Keisuke: - Además, necesitas tener
cinco etiquetas en todo momento, pero puedes canjear las que sobren con Arbitro
por premios. Supongo que eso es todo.
Cuando terminó de hablar, Keisuke
suspiró ruidosamente como si su trabajo finalmente hubiera terminado.
Akira pensó que era un juego muy
desequilibrado. Había una brecha demasiado grande entre las reglas básicas y
las que parecían añadidas.
El hecho de que funcionara de todos
modos debe ser gracias enteramente a la autoridad de IlRe.
Keisuke: - Akira …
Cuando levantó la vista, encontró a
Keisuke mirándolo como si quisiera preguntarle algo.
Akira: - ¿Qué?
Keisuke: - Um... oye. Sé que es
demasiado tarde... Lo sé... pero aun así...
Keisuke: - No quiero que pelees. Ahora
que he oído las reglas, sé lo peligroso que es...
Keisuke apretó las manos formando
puños. La luz que se desvanecía lo perfilaba en dorado.
Keisuke: - Pero también entiendo que no
puedes rendirte. Una vez que entras, no puedes salir. Y aunque pudieras, igual
te quedaría la cadena perpetua.
Keisuke: - Y te seguí hasta aquí…
porque no podía soportar quedarme de brazos cruzados… pero…
Keisuke murmuró algo ininteligible y
luego cayó en silencio durante un rato, antes de alzar lentamente el rostro.
Unos ojos endurecidos por la
determinación se clavaron directamente en los de Akira.
Keisuke: - Y-Yo … participaré en Igra.
Akira: - …….
Akira tardó varios segundos en asimilar
las palabras de Keisuke.
Akira: - Te dije que no tenías que
hacerlo.
Keisuke: - Yo quiero hacerlo.
Akira: - ¿No odiabas la idea?
Keisuke: - Pero ya lo he decidido.
Akira: - ……
Keisuke siempre había sido de los que
evitaban el conflicto. Akira no podía creer que realmente hubiera decidido
unirse a Igra.
Keisuke: - Todo este tiempo me he
estado preguntando cómo podía ayudarte. Ahora, después de ver Toshima con mis
propios ojos y de enterarme de lo que es Igra, sé a qué te enfrentas.
Keisuke: - Para ser sincero… tengo
miedo. Pensé que no había manera de que pudiera unirme. Pero aun así…
Apretando los puños, Keisuke habló
despacio y con determinación.
Keisuke: - Quiero protegerte.
Akira: - ¿A quién dices que vas a
proteger?
Keisuke: - A ti.
Akira: - No digas estupideces.
Keisuke: - ……
Keisuke se mordió el labio y bajó la
cabeza, abatido.
Mirándolo a la cara, Akira habló en voz
baja.
Akira: - Me uní a Igra para limpiar mi
nombre, pero eso no cambia las reglas. Una vez que entras, tienes que luchar
hasta el final.
Akira: - Para mí, era eso o morir entre
rejas. Yo no tenía elección. Pero en tu caso, es diferente.
Akira: - ¿Te das cuenta de lo estúpido
que estás siendo? Es como si estuvieras dispuesto suicidarte.
Keisuke: - ……
Si Akira derrotaba a IlRe, podrían
salir de esta ciudad juntos. Pero ¿había alguna garantía de que Keisuke se
mantuviera a salvo hasta entonces?
No sabía si realmente podría proteger a
Keisuke cuando llegara el momento decisivo.
Akira: - No participes en Igra.
Keisuke: - Me niego.
Keisuke respondió con voz ronca tras un
pesado silencio, alzando la cabeza.
Keisuke: - Tienes razón en que, una vez
que me una, no podré escapar salvo ganando o muriendo… pero, Akira, tú no
planeas morir, ¿verdad? Planeas derrotar a IlRe y volver a casa con vida, ¿no?
Keisuke: - En ese caso, lo único que
tengo que hacer es sobrevivir hasta que derrotes a IlRe. Entonces podremos
irnos juntos.
Keisuke: - Hasta entonces, haré todo lo
que esté a mi alcance para llevarte hasta IlRe. Quiero ayudarte.
Akira: - ¿Y cómo planeas hacerlo?
Keisuke: - Reuniendo etiquetas y
dándotelas a ti. De ese modo, conseguirás las que necesitas más rápido.
Keisuke: - Además, si te doy mis
etiquetas iniciales, eso significa que ya tendrás cinco más ahí mismo.
Keisuke: - ¿De acuerdo? Haciéndolo de
ese modo será más rápido que luchar por tu cuenta.
Akira: - ¿Entiendes lo que implica
recolectar etiquetas?
Keisuke apartó la mirada con inquietud.
Akira: - Puede que tengas que matar a
tu oponente. ¿Estás preparado para eso?
Keisuke: - Las reglas dicen que pierdes
si tu espalda toca el suelo, así que…
Akira: - ¿Y qué harás si pierdes? Tu
oponente podría decidir matarte.
Keisuke: - ……
Keisuke se mordió el labio una vez
antes de levantar la cabeza para mirar directamente a Akira. Cuando habló, su
tono era firme.
Keisuke: - Estoy preparado.
Akira: - No sabes de lo que estás
hablando.
Keisuke: - No puedo quedarme de brazos
cruzados mirando. Quiero serte útil.
Keisuke: - Por favor… prometo que no me
interpondré en tu camino.
Todo lo que Akira pudo hacer fue
suspirar.
Así era siempre con Keisuke. A pesar de
su timidez habitual, podía ser increíblemente terco cuando se trataba de actuar
por el bien de Akira.
Sus ojos estaban ahora fijos con
intensidad en Akira, como si dijeran que no pensaba dar marcha atrás. Akira
sabía por experiencia que no había forma de disuadirlo una vez que adoptaba esa
mirada.
Sin molestarse en ocultar su fastidio,
Akira cruzó los brazos y se dio la vuelta.
Akira: - Haz lo que quieras.
Keisuke: - Soy serio.
La conversación terminó ahí. Akira no
sabía qué más decir.
Lo único que sabía era que aquello
estaba destinado a acabar mal.
Pero ya había hecho sus advertencias.
Si Keisuke quería seguir adelante de todos modos… bueno, eso sería
responsabilidad suya, no de Akira.
Oyó el sonido de unos pasos que se
acercaban y, de pronto, una voz alegre atravesó la tensión.
Rin: - ¡Gracias por la espera!
Akira se volvió y vio una pequeña
silueta a lo lejos, medio oculta por las sombras del crepúsculo.
Aumentó rápidamente de tamaño y
nitidez, hasta definirse por fin en Rin, que corría hacia ellos jadeando.
Rin: - ¡Maldito viejo! Siempre yéndose
por ahí, de un lado a otro, a todas partes, dios.
Akira: - ¿Lograste ponerte en contacto
con él?
Rin: - ¡Claro que sí! ¡Pero qué pasa
con él, que no viene a la reunión que él mismo convocó?! …¿Eh? ¿Por qué ustedes
dos tienen esa cara tan decaída?
Al percatarse del ambiente, Rin ladeó
la cabeza con curiosidad.
Keisuke respondió con una sonrisa
amarga.
Keisuke: - No es nada, estoy bien. Solo
estoy un poco cansado.
Rin: - ¿Ah, sí? Bueno, si tú lo dices.
¿Quieren descansar un poco más antes de que vayamos para allá?
Akira: - No. Vamos.
Rin: - Hmm …
Rin miró de un lado a otro entre Akira
y Keisuke por un momento, pero luego se dio la vuelta y empezó a caminar,
haciéndoles una seña para que lo siguieran.
Lo siguieron, con el aire entre ellos
aún cargado de tensión.
El resplandor del sol poniente se
desvaneció mientras la noche caía sobre Toshima.
………………………………………………………………………………………..
Se dirigieron de regreso hacia el
distrito rojo.
Al parecer, la persona con la que Rin
había prometido reunirse los estaba esperando en un bar subterráneo de aquella
primera calle que Akira había explorado.
Doblaron la esquina y, entonces, Akira
se detuvo. Había una multitud en el centro de la calle, de espaldas al trío.
Rin: - Oigan, oigan, ¿qué es esto?
Háganse a un lado, vamos a pasar.
Frunciendo el ceño, Rin intentó abrirse
paso entre la muchedumbre.
Al principio, Akira pensó que podrían
ser espectadores de Igra, pero no. Estaban demasiado silenciosos.
Una tensión peculiar llenaba el aire.
De pronto, la multitud se abrió,
revelando lo que había más allá.
Un par de hombres altos y corpulentos
le estaba haciendo algo a un tercer hombre… muy probablemente un luchador de
Igra.
Por la manera en que lo estaban
tratando, parecía un registro especialmente violento.
El hombre estaba completamente erguido,
totalmente a su merced. Parecía que podía estallar en gritos en cualquier
momento.
Hombre: - Uh … uhh … ¡waaaaahhh!
Finalmente, ya no aguantó más. Con un
chillido lastimero, el hombre se zafó e intentó escapar a través de la
multitud.
Desconocido: - ¡ESPERA, VELVE AQUÍ!
Un bramido ensordecedor resonó. Uno de
los dos se lanzó sobre el hombre, lo sujetó por el cuello y lo arrastró al
suelo.
La multitud observó cómo todo aquello
se desarrollaba sin mover un solo músculo.
El hombre de piel morena llevaba el cabello cortado al ras y sostenía una tubería metálica mugrienta en una mano. Por la forma en que abultaba su grueso abrigo militar, era fácil imaginar el físico que ocultaba debajo. Mostraba los dientes en una sonrisa salvaje.
El otro hombre, que se acercaba con
parsimonia desde atrás, tenía el cabello rubio decolorado hasta quedar con una
textura pajiza. Su parka rosa estaba abierta de par en par a la altura del
pecho, dejando al descubierto una extraordinaria colección de tatuajes. El
flequillo largo que le cubría los ojos hacía que su sonrisa resultara, de algún
modo, aún más inquietante.
Rin: - Geh …
Rin se quedó paralizado en su sitio.
Rin: - Son los Ejecutores.
Hombre: - P-Por favor… ¡déjenme ir!
¡Por favor! ¡Ayúdenme!
El hombre gritó, suplicando por su
vida.
Así que esos eran los Ejecutores.
Oyó el golpe sordo del metal al
impactar contra la carne y luego vio al hombre desplomarse de bruces contra el
suelo.
Hombre: - Uh, guh … duele …
Tras deslizarse por el asfalto, el
costado de su rostro quedó empapado de sangre, lágrimas, mucosidad y baba.
Desconocido: - Hey, mira que tratar de
escapar …
Hombre: - ¡Huuh …! ¡No, por favor!
Desconocido 2: - ¿Acaso tu mamá no te
enseñó a limpiarte el culo tú solo, eh?
El miedo deformaba el rostro del
hombre. Se acurrucaba en el suelo, temblando.
Rin: - El moreno es Kiriwar y el rubio
es Gunji. Cuidado con ellos. A veces inventan excusas para matar gente incluso
sin romper las reglas. Solo porque les da la gana.
Rin escupió esas palabras con
desprecio. Mientras tanto, un pálido Keisuke observaba con horror paralizado.
Keisuke: - …..
Rin: - Así es como se divierten. Ah,
sí. Les encanta matar.
Los Ejecutores arremetieron contra el
hombre, pateándolo una y otra vez. Su risa era como cristales rotos, clavándose
en los oídos de Akira.
Kiriwar: - ¡No te corras delante de mí
ahora!
Gunji: - ¡No te metas!
Los sonidos continuaron durante algún
tiempo.
Al cabo de un rato, el hombre dejó de
gritar. Le salía sangre y espuma de los labios.
¿Había perdido el conocimiento o su
alma finalmente se había agotado?
Se hizo un silencio tan tenso que Akira
podía oír a todos conteniendo la respiración. Todos rezaban para que no les
tocara el turno, para sobrevivir, aunque nadie más lo hiciera.
Corran, y los Ejecutores los devorarán
como perros rabiosos. Nadie podrá moverse hasta que termine su inspección.
Kiriwar: - Ya terminaste, ¿eh? ¡Menuda
decepción!
El que sostenía el tubo de metal,
Kiriwar, empujó distraídamente con el pie a su víctima, que se retorcía. La
sangre del hombre tiñó la tierra de un rojo negruzco.
Keisuke: - Lo siento... no creo poder
aguantar …
Keisuke estaba pálido como una cuba.
Apartó la mirada, con una mano sobre la boca.
Gunji: - ¡Hey, Pochi!
El hombre rubio, Gunji, se giró y gritó
un nombre.
Kiriwar: - Te equivocas. Él es Tama.
Gunji: - ¡Tama es un nombre habitual
para los gatos, ¿no?!
Mientras los verdugos continuaban con
su inútil discusión, un perro grande se acercó corriendo hacia ellos.
Espera. Ese no es un perro.
Era un hombre, un hombre que se
arrastraba a cuatro patas, con el cuerpo envuelto en un duro cuero negro.
Tenía los ojos vendados, amordazado,
perforado y lleno de cicatrices. El cuero se hundía en su piel blanca y
enfermiza, acentuando el contraste entre ambos.
Especialmente prominente era la
cicatriz quirúrgica en su garganta. La carne que la rodeaba estaba hinchada y
deformada, una visión que hizo que Akira se estremeciera de asco.
Sus otras heridas podrían haber
cumplido una función decorativa, o tal vez no tener ningún significado, pero la
que tenía en la garganta claramente había sido infligida como parte de algún
proceso deliberado.
Kiriwar: - Tu amo te cuidará muy bien
después... así que ve a hacer lo tuyo... ¿de acuerdo?
La gran mano de Kiriwar acarició con
fuerza la cabeza del perro y luego lo empujó hacia el hombre golpeado. Las
convulsiones del hombre ya habían cesado.
Moviendo su cola inexistente con tanta
fuerza que pareciera que se la quitaría, el perro se abalanzó sobre el hombre y
empezó a frotarlo con la nariz. Le goteaba saliva de la mordaza mientras
olfateaba.
Rin: - Así es como comprueban si tienes
las etiquetas correctas. Las etiquetas desprenden un olor particular, y Arbitro
lo modificó para distinguirlas.
Rin: - Deshacerse de sus cuerdas
vocales fue una cuestión de gusto personal …
Todo lo que Akira escuchó le hizo dudar
de la cordura de Arbitro.
Gunji: - ¿Eh? ¿Qué? ...
¡Gyahahahahahah! ¡Dice que no hacía trampa! ¡Dice que tenía todas sus placas!
Al observar los gestos del perro, Gunji
estalló en una risa incontrolable. Todos los que lo observaban temblaron.
Kiriwar: - Bueno, a mí me parece que se
lo pasó bastante bien, así que no hay problema.
El hombre había muerto con el blanco de
los ojos al descubierto y la boca abierta por el miedo.
Kiriwar: - Tama, ¿qué hay del resto?
¿Quieres olerlos ya que estás aquí?
Las palabras de Kiriwar hicieron que
todos a su alrededor se encogieran.
Gunji: - ¡Que no es Tama! Pochi dice
que tiene hambre.
Gunji estaba agachado, con el perro
presionando su cabeza insistentemente contra su rodilla.
Era exactamente el tipo de
comportamiento que exhibiría un perro de verdad. ¿Había perdido por completo su
humanidad? ¿Qué podía hacerle eso a una persona?
Kiriwar: - Supongo que deberíamos irnos
por hoy.
Gunji: - Sí. Es hora de comer algo,
muchacho.
Kiriwar, que tenía una forma peculiar
de alargar los extremos de sus palabras, se echó al hombro su pipa de metal.
Gunji se estiró con deleite, y entonces
los dos hombres empezaron a caminar. El perro los persiguió.
En medio de la tensión petrificante que
reinaba en el espacio, su actitud despreocupada se destacaba marcadamente.
Mientras pasaba corriendo, el perro se
detuvo de repente. Justo delante de Akira.
Si la criatura hubiera sido un perro de
verdad, sin duda habría mostrado los colmillos y soltado un gruñido amenazador.
Tal era la ferocidad de su repentina concentración.
Gunji: - ¿Huh?
Gunji le lanzó a su mascota una mirada
interrogativa.
Kiriwar: - Se le erizaron los pelos...
Algo le pasa a este...
El perro había notado las etiquetas de
Akira.
Akira los había recibido de Emma y
Gwen, pero ¿de dónde los habían sacado? El corazón le latía con fuerza.
Kiriwar: - Hey tú, Tama está
reaccionando a tus etiquetas …
Kiriwar dio un paso adelante y se
inclinó hacia Akira, acercando su nariz al escote del otro.
Luego levantó la cara lentamente y miró
con lascivia.
Kiriwar: - Creo que podría oler algo...
Akira: - ……
Un frío intenso y glacial recorrió a
Akira. El hombre estaba feliz.
La locura pura, más infantil que
cualquier otra cosa, brillaba en sus ojos oscuros. El olor a sangre le hizo
cosquillas en la nariz a Akira.
Gunji: - ¡Vamos, viejo! Es hora de
comer. Bitro se va a poner furioso si no volvemos rápido con Pochi.
Gunji hizo un gesto con sus garras para
hacernos señas.
Kiriwar: - Sí.
Con un gruñido perezoso, Kiriwar se
reunió con sus compañeros.
Mientras se alejaban, el perro seguía
girándose hacia atrás.
Aunque tenía los ojos vendados, sus
ojos miraban directamente a Akira...
Una vez que finalmente estuvieron fuera
de la vista, los grilletes del miedo cayeron de la multitud.
Akira, que no era la excepción, exhaló
el aliento que había quedado atrapado en su pecho.
Eso estuvo demasiado cerca. Si lo
hubieran registrado allí...
Rin y Keisuke se acercaron rápidamente.
Rin: - Eso estuvo cerca, Akira.
Keisuke: - Estaba tan asustado ... No
tenía idea de qué hacer.
La gente a su alrededor seguía lanzando
miradas curiosas a Akira.
Akira no era un luchador cualquiera. Su
objetivo era aniquilar a Vischio. Necesitaba mantener un perfil bajo.
Rin: - Bueno, nos desviamos bastante,
pero casi llegamos. ¡Vamos!
La multitud había comenzado a
dispersarse, dejando el cadáver golpeado boca abajo en la calle.
Akira: - ¿Simplemente lo van a dejar
así?
Rin: - ¿Eh? Ah, sí. Deshacerse de
cadáveres también es trabajo del Verdugo. Volverán más tarde y lo limpiarán.
Ah. Así que por eso no había visto
ningún cadáver.
Los restos del hombre yacían allí, sin
atraer casi ninguna mirada, como si fueran nada más que una piedra de forma
extraña.
Había luchado y sufrido, derramando su
sangre como agua sobre el pavimento. Sus gritos habían estremecido a todos los
que lo oían.
Pero ahora nadie se preocupaba por él,
a pesar de que había sido tratado con tanta crueldad.
El suyo no era como los cadáveres que
Akira había visto antes. Parecían casi dormidos y enterrados con el debido
respeto.
¿También habían sido profanados esos
cadáveres? ¿Tenían este aspecto antes de que alguien los reclamara?
Akira: - …….
Akira cerró lentamente los ojos,
apartando la miserable visión.
…………………………………………………………………………………
Rin: - Tengan cuidado en donde pisan.
Unas bombillas desnudas y casi agotadas
proporcionaban a la escalera una luz tenue y prácticamente inútil. ¿Era para
crear algún efecto, o el dueño simplemente no quería cambiarlas?
Con Rin a la vanguardia, el trío
descendió bajo tierra.
Mientras las bombillas oscilaban y las
sombras se desplazaban, Akira vislumbró los grafitis en la pared.
“Meal of Duty.” (Comida de Servicio)
¿Es el nombre de este club?
La misma frase estaba inscrita en un
cartel junto a la entrada, aunque el cartel parecía estar a punto de caerse en
cualquier momento.
Los demás grafitis eran en su mayoría
ilegibles, pero sus ojos se detuvieron en unas letras garabateadas con pintura
en aerosol de color rosa.
“Pesikoshka”.
Ace y Dee habían mencionado a
Pesikoshka antes de que partiera hacia Toshima. Recordando con nostalgia su
apasionada charla, Akira bajó con cuidado los últimos escalones.
Cuando abrió la puerta negra que
pareció materializarse ante sus ojos, un torrente de sonidos graves profundos
le golpeó en el estómago.
TRADUCCIÓN: SAKURADA DI


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