a su cuarto.

¿Acaso tiene tartamudez? Su voz se cortaba a intervalos mientras hablaba.

Nos quitamos los zapatos en la entrada y él los alineó. El frío del pasillo se filtraba en sus pies. Funano-san, con dedos robustos, recogió los zapatos de ambos y los llevó con soltura al zapatero.

Luego levantó nuestro equipaje y, con un simple gesto de ojos, nos invitó a avanzar por el pasillo.

A pesar de su gran tamaño, se mueve con discreción y es sorprendentemente atento. Debe de ser una persona callada; tiene unos labios rectos y anchos muy característicos. Sin darme cuenta, lo analizo como si fuera parte de mi trabajo.

Y así fue como llegué a la isla de Ōe.

La posada Luna Creciente tenía un patio interior. Los cristales enrejados, pulidos con esmero, proyectaban suaves ondulaciones sobre el suelo.

De pronto, Ariake-san se detuvo y me dio un par de golpecitos en la espalda.

Ariake: - Allá está volando una mariposa.

Ariake: - Es muy hermosa …

Una mariposa roja parece nadar entre el verde del jardín. Funano-san se vuelve y deja escapar una sonrisa suave, casi imperceptible.

Funano: - Es una especie propia de la isla de Ōe.

Funano: - Su forma recuerda al dorso de dos manos unidas, por eso la llaman ‘mariposa de dorso de mano’.

Llevó las manos al pecho y las juntó en un gesto invertido.

Los pulgares marcaban el borde frontal, y los índices imitaban la larga cola posterior.
Parecía una mariposa puesta del revés.

Ariake: - Había oído que era una isla deshabitada, pero esta posada está muy bien cuidada.

Funano: - El dueño me pidió que me hiciera cargo, así que vivo aquí ocupándome de todo.

Ariake: - No puede ser. ¿Usted se encarga de todo solo?

Funano: - Sí …

Ariake: - ¡Eso es increíble! Lo hace, aunque esta posada es enorme.

Ōsaki: - Vaya… parece que la isla de Ōe fue próspera en el pasado.

Funano: - El archipiélago de Izu tiene un verano largo. Parece que muchas personas venían a la isla de Ōe para disfrutar de la playa…

Tras caminar por el pasillo, llegamos a un salón cuadrado. De él partían pasillos a izquierda, derecha y frente. La construcción tenía un diseño en forma de cruz.

Funano: - A la derecha se encuentran la cocina y las escaleras que llevan al segundo piso.

Funano: - A la izquierda se encuentran el baño interior y la sala de teléfonos. El baño está sin agua, así que no se puede usar. El teléfono conecta con el continente, así que siéntanse libres de usarlo.

Funano: - Ariake-sama, por favor espere aquí. En un momento lo guiaré al segundo piso. Mientras tanto, usted puede pasar por aquí…

Continuamos por el pasillo. Cuando oí mi nombre, Daiba-san, me giré y Ariake-san me sonrió con calma en la tenue oscuridad.

Ariake: - Muchas gracias por ayudarme hoy.

Ōsaki: - No hay de que.

Ariake: - No solo por eso.

Ariake: - Sin ti, Daiba-san, dudo que hubiera logrado llegar hasta aquí. Seguramente me habría perdido.

Ariake: - Si no te importa, ¿te gustaría seguir acompañándome?

Ōsaki: - Con gusto.

Sonrió mostrando sus pequeños dientes delanteros.
Tras un breve gesto de saludo, continue siguiendo a Funano-san.

Al fondo del pasillo hay una puerta que da al exterior trasero.

Había habitaciones a ambos lados, y me condujeron hacia la izquierda.

La habitación era pequeña, de unas tres esteras de tatami. Estaban limpias, pero suavemente hundidas por el uso, dejando sentir el paso del tiempo.

El escritorio daba a la ventana, desde donde se podían ver los tejados y el mar.

Funano: - La cena se servirá a las seis, en el comedor junto a la entrada.

Funano: - Los futones están guardados en el armario. A las 10 apagamos las luces, así que luego tendrán que usar velas.

Funano: - No obstante, les pedimos abstenerse de encenderlas después de las 00:00. Asimismo, eviten el uso de velas, cerillas o cigarrillos…

Ōsaki: - ¿Por qué?

Funano: - Es una tradición… dicen que, de lo contrario, ‘acaban acercándose’…

Ōsaki: - ¿Qué es lo que se acerca?

Funeno: - No estoy muy seguro tampoco …

Ōsaki: - Entendido.

Probablemente sea una advertencia contra los incendios nocturnos. Es una costumbre bastante común atribuirlo a lo espiritual para hacer cumplir las normas de convivencia.”

Funeno: - Además, les agradeceríamos que anotaran su nombre en el libro de registro del alojamiento.

Ōsaki: - ¿El hospedaje tiene más además de la Luna creciente…?

Funeno: - Así es. Tal como se indicó, contamos con ‘Yaegaki’ también.

Ōsaki: - Perdón, he extraviado la carta de indicaciones en el camino y no sé en qué alojamiento pasaré la noche.

Funeno: - ……

Ōsaki: - ……

Funeno: - ……

Ōsaki: - ¿Funeno-san?

Funeno: - ¿Perdió la carta de indicaciones …?

Decía las palabras con voz rasposa. Me quedé sorprendido de que fuera algo tan importante.

Al inclinar de nuevo la cabeza diciendo ‘disculpe’, él se estremeció y negó con la cabeza.

Funeno: - N-no, yo tampoco tengo conocimiento de quién se hospedará en qué lugar… Todos ustedes se alojarán en el alojamiento indicado en la carta de instrucciones.

Ōsaki: - Entiendo. Mantendré la disponibilidad posible en caso de cambiar de habitación en cualquier momento.

Funeno: - Contamos con numerosas habitaciones. Le pido que descanse aquí a partir de esta noche.

Ōsaki: - Lo siento, y gracias.

Inmediatamente anoté mi nombre en el libro de registro del hospedaje.

En la primera página, solo estaba escrito el nombre de una persona mayor…

Ōsaki: - Parece que es un libro de registro de huéspedes nuevo.

Funeno: - Esto ha sido preparado especialmente para el servicio conmemorativo.

Anoté el nombre como Daiba Shizuma y la dirección de aquella lujosa residencia. Naturalmente, escribí de igual manera a la que escribiría Shizuma-san.

Lo terminé de escribir rápido y sin problemas, y se lo pasé a Funano-san… Él se inclinó con cortesía y se fue.

Luego, tras un pequeño respiro, empecé a desempacar.

La muda de ropa, los medicamentos de uso habitual y el reloj despertador, todo pertenecía a Shizuma-san y me fue prestado. No adquirí nada adicional para esto; incluso traje deliberadamente medicinas ya empezadas.

Del baúl saqué un cenicero, cigarrillos y cerillas, así como una libreta y un lápiz, y los dispuse sobre el escritorio.

En el momento en que me llevé un cigarrillo a los labios, se oyó un ruido proveniente del segundo piso.

Mientras oía su voz, registré en mi cuaderno sus ‘rasgos fisonómicos’…

Ariake Katsutarō.

Un hombre cuyo rasgo distintivo es un flequillo largo. Se presume que ese tipo de peinado está fijado con pomada y dividido en estilo siete-tres.

Su mirada de ojos rasgados transmite una impresión fría a primera vista; sin embargo, es sociable y de carácter franco…

De entre todos los hombres que he conocido, es el de rasgos más refinados.

Ariake-san, en el piso superior, abrió la ventana. Su voz descendió hasta la planta baja.

Ariake: - Que buena brisa.

Funeno: - El viento siempre sopla desde la dirección de Hachijō-jima.

Funeno: - Al parecer, la topografía submarina se hunde hacia Ōe-jima, generando corrientes marinas que conducen el viento, según lo indicó un erudito.

Ariake: - El viento que sopla siempre desde un mismo lado… resulta verdaderamente enigmático.

Funeno: - En este mar hay una leyenda de amor trágico. Es una historia muy parecida a la de Orihime y Hikoboshi…

Ariake: - ¿Funeno-san, es usted originario de esta zona?

Funeno: - Sí, soy originario de Hachijō.

Ariake: - Veo que no posees el acento típico de un barquero.

Funeno: - Así es …

Ariake: - Disculpe… ¿sería una molestia si coloco una [furin] campanilla de viento en la habitación?

Funeno: - Adelante. Disfrute su estancia.

Ariake: - Jejeje.

Ariake-san se acomodó en el alféizar de la ventana, provocando que los marcos de madera crujieran.

Funeno: - Debe ser difícil para usted con un brazo lastimado, permítame ayudarlo.

Ariake: - Ah, sí … gracias.

El sonido nítido de la campanilla se difundió. ¿Así que este es el truco secreto de Ariake-san para refrescarse sin electricidad?

Estaba mirando por la ventana y, de repente, me molestó ver mi propio ceño fruncido reflejado en el agua.

Cerré el cuaderno y lo volví a guardar en el fondo del baúl.

Ōsaki: - ……

No era propio de mí, pero me sentía culpable por engañar a alguien.

Las pertenencias de Shizuma-san, en su conjunto, presentan una baja saturación de color. Incluso en ese baúl, el único elemento que poseía mi propio matiz eran las ‘acuarelas’.

Tras la entrevista de septiembre, recibí una llamada en la que se me solicitaba realizar un boceto de la isla de Ōe.

Se me solicitó que retratara, desde mi propia subjetividad, la isla de Ōe donde su padre, Daiba Sahee, nació y se crio. Dibujar es mi hobby… ahora que lo pienso, tal vez querían darme un tiempo para distraerme.

Sin llegar a terminar el cigarrillo, lo apagué presionándolo contra el cenicero.

En vez de eso, agarré papel de acuarela, la paleta, un lápiz y pinceles, un trapo y un frasco para lavar los pinceles, y salí del cuarto.

Cuando regresaba por el pasillo, justo en ese momento Funeno-san bajaba del segundo piso. Pensándolo bien, él se encontraba en plena preparación de la comida.

Al llamarle ‘Funeno-san’, sujetó con fuerza el libro de registro y se giró, visiblemente sorprendido.

Es natural que se asuste al escuchar una voz en la oscuridad, pero aun así me parece exagerado… Me acerqué lo más silenciosamente posible.

Ōsaki: - ¿Está disponible el servicio de agua en la isla?

Funeno: - El agua de lluvia filtrada para beber fluye hasta la cocina…

Ōsaki: - En ese caso, se trata de algo bastante valioso.

Funeno: - ¿Le gustaría pasar?

Preguntó, algo nervioso.

TRADUCCIÓN: SAKURADA DI



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